CNTE o la democratización del agandalle

Si ser gandalla era el privilegio de unos cuantos, quienes apoyan acríticamente a la CNTE lo más que logran es que el derecho a ser gandalla sea democratizado y ampliamente distribuido. Con ello profundizan nuestros problemas en lugar de solucionarlos.

Un gandalla es alguien que antepone sus intereses, sus deseos y lo que se le hinche un huevo o varios (aquí no hay distinción de género) a los demás. Nada es más ajeno a un gandalla que los conceptos de bien común y respeto por los demás.

Los mexicanos estamos hartos de ser agandallados; sin embargo, hay un sector importante de la población que en su búsqueda por combatir y contener a los gandallas de siempre, indirectamente está logrando propalar el derecho a ser gandalla a más grupos de la población.

Si ser gandalla era el privilegio de unos cuantos, quienes apoyan acríticamente a la CNTE lo más que logran es que el derecho a ser gandalla sea democratizado y ampliamente distribuido. Con ello profundizan nuestros problemas en lugar de solucionarlos.

Es absolutamente cierto que históricamente nuestra élite gobernante -no sólo la política sino también la empresarial, mediática, eclesiástica y cultural- para mantener sus privilegios ha sido bastante gandalla con la población en general; ya sea aplicando la fuerza, el engaño, o simplemente esa otra violencia que es la indiferencia, el abandono y el olvido.

¿Para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo? ¿Gandalla que agandalla Gandalla tiene 100 años de perdón? ¿México será mejor si los gandallas de siempre son combatidos por gandallas “emergentes” como la CNTE? Definitivamente no.

Cuanta energía social estamos desperdiciando al canalizar en favor de grupos gandallas (tipo el SME, la CNTE) el sano y justo deseo de cambio y mejora que mueve a millones de mexicanos. Cegados por la frustración es importante entender el callejón sin salida al que nos lleva el proceso de “democratización del agandalle”. La solución de fondo consiste en disminuir los espacios de abuso y prepotencia existentes en nuestro país, y no en luchar para ampliar estos “derechos” a sectores de la población que hasta ahora no los han disfrutado plenamente.

Que los buenos deseos de solidaridad y justicia no nos cieguen. La CNTE es un colectivo gandalla que antepone sus intereses a los de terceros -los niños, los padres de familia, los habitantes y comerciantes de Oaxaca y ahora los habitantes y comerciantes de la Ciudad de México-. Quienes ingenua e idealistamente se ponen del lado de los débiles y de los explotados no debieran perder de vista que, más allá de ciertas demandas atendibles, lo que verdaderamente buscan los de la CNTE es fortalecer posiciones económicas, laborales y políticas que casi nada tienen que ver con el proceso educativo. Han claudicado de la educación como fin y como medio para el desarrollo y la movilidad social de sus alumnos. Para ellos la educación es un presupuesto que apañar y controlar. Un modus vivendi que tiene en el chantaje y la movilización su modus operandi.

Es clave que quienes luchen honestamente por un país más justo, transparente, parejo, próspero, afinen bien su mirada para apoyar causas y liderazgos que no estén condenados a reproducir los vicios, mañas y reflejos que nos tienen estancados como país. Entrar a una dinámica por ver quién es más gandalla, si los campeones o los retadores, no dejará ningún saldo positivo y sólo estaremos retrasando lo que de verdad quiere y necesita la gente: justicia, crecimiento económico, mejores servicios educativos y de salud, seguridad.

La historia nos enseña que, cuando la disputa es entre gandallas establecidos y gandallas ascendentes, al final del día quienes llevan la de perder son los ciudadanos. Por eso el reto ciudadano no es apoyar a los gandallas de un color o de otro, sino el exigirles que se comporten y se hagan a un lado para que le entremos en serio a la política del debate, las ideas, la civilidad, el diálogo y la solución de fondo de los problemas.

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