Gabriela Warkentin

México Bizarro

Perfil Gabriela Warkentin vive de echar choros y marear al prójimo. Académica, conductora de radio y TV, articulista, docente y conferencista. Concentra la mirada en los procesos de comunicación y trata de desentrañar sus posibilidades. Ha sido casi de todo, desde directora hasta laboratorista, y a sus muchos años de edad sigue odiando el chocolate. Es un poco trotamundos, pero le encanta vivir en México. Ah, y le va a los Pumas.

Ver Más

#TorreDePEMEX y sus enredos comunicativos

 

En estas crisis se forja, en gran parte, el carácter cívico de una sociedad.

Lo dijo el Dr. Raúl Trejo Delarbre (@ciberfan), especialista en comunicación y sus procesos mediáticos, en entrevista con el periodista Mario Campos (@mariocampos), en Antena Radio del Instituto Mexicano de la Radio.

Hablaba Trejo Delarbre del manejo de crisis y las estrategias de comunicación del gobierno tras la explosión, el 31 de enero, en el edifico B2 (adyacente a la Torre de Pemex, en el corazón del Distrito Federal). Explosión que, mientras esto escribo, había dejado 36 muertos y un número importante de heridos. Y explosión que, mientras esto escribo, seguía alimentando las suspicacias y teorías de conspiración de una población acostumbrada por décadas (¿o desde siempre?) a no esperar la verdad de sus autoridades.

En estas crisis se forja, en gran parte, el carácter cívico de una sociedad. Mencionaba Trejo Delarbre la manera, por ejemplo, en que la sociedad mexicana brincó a la participación organizada tras la ausencia de autoridad posterior al terremoto de 1985, en la Ciudad de México. Porque en estas crisis se negocia también la relación con la autoridad y los ejes de comunicación que definirán el espíritu de convivencia.

Toda crisis tiene dos vertientes: el episodio en sí (que se atiende a través de las investigaciones debidas y la resolución de los hechos), y el manejo de comunicación para lidiar con ella. Han pasado poco más de 72 horas desde que sucediera la explosión, y sin duda han sido suficientes para perfilar el talante comunicativo del gobierno en turno (y de la sociedad que le permitió nacer).

 

Comunicación gubernamental

Por lo menos hasta ahora, la comunicación de gobierno ha sido eficiente para sus fines: control. A pesar de la confusión inicial y los mensajes encontrados (que se reflejaron en el desconcierto de PEMEX al decir que se trataba de una “falla eléctrica”), muy pronto se impuso a un vocero y se buscó llenar todos los espacios posibles para evitar desinformación y especulaciones excesivas.

El primer mensaje fue claro: lo importante son las víctimas. Cuarto de operación instalado en la zona del siniestro, y un Secretario de Gobernación que tomó batuta y micrófono (tenso, nervioso, tal vez, pero ahí estaba). Excesiva la imagen del peso de la fuerza militar, policiaca y de inteligencia a su alrededor –buena leña para alimentar el fuego de la conspiración–, pero se buscó mantener control. Pocas declaraciones del gobierno local, Presidente de la República a escena, nuevos voceros (Director de PEMEX, Procurador de la República). Aunque el tiempo es inclemente y con el paso de los minutos se hace menos sostenible el control deseado. Ayudó, para sus fines, que la atención ciudadana se disipara por el fin de semana largo y el Súper Tazón del futbol americano. Pero con el paso de las horas comienza a frasearse con más fuerza la pregunta: ¿qué pasó? Y si no hay respuesta creíble pronto, no servirá de mucho el estilo amablemente enredado del gobierno federal de decir sin decir para terminar abrazando la sensación… de que no se dijo nada.

Juega aún a su favor la ecuación. Personas consultadas por mí, que trabajan en el Servicio Exterior, reconocieron, por ejemplo, que en esta crisis de inmediato fueron informados por la Secretaría de Relaciones Exteriores, que se abrieron canales de comunicación directos y que a diferencia del gobierno anterior, nunca dejó de fluir la información. Sólo hay que decir: la información del suceso. Falta ver si con la misma presteza circulará la información del por qué, los quiénes, las consecuencias, los alcances. Se le acaba el tiempo al gobierno; la sociedad que recibió de regreso al Nuevo PRI tampoco tolerará una opacidad enredada que simule otras épocas.

 

Medios de comunicación

Los medios de comunicación reaccionaron a la sorpresa tras el incidente. Una vez que se dio a conocer la explosión, se desplegaron fuerzas informativas al lugar de los hechos. La televisión comenzó a transmitir en vivo y algunos canales informativos enlazaron horas continuas de transmisión para atender lo que ahí sucedía. Pero el piso no estuvo parejo, y las condiciones para informar se complicaron. Muy pronto, a través de las redes sociales del ciberespacio (sobre todo Twitter), los reporteros y fotógrafos comenzaron a quejarse del cerco de control impuesto, y del privilegio del que gozaron algunas cadenas televisivas para su cobertura. Nada nuevo, tampoco, pero el malestar ventilado en redes tiene otras dimensiones de eco.

Como en todo suceso que se prolonga en el tiempo, y que merece la cobertura continua por parte de los medios de comunicación, comienza a jugar en contra la lentitud de los minutos que hay que llenar con algo, en lo que aparece el nuevo dato informativo. Los vicios de prolongar relatos, repetir imágenes, releer y releer la lista de los heridos (que a veces no coincidían); la obsesión por ganar la primicia (que llevó a confundir número de fallecidos y escalar cifra de heridos), buscar el chacaleo de la entrevista de banqueta, reiterar lo ya narrado; todo para llenar horas de transmisión, y espacios de cobertura. En eso, los medios de comunicación aún padecen la atención a los no-momentos: esos espacios entre suceso y suceso, que se vuelven eternos (sobre todo para la audiencia).

Lo que las autoridades apenas mencionaron (sobre todo la palabra “atentado”), llegó más rápido a los medios. En columnas (como la de Ciro Gómez Leyva) se dijo abiertamente que había la preocupación por algo “muy grave”; Newsweek en español tuiteó que se sospechaba de “bombas”; y con la llegada del sábado fueron otros los columnistas que se sumaron a exigir mejores respuestas a preguntas sobre los por qués del suceso y las posibles razones del mismo. La prensa internacional se incorporó a la especulación fundada, y para el domingo en la noche (en que esto escribo) se percibe una calma chicha. Medios a la espera de que se informe; ¿gobierno dispuesto a informar?

Reconocimiento especial va para aquellos periodistas que voltearon la mirada a los afectados, que buscaron contar la historia humana. Ante el cerco de seguridad y los controles de información impuestos por las autoridades en las primeras horas tras la explosión, fueron algunos los que supieron contar esas otras historias que ofrecen el mosaico integral del drama humano en situaciones de desastre.

Comienza la hora del verdadero periodismo, el que va más allá de las declaraciones de las autoridades y los boletines de prensa. El que no se queda con la respuesta inmediata. El que hurga desde las preguntas más incómodas para sacudir las certezas impuestas. Es la hora del periodismo; ya veremos qué clase de hora será.

 

Redes sociales

Estalló el sábado en la tarde, y para la noche ya era Trending Topic en Twitter: #PuntaMita. El diario Reforma informaba que el presidente Peña Nieto vacacionaba con su familia en el exclusivo hotel de playa de Punta Mita (en Nayarit). Todo era una cadena de decires, pero como nunca se dio el desmentido oficial, los decires se convirtieron en certezas, y éstas en indignación: ¿cómo era posible que el Presidente estuviera descansando tras haber decretado luto nacional, y sin estar resuelta la crisis? La historia se trató de acallar con la presencia, ya entrada la noche, del Presidente en las instalaciones de PEMEX. Y si fue un borrego informativo, lo cierto es que las redes mostraron eso que son: la caja de resonancia que magnifica todas nuestras conversaciones. Y cuando la resonancia crece, más vale atenderla.

A las 15:44 del 31 de enero se registra el que posiblemente fue el primer tuit sobre lo sucedido en el edificio adyacente a la Torre de Pemex: una alerta del tuitero @ivanbam_bam (según reporta la empresa de investigación de redes, Sinnia). Y, literalmente, estalló la tuitósfera. Al segundo se repetían las mismas inquietudes: ¿algo estalló?, ¿qué pasó? El hashtag #TorreDePemex fue el más usado, y de ahí se desprendieron otros. Por Twitter circuló también la primera fotografía de que se tiene noticia, que después sería portada de Publimetro (en una composición que resuena con las portadas de diarios tras los ataques del 11 de septiembre):

México Bizarro Publimetro

Y como siempre, en las redes se manifestó lo mejor y lo peor de nuestra cultura cívica. Así como se replicaron los mensajes de apoyo, de ayuda, de compartir listas de heridos e información de coyuntura, así también se desataron las teorías de la conspiración y se alimentaron las más pedestres suspicacias.

México Bizarro tuit

Twitter y Facebook fueron el espacio para transmitir información. La cuenta del presidente Peña Nieto, @EPN, mantuvo una constante línea de información, así como la de la Presidencia, @PresidenciaMX, al grado de que esta última se convirtió en una de las 10 más importantes para la difusión de la información relativa a lo sucedido junto a la Torre de Pemex (según el estudio llevado a cabo por @EduPortas y que se encuentra en http://bit.ly/UKPon3). Los servicios de atención a la ciudadanía, como Locatel, hicieron buen uso cruzado de sus perfiles en Facebook y Twitter para responder dudas sobre la ubicación de personas. Y también brotaron las bromas y las imágenes, propias de toda necesidad catártica tras una situación dramática:

México Bizarro Pemex

No faltó quienes regañaron a las “redes sociales” por su falta de tacto y sus conspiraciones baratas. Pero quien en esos reglazos cae, olvida que las redes sociales no son más que amplios espacios de conversación, en que se refleja lo bueno y malo de nuestra cultura cívica. Si pusiéramos un megáfono a las conversaciones de sobremesa tendríamos lo mismo, sólo no en 140 caracteres. Lo que sí se percibió, sin embargo, es que la inteligencia colectiva propia de las redes maduras comenzó a operar: la sanción social por contenidos agresivos o por cuentas falsas en actitud de desinformación, puede más que la obsesión por el castigo externo.

Las redes sociales del ciberespacio mostraron, una vez más, que llegaron para quedarse. Que son la caja de resonancia incómoda de nuestras esencias manifiestas. Que sirven de convergencia de comunicaciones y de difusiones menos mediadas entre autoridades y ciudadanos. Falta ver cómo empatamos las exigencias en tiempo real de las conversaciones enredadas, con las dinámicas temporales propias de los sucesos reales. Son dos realidades a veces en colisión.

 

Conclusiones

La compleja ecología mediática en que vivimos se manifestó también en la explosión del edificio adyacente a la Torre de Pemex. La comunicación desde las fuentes (gubernamentales), la participación de los medios de comunicación y la resonancia que significan las redes sociales. Viene ahora la prueba mayor: la información sobre lo sucedido, más allá del acontecimiento.

Y el problema es que no creemos. En casi nada. Ya podrán las autoridades salir a dar razones y motivos de la explosión, que difícilmente se aceptarán y subyacerá siempre la sensación de que “algo se nos oculta”. La suspicacia tiene razones históricas en este país de poca transparencia en autoridades y en medios. El reto estará en poder vencerla con una información lo suficientemente contundente para que cale.

Decíamos que en estas crisis se forja, en gran parte, el carácter cívico de una sociedad. Ya veremos de qué estamos hechos.

 

 

Deja un comentario