Con respecto al fiasco del monitoreo del IFE al que me referí en mi aporte anterior a este plumífero blog, Carlos Puig de W Radio me invitó a abundar el día de hoy. Ya me referiré al tema en otra ocasión pero fue Ricardo Becerra, encargado del área de monitoreo del Instituto Federal Electoral quien al responder a mis comentarios, me impele a escribir sobre otra cosa. Él afirmó que dicho sistema “…se está volviendo… en una religión; hay los que creen en el sistema y hay los que no creen en el sistema…”
Y es que de forma análoga a este asunto del monitoreo del IFE existe el caso de un evidente fraude ya no solo a la nación sino también a la inteligencia y que es igual o más delicado que el anterior, ya que están en riesgo vidas humanas. Seré breve, pero daré referencias de información adicional.
Me refiero al uso de los llamados detectores moleculares por parte de las fuerzas armadas y dependencias federales y locales de seguridad, en particular al modelo GT-200, el más famoso aunque no el único. Se trata de equipos portátiles que aparentemente detectan a la distancia e inclusive traspasando cualquier material, drogas, explosivos y hasta dinero. Seguramente los ha visto usted, porque a las autoridades les encanta presumirlos en las noticias: se trata de unos tubos de plástico negro con una antenita. Pasa el elemento de tropa caminando con su antenita, y como si se tratase del detector de aura ectoplásmica de los “cazafantasmas”, la antenita gira e indica donde hay droga, armas, bombas, dinero o químicos, aunque ello se encuentre oculto en el doble fondo de un tráiler. Así platicado diría usted que se trata de cosa de magia, del más grande avance científico de la historia, o de una tomadura de pelo.
Desafortunadamente es lo último. No hay evidencia científica alguna de que estos equipos funcionen. Es más, hay evidencia científica de que no funcionan. En Tailandia; uno de los países donde se vendió también este modelo, desenmascararon el fraude abriendo uno de estos aparatos para encontrarse que lo que parece ser un tubo de plástico hueco con una antenita, es efectivamente un tubo de plástico hueco con una antenita. No usa pilas, ni se carga ni se conecta a nada; no tiene ningún tipo de circuito electrónico, eléctrico o mecanismo de cualquier otra índole como no sea el pivote o bisagra por medio del cual la antenita bambolea libremente, según se incline el tubo de plástico. Por si esto fuera poco se realizó en ese país una prueba con base científica llamada “doble ciego” que demostró que los resultados del uso de este aparatito no son mejores que el azar.
Como buenos timadores, los vendedores de este fraudulento equipo aducen a la hora de pedírseles información verificable, que su tecnología es tan sofisticada y eficaz que debe ser protegida y obligan a firmar a sus clientes cláusulas de confidencialidad. En México dicha información ha sido recurrentemente clasificada como de seguridad nacional. En algún documento que se pudo obtener, los fabricantes afirman que el método de detección es el “para/diamagnetismo”. “Todas las sustancias –dice el sitio de uno de sus distribuidores- tienen una carga magnética que, cuando es estimulada por un impulso eléctrico (estática) crea una atracción entre la sustancia siendo detectada y la propia unidad GT200, esto se conoce como AEM o Atracción electro-magnética.” (No sé por qué me acordé del libro “El secreto”) Es por ello que el equipo no usa pilas: se alimenta con ¡la energía del cuerpo! Abundando más, diferentes testimonios de personas que han sido “capacitadas” en el uso del aparatito, son conminados a estar relajados y a creer en su funcionamiento. “Si no crees que funciona, no funcionará” han llegado a decir. Como una religión: “Hay los que creen… hay los que no creen…”
En pocas palabras, la eficacia del llamado pomposamente “Detector Molecular GT-200” es la misma que la de las hoy famosas pulseritas “Power Balance” y sus hologramas con “frecuencias naturales”. Las explicaciones pseudocientíficas que dan los fabricantes y distribuidores del GT-200 suenan exactamente igual que las de las pulseritas. Y ni las pulseritas ni el GT-200 usan pilas.
Todo esto sería hasta risible si no fuera porque cada uno de estos tubos con antenita se vende entre 300 y 500 mil pesos. La SEDENA, SEMAR, PEMEX, PGR y diferentes agencias de seguridad estatales han adquirido a la fecha cerca de 1,000 de estos aparatos, con un costo aproximado de 350 millones de pesos. Los compraron, los usan y los presumen. Simplemente busque usted en internet los términos “detector molecular” o “GT-200” para que vea a qué me refiero.
En Tailandia se destituyó a altos mandos y la crisis política de su presidente se debe en parte a este aparatito. En Inglaterra la empresa fabricante está siendo investigada por el gobierno, quien ya advirtió sin éxito a su contraparte mexicana. Oficiales iraquíes fueron encarcelados por permitir el timo y en México, pues busque usted “GT-200” en las noticias por internet.
Al más puro estilo de la situación planteada por el cuento “El nuevo traje del emperador”, quienes se hayan dado cuenta de la verdad no se atreven a denunciar el fraude por temor a ser tachados de imbéciles, o desleales. O corruptos. Refrendo mi admiración y respeto por las fuerzas armadas; entiendo lo delicado que resulta cuestionarlas en momentos de crisis; ¿Hay acaso tarea más seria que acometa actualmente el gobierno federal que su lucha en contra del crimen organizado? Pues no; pero cada vez que se usan estas carísimas “antenitas Mi Alegría” se pierden valiosos recursos y la oportunidad de detectar con otros métodos materiales ilegales, o mortales. Y se ponen vidas humanas en peligro.
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Referencias:
En el sitio de la empresa Segtec
distribuidor único del GT-200 en México se describen las “fabulosas” prestaciones del aparato. En mi opinión, solo la lectura de su propia publicidad es prueba fehaciente del timo.
Sniffexquestions es un blog inglés que denuncia el fraude de los detectores moleculares en todo el mundo (hay muchas marcas y modelos) incluyendo el GT-200
Martín Bofil Olivera, divulgador científico que escribe en el periódico Milenio, se ha referido al tema en un par de ocasiones.
Aunque ideológicamente no podemos estar más distanciados, y no lo conozco personalmente, el esfuerzo de Andrés Tonini para documentar el fraude del GT-200 en México es valiente, acucioso, actualizado y abundante. Si usted encuentra en sus escritos una insistencia rayana en la obsesión, esta obedece precisamente a que se enfrenta no a un simple engaño o fraude, sino a un complejo problema cuya resolución requiere buenas dosis de apertura, reconocimiento y generosidad por parte de mucha gente. Andrés hace un gran trabajo, en el que se basa este aporte, y estoy seguro llegará algún día a buen fin.


