Perfil Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 20 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo y los últimos cinco de freelance. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a malamadred2@hotmail.com

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De vuelta la mula al trigo

La primera vez que me topé con ellos era yo una joven inexperta, recién egresada de la universidad y con apenas unos meses en mi primer empleo. Me hablaron a la redacción del periódico y me informaron con un tono de voz muy entusiasta que me había ganado un viaje en crucero al Caribe, por el simple hecho de haber usado mi tarjeta de crédito. Parece que fue aquella vez que dispuse de efectivo para completar la renta. No recuerdo de parte de qué empresa o banco dijeron llamar.

La segunda vez fue hace un par de años, cuando habló a mi casa un “agente” del sorteo puntos premia y me dijo que me había ganado un MP3. Si en el primer caso me dio curiosidad saber cómo era el chanchullo y me apersoné para conocer el modus operandi, debo confesar que en el segundo caí. Sí, machetazo a caballo de espadas, ash. Me fui con la finta del sorteo que se encontraba por aquellos días en promoción por televisión abierta y que andaba repartiendo tsurus a diestra y siniestra. Lo peor del asunto es que me llevé al marido y a las hijas, convencida de que ya me había ahorrado la compra del primer Ipod nano para la peque. Creo que no necesito contarles la cara de circunstancias que pusimos en cuanto entramos y vimos a dónde habíamos ido a parar.

En ambos casos, las oficinas se encontraban en Polanco, el personal era excesivamente joven y mal vestido, y todos los suertudos éramos recibidos en un cuarto atiborrado de mesas redondas con dos o tres sillas (dependiendo de si se había embaucado a toda la familia o nomás a parte de ella). Tocaba entonces el turno a un chico o chica entrenado en casos difíciles explicarnos por qué estábamos ahí. En cuanto mencionaban la palabra “vacaciones” entendías perfecto lo que había pasado: malditos tiempos compartidos.

No sé ustedes, segura como estoy de no ser la única ingenua en esta historia, pero la parte que más me indigna del asunto no es sólo el engaño inicial, sino la actitud del personal una vez que entienden que ya se dio uno cuenta: agresivos, retadores y hasta groseros. No se haga la loca, señora, quién le regala Ipods porque sí, usted bien sabía a lo que venía. O esa actitud de “yo sólo hago mi trabajo, si usted cae no es mi problema”.

El joven del crucero me insistió durante casi una hora que yo necesitaba asegurar mis vacaciones por los próximos 20 años, hasta que se dio por vencido con mi monótona respuesta de que yo sólo quería mi premio. Recuerdo que me entregaron un cuarto de hoja en la que anotaron mi nombre, seguido de “válido por un viaje al Caribe”. Claro, me aseguraron que lo podía presentar en la aerolínea y agencia de viajes que gustara. Una hoja en blanco con sólo esos dos datos. #TantitaMadre, pues.

Tan feliz que estaba

Tan feliz que estaba

La joven del Ipod fue otra cosa. Me tomó mala voluntad en cuanto le dije de entrada que no estaba interesada en los tiempos compartidos. Apenas tomaba vuelo para contarnos las maravillas de no sé que destino de playa cuando yo ya estaba exigiendo mi MP3. Aquello no duró ni 5 minutos. Nos entregó un radio AM/FM que nunca pudimos hacer funcionar y terminó en la basura. Cuando le reclamé, me retó a que le dijera quién me había dicho que había ganado un Ipod. La palabra clave fue “reproductor de música”. Ay.

Después de semejantes experiencias religiosas, estaba preparada para la llamada de anoche. Preguntaron por mi marido de parte del Corporativo Puntos Premia. A sus órdenes, dije yo, habla su contadora. Ah, mire, es que el señor se ganó un premio a escoger entre cuatro opciones: un monedero electrónico estilo Monex (ésta es nueva) con un saldo de 500 a 2 mil pesos; un MP3 (ya me la sé); un radio AM/FM (para que no los acusen de pillos), o “un regalo sorpresa” (juro que me muero de la curiosidad).

Lo único que tenemos que hacer es presentarnos en el Salón Ulloa del Hotel PRIM, ubicado en Versalles 46, colonia Juárez, este martes de 17:00 a 21:00 horas. Debemos llevar la credencial de elector, una tarjeta de crédito y presentar la clave X99. Dejo constancia de lo anterior por si alguna autoridad quiere ir a averiguar lo que pasa en esos lugares, básicamente por la forma ilegal en que obtienen nuestros datos personales. Tienen nombre y teléfono de casa, mismos que NO fueron proporcionados por nosotros ni autorizamos a que alguien más lo hiciera. Esto, a pesar que desde el 2010 está prohibido  que cualquier persona o empresa difunda nuestra información sin autorización expresa, de acuerdo con la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de Particulares.

Estos señores del Corporativo Puntos Premia no sólo violan la ley al obtener nuestros datos quién sabe de qué forma, sino que además engañan para intentar vender un producto (o sea que además debería intervenir la PROFECO). Aquí debo enfatizar mi asombro porque nunca entenderé a la gente que compra en estos tiempos compartidos. Tal vez sea un modo muy práctico y económico de viajar, pero el simple hecho de que usen estos métodos fraudulentos para conseguir clientes es suficiente para mí. Jamás en la vida me verán contratando los servicios de semejantes defraudadores.

Por segunda vez en los últimos dos años, me veo en la necesidad de acudir al Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI, no confundir con el IIFAIOPTIDC del señor presidente) para intentar detener que mis datos personales anden danzando en manos de sujetos a los que al parecer no hay autoridad ni ley que los detenga. Deséenme suerte.

 

Aquí ni se quejen, es en la otra ventanilla

Aquí ni se quejen, es en la otra ventanilla

 

 

 

 

 

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