Los 4 jinetes del valemadrismo

La indiferencia, la falta de respeto, la ignorancia autoinducida y el relajo provocan que nos hagamos pendejos e impiden que nos transformemos como sociedad.

El segundo paquete de Reformas estructurales de nuestra mente social necesita una cruzada nacional contra el valemadrismo.

Los 4 Jinetes del valemadrismo son:

La indiferencia

La falta de respeto

La ignorancia autoinducida

El relajo

Estas versiones del valemadrismo pueden ser ilustrados en 4 frases – metáfora.

 

 1.   Por mí que se la arranquen

Si el dolor, el sufrimiento, las ilusiones y los sueños de los demás nos valen madres, cómo podemos esperar una mejora en la salud de nuestro tejido social.

La indiferencia es el rostro pasivo del valemadrismo. Es un apoyo silencioso a la injusticia y al sufrimiento evitable. Es un mecanismo reproductor de olvidos.

Olvidamos sistemáticamente a las víctimas, a los indígenas, a las mujeres golpeadas, a los jóvenes ignorados, a los que tiene hambre. Omitimos a los demás. Día tras día se me olvida mi vecino, mi compañero de trabajo y toda persona que no esté en mi estrecho círculo cercano.

La cruel indiferencia no es inocua, hace daño y mucho. Si la vida no vale nada y ante los problemas de los demás decimos “a mí que chingaos”, lo único que estamos haciendo es lanzar un bumerán que nos regresará con fuerza. Pensemos cuánta indiferencia rodeó a los que hoy arrancan cabezas y descuartizan cuerpos en las distintas regiones de nuestro país.

El reto es sacudirnos la indiferencia, no sólo en los casos extremos sino en las pequeñas injusticias, abusos y llamadas de ayuda.

 

 2.  Respétame…hijo de la chingada

La falta de respeto a los demás y a lo que nos rodea está muy presente en nuestra vida cotidiana. Es la cara activa del valemadrismo.

Mediante múltiples y diversas formas de discriminación lo sacamos a pasear a la primera oportunidad. El racismo, el clasismo, el machismo, el homofobismo, el influyentismo, parten de una total y absoluta desvalorización del otro, del diferente, del lejano, del débil, del que “no es como uno”.

La prepotencia más que un defecto del carácter pareciera ser la cumbre a la que se desea arribar para demostrar de manera triunfal nuestro valemadrismo.

El reto aquí es asumir una exigencia activa de respeto, no sólo a favor de los otros, de los débiles y de los diferentes, sino también del respeto a los espacios comunes (civilidad urbana, protección del medio ambiente) y al tiempo de los demás (puntualidad en el presente y horizonte de largo plazo en consideración de las generaciones futuras).

El triunfo simbólico sobre #ladyprofeco y todo lo que implica el influyentismo es un ejemplo concreto de lo que podemos hacer como sociedad. Pero ganar esta guerra contra la falta de respeto es una historia de mil y un batallas ciudadanas.

 

3.  Ojos que no ven…

Somos un país de ignorantes, pero ya basta con echarle la culpa a los maestros de Oaxaca, Michoacán o Guerrero, quienes son más síntoma que causa. El valemadrismo está en la raíz del problema. Por un lado, hemos tolerado una educación de ínfima calidad y por el otro, hemos sido indiferentes a las condiciones de marginación y precariedad que sufrieron estos maestros cuando eran niños. Lamentablemente, no tienen hambre de conocimiento o de enseñanza, más bien tienen recuerdos del hambre que tuvieron de chicos.

Esta ignorancia es dañina pero hay otra que además de serlo es incomprensible. Aquella que es autoinducida, provocada por una activa vocación por no querer saber.

Muchos mexicanos tenemos todo para leer periódicos, informarnos, averiguar por nuestra cuenta, exigir, leer manuales para utilizar bien los aparatos, estudiar la ciencia y la historia, disfrutar la literatura, pero simplemente no lo hacemos.

Entre quienes desean que el país cambie, existen muchas fuerzas sociales que desperdician su energía y potencial al valerles madre las constricciones propias de la realidad material y optan conchudamente por amarrarse al dogmatismo, la consigna y el “no pasarán”.

Si nuestros ojos no ven, tampoco leen ni averiguan. Desde la ceguera no podremos transformar el status quo, desde la ignorancia sólo podemos dar “palos de ciego” a los problemas personales, familiares, educativos, laborales, sociales.

Combatamos día con día el valemadrismo del no querer saber y habremos dado un pequeño paso hacia adelante.

 

 4.  ¡Viva Villa cabrones!

Chin chin el que no lo haya gritado o al menos festejado cuando otro lo hace. Nos encanta el desmadre, nos relaja y nos une, aunque sea sólo en torno al fútbol, viendo la tele con la comadre o una vez al  año “el día del grito”. La bronca es que nuestra tendencia a “relajar” la realidad nos persigue en nuestra vida cotidiana y con ello le quitamos estructura y peso a muchas de nuestras acciones.

Campeones mundiales del escapismo emocional y fieles seguidores de la consigna Si no puedes con la realidad: evádela”,  nos enfrentamos al reto de reestructurar y equilibrar nuestra relación con la relajación y la seriedad (no con la solemnidad).

El relajo, el desmadre, el reven están chidos para sus lugares y sus ocasiones pero si son omnipresentes y alcanzan esferas de la vida que requieren seriedad, el impacto es nocivo. Así sucede en nuestros mundos, laborales, educativos, cívicos y políticos (donde es fácil escuchar el clamor de ¡ya párenle a su desmadre!).

Ante la pregunta ¿tienes el valor o te vale? la desmadrosa y el relajiento ontológicos tienen clara la respuesta: me vale. Aquí el problema es que el valemadrismo se convierte en un ácido que corroe los valores que debieran servir como pilares de nuestra sociedad.

Al cabalgar los 4 jinetes del valemadrismo lo único que sucede es que nos hacemos pendejos e impedimos la transformación de nuestra sociedad. Este paquete de reformas requiere que nos bajemos del caballo y empecemos a caminar en busca de un vínculo positivo con los otros y la realidad exterior.

Si no acabamos con estos jinetes, igual y no le andamos quedando tan mal a los que esperaban el año pasado un final apocalíptico.

 

Posdata: Al mandar este texto para publicación veo las notas y el video de los intoxicados en “pool party” donde confluyen los 4 jinetes: indiferencia ante el sufrimiento ajeno, falta de respeto al discriminar a los afectados, ignorancia al no saber los efectos del nitrógeno líquido en la alberca y el relajo permanente… en las buenas y en las malas.

 

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