Rubén Aguilar

Lo que Quiso Decir

Perfil Rubén Aguilar Valenzuela: Socio fundador de Afan Consultores Internacionales, S.C. Doctor en Ciencias Sociales. Profesor en el Departamento de Comunicaciones y Ciencias Políticas de la Universidad Iberoamericana. Publica semanalmente en diversos periódicos y revistas del país. En los años de la Guerra Civil en El Salvador fundó y dirigió la Agencia Salpress del FMLN. En la administración del presidente Fox fue coordinador de la Secretaría Particular de la presidencia (2002-2004) y coordinador de Comunicación Social y portavoz del gobierno (2004-2006). Sus últimos libros en conjunto con Jorge Castañeda son: La Diferencia: Radiografía de un sexenio (2007) y El Narco: La Guerra Fallida (2009)

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Matar

Matar

Carlos Sánchez

Instituto Sonorense de Cultura

Hermosillo, México, 2011

pp.95

 

El autor ganó, con esta obra, la sección crónica del Libro Sonorense 2010. Son 18 relatos de hechos de la vida real a los cuáles el escritor tuvo acceso en entrevistas a presos en cárceles sonorenses donde ha trabajado dando talleres de lectura y redacción.

Las crónicas ofrecen la versión directa, limpia, sin adjetivos y valoraciones morales, de los asesinos. En la construcción de esos relatos, que resultan demoledores, se hacen presente personas. El autor no juzga y hace, eso sí, el esfuerzo por entender la “racionalidad” con la que han actuado esos seres humanos que han perdido la dimensión de la realidad.

Estos dan cuenta también de las víctimas, la más de las veces mujeres, que sin haber hecho nada, son llevadas a situaciones límite ante las que son incapaces de reaccionar. Se les ve, no hay otra forma, como sujetos indefensos de la tragedia, como en los textos griegos, que las devora y ante ella, no pueden hacer nada.

En la construcción del texto alterna un relato de cinco ó seis páginas con otro que sólo tiene un párrafo, lapidario y contundente, de enorme dramatismo, que describe un asesinato, uno de estos es Hálito: “Dejo de respirar. Me quedé mirándola. Tuve la necesidad de besarla, pero tenía los labios helados. De a poco fui desenredando el cable del teléfono de su cuello. No me di cuenta en qué momento lo enredé con tanta fuerza, hasta dejarla sin aliento”.

De la introducción, que es de Lenin Guerrero Oronia, trascribo: “Se torna difícil desconfiar de la propia lucidez cuando el homicida está ahí, relatándonos un crimen con la misma brutalidad con que enfrenta su entorno y sus hallazgos (…) Ese imperceptible abismo que nos separa –el de la experiencia de dar muerte- es ahora lo que nos aproxima a él, nos encara con lo posible, realizable o latente en las capacidades humanas”.

 

 

 

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