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Hacia una Agenda de Competitividad Regional

Por: Christopher E. Wilson

La elección de un nuevo gobierno es siempre una oportunidad para nuevas políticas.  En el caso de la relación México-Estados Unidos, después de elecciones presidenciales en los dos países el año pasado, tenemos una gran oportunidad de reflexionar y replantar la agenda bilateral.

Obviamente la elección de Enrique Peña Nieto y el PRI fue un cambio mucho más drástico que la reelección del Presidente Obama, y por lo tanto, la mayoría de los cambios en la agenda bilateral en los próximos años van a ser propuestas por el lado mexicano.

El gran cambio que ha propuesto la nueva administración mexicana es dar más énfasis a las relaciones económicas, y sin olvidar el tema de seguridad, al cual proponen prestarle menos atención (por lo menos en público).

En un momento de renovado optimismo en la economía mexicana y en el contexto de los retos fiscales y económicos que sigue enfrentando Estados Unidos, enfocarse en cómo los dos países pueden cooperar para hacer más competitiva la región tiene mucho sentido. La verdad es que por diseño o por suerte, los sectores industriales de México, EUA y Canadá ahora están tan estrechamente integrados que nuestros futuros económicos están vinculados. En la economía global nuestros países van a experimentar o éxito o fracaso juntos.

Además de ofrecer beneficios económicos potenciales, el cambio de enfoque a los temas económicos propuesto por EPN y apoyado por la administración de Obama puede cambiar la percepción de México en EUA y el tono de la relación. Para una gran parte del público, hablar de México en términos de migración ilegal o asuntos de seguridad es hablar de problemas que necesitamos solucionar. Al contraste, hablando de un México con una creciente clase media que es cada vez más competitiva, vis-a-vis China, nos presenta un panorama de oportunidades que debemos aprovechar. Este cambio de perspectiva y percepción en el público y el congreso estadounidense puede facilitar el paso de reformas políticamente complicadas en Washington como, por ejemplo, la reforma migratoria.

Todo eso es afirmar que tiene sentido el cambio de enfoque. Todos están de acuerdo que es una buena idea hablar más de temas económicos. Pero nos queda una pregunta muy importante. Cuando hablamos de estos temas, ¿qué vamos a decir?

Dentro de este rubro de competitividad regional hay una lista de temas bilaterales muy grande: el manejo de la frontera en una forma más eficiente, cooperación bilateral en las negociaciones internacionales comerciales como el Acuerdo Trans-Pacífico y posiblemente un acuerdo TLCAN-Unión Europea, la armonización de las regulaciones, la liberalización del intercambio de servicios como transporte y salud, la simplificación de los procesos aduanales, entre otros.

Hay avances importantes que se pueden hacer en cada uno de esos temas, y cada avance hace a la región un poco más competitiva, pero hasta el momento es nada más una lista de temas por hacer. La armonización de regulaciones, por tomar un ejemplo, es bastante importante pero poco elegante. En muchos casos productores tienen que mantener separadas sus cadenas de producción para la región–una que cumpla con las normas de EUA, una para México y otra para Canadá. Armonizar la regulación entre los países norteamericanos reduciría los costos de manufactura, pero no es un tema sexy para una conferencia de prensa de presidentes.

Después de una reunión en la Casa Blanca entre los presidentes Obama, Calderón y el Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper, el Presidente Obama destacó los avances de una comisión asignada para armonizar las regulaciones de EUA y México. No sorprendería que hubiera una escasez de noticias sobre este tema.

Esto es porque nos hace falta una visión regional y nos hacen falta metas comunes. Mientras no sepamos hacia dónde vamos como región, y no nos entendamos como una región, nos vamos a quedar con una agenda económica que parece una lista de pendientes. Vamos a tener líderes que se les hará difícil hablar de los avances en relaciones económicas de una forma interesante y explicar a sus poblaciones que ya no somos competidores sino socios.

Una visión regional y sus metas sólo van a resultar factibles alcanzar si están diseñados con las aportaciones de los varios niveles de gobierno, el sector privado y la sociedad civil. De todos modos, para empezar la conversación yo pondría sobre la mesa una visión de América del Norte como la región económica más competitiva del mundo. En términos de peso económico, hay tres grandes regiones–Europa representa aproximadamente 28 por ciento del PIB mundial, Asia 22 por ciento, Norteamérica 29 por ciento y el resto del mundo 21 por ciento—entonces tenemos dos grandes competidores.

¿Cómo podemos medir nuestro progreso en esta meta? Como la visión, estas medidas deben de ser creadas con contribuciones de un gran rango de interlocutores, pero vale la pena sugerir algunas opciones: Podríamos buscar  incrementar nuestras exportaciones regionales en una manera significativa y, por un periodo, hacerlas crecer más rápido que nuestras importaciones para poder equilibrar y reducir la balanza de comercio continental en una manera sana. También podríamos tomar medidas para asegurar que la riqueza generada por el incremento de comercio beneficie a todos, fijando como meta bajar la inequidad en México y EUA y a la vez seguir en el largo camino hacia convergencia entre México y EUA.

Cuando buscamos crear trabajos y riqueza en la región es importante acordarse de que un producto hecho en cualquier país del continente tiende a incorporar partes y materiales de los otros países de la región. Es decir, cuando una empresa decide ubicar una planta en México, esto crea trabajos en EUA y viceversa. En el mercado global, México y EUA somos socios estratégicos. Al nivel de los presidentes, creo que ya entienden este punto. Ahora necesitamos dar cuerpo a la agenda de competitividad regional.

 

* Christopher Wilson es Investigador con el Instituto Mexico del Centro Woodrow Wilson. Desarrolla la investigación del Instituto en asuntos económicos y fronterizos y es autor del reporte “Working Together: Economic Links between the United States and Mexico.”

 

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