La cultura del PRI

Si los priistas no tienen línea se sienten incómodos. Dudan de lo que deben de hacer. La iniciativa personal se ve siempre como algo sospechoso. Están siempre listos a obedecer.

La XXII Asamblea Nacional del PRI, celebrada el sábado pasado, puso en evidencia tres de los componentes centrales de la cultura del PRI, que ahora tiene mucha fuerza a pesar de múltiples descalabros de ese partido entre los dirigentes y la base del partido.

El primero es que cuando el presidente de la República es del PRI, el partido pasa a ser una oficina más de la presidencia. El presidente nombra a la cabeza del partido y éste hace lo que el primero le ordena.

La dirigencia maneja al partido bajo las instrucciones del presidente y operan lo que éste les solicita. En la pasada asamblea que se cambiara el estatuto que exigía por lo menos 10 años de militancia, para participar en una elección por un puesto de elección popular.

El liderazgo del presidente de la República en el PRI, el primero de los priistas como les gusta decir, no tiene nada que ver con sus capacidades personales. Es un atributo propio del cargo siempre que sea del partido.

El segundo es que los priistas están formados para recibir “línea”. Nunca actúan por su cuenta. Siempre esperan que el dirigente, en una cascada de niveles de dirección, les diga lo que les toca hacer. El sujetarse a las ordenes se ve como un valor propio de todo militante y del partido. Es algo que los caracteriza.

Si los priistas no tienen línea se sienten incómodos. Dudan de lo que deben de hacer. La iniciativa personal se ve siempre como algo sospechoso. Están siempre listos a obedecer. No es difícil, para los dirigentes de los distintos niveles de la estructura, hacer valer sus ordenes. La autodisciplina funciona.

El tercero es que nunca hay que disentir. La obediencia ciega, el sujetarse a la línea, impide que se piense por cuenta propia. Pensar esta prohibido. Eso es privilegio de unos cuantos. Ellos dan línea y los demás la acatan.

La unidad es el valor supremo. Ésta exige que nadie piense y actúe por su cuenta. En el imaginario está que si esto ocurre el partido se fracciona. Anatema sit, fuera de la iglesia priista cualquiera que pueda poner en duda, aunque sea de manera lejana, la unidad.

En los doce años que la presidencia de la República estuvo en manos del PAN, la cultura del PRI, que es parte de su patrimonio, se debilitó. Con la llegada de un priista a la cabeza del gobierno esta cultura se ha revitalizado y hecho valer. El presidente manda y los priistas obedecen. Eso se hizo evidente en la pasada Asamblea Nacional.

 

@RubenAguilar

Close
Comentarios