Llevamos varias semanas marcadas por temas electorales y olímpicos en la radio y la televisión, pero también como es usual, existen otros casos en los noticieros que llaman la atención. En esta ocasión son cerca de 300 las menciones a las acciones en contra del crimen organizado con la detención de diversos narcotraficantes, ataques y enfrentamientos. Hay todavía muchas referencias también a lo que fue el tema de la semana anterior; la matanza en la sala de cine en Denver, Colorado, Los accidentes en las minas de Coahuila; La gripe aviar, la crisis de Siria, que lleva meses ya, como el conflicto internacional más grave y dentro del cual la cifra diaria de muertos parece ya no ser noticia, y finalmente el caso del proceso en contra de los generales Ángeles Dahuahare y Dawe González, señalados por colaborar con el narco; un lamentable caso que no tiene lado bueno. Es malo si fueran culpables, y sería todavía más malo si no lo fueran.
Y si todavía la semana pasada eran los asuntos electorales los que marcaban la agenda en los medios, particularmente las denuncias y quejas sobreirregularidades en el proceso, pues esta semana por fin, bajaron al segundo lugar; y es que fueron más las referencias a los juegos olímpicos, a la celebración de esta fiesta deportiva en una milenaria ciudad de Londres que luce sus mejores galas y que no se contentó con echar la casa por la ventana, sino literalmente, aventar a su reina en paracaídas.
Los juegos de Londres son fuente de imágenes, de sonidos, de tomas espectaculares de televisión, todo alrededor de lo que debe ser, y es en la mayor parte de los casos el verdadero espectáculo, y me refiero a los alcances del dominio del espíritu humano por sobre el potencial y las limitaciones del cuerpo. “Más rápido, más alto, más fuerte” es el lema de los juegos y pareciera ser también, el lema de los medios de comunicación que por miles cubren este evento que como pocos en la historia ha sido capaz de atraer la atención, y aquí hablo literalmente, de toda la humanidad. Y es que eventos como la ceremonia de apertura de los juegos olímpicos son tradicionalmente los que han llegado e tener audiencias históricas a través de los medios de comunicación.
La medición de audiencias en medios masivos es una técnica muy imperfecta, y a veces muy influenciada por intereses económicos y comerciales. Y a veces las dos cosas. Y esto sólo a nivel local, de una ciudad o de un país, pero si se quiere calcular la audiencia mundial, es decir, el número de seres humanos que a lo largo y ancho de la tierra están viendo un suceso de alcance planetario, el cálculo es mucho más difícil. Hace casi dos años comentábamos en este espacio el fenómeno mediático que representó el milagroso rescate de los 33 mineros chilenos que mantuvo en vilo a literalmente todo el mundo, y es que se calcula que tal vez 1,000 millones de personas llegaron a ver al mismo tiempo, hipnotizados, cómo surgía de aquel cable de acero la famosa cápsula de rescate con el primer minero.
Se calcula por otro lado que la ceremonia inaugural de los juegos olímpicos en Londres pudo haber sido vista por mucho más de 1,000 millones de personas, y justamente el día de ayer, y aquí puedo afirmar que usted, amable lector y yo, nos unimos a todo el mundo, al calcularse que un mínimo de 2,000 millones de seres humanos (y hay quien habla incluso de 4,000) pero dejémoslo en 2,000… dos mil millones de personas dejamos todo lo que estuviéramos haciendo, e incluso aguantamos la respiración por 10 segundos, para ver por televisión la prueba final de 100 metros planos, donde el jamaiquino Usain Bolt se alzó por segunda vez con la medalla de oro. 10 segundos, 2,000 millones de personas, en un momento que puede decirse que el mundo dejó de girar, aguantó la respiración, para ver a 8 estupendos atletas correr 100 metros en menos de 10 segundos.
Un fenómeno mediático, un fenómeno probablemente histórico del que todos formamos parte.





