Los estacionamientos incitan a usar más el coche

De ninguna manera un cajón puede derivar en menos coches en la calle, por el contrario, un cajón de estacionamiento siempre tiene el potencial de atraer un coche.

Por: Oscar Ruiz (@oscarrpriego)

En la Ciudad de México el automóvil particular es percibido por una gran cantidad de personas como una necesidad. Quienes ya tienen un coche lo demuestran con su resistencia a dejar de usarlo; por otro lado, quienes no son dueños de uno lo demuestran en su deseo de adquirirlo. El aumento del parque vehicular puede ser atribuible a muchos factores, sin embargo, su crecimiento sostenido desde 1980 y el fortalecimiento de esta tendencia a partir de 2005 hace pensar que existe un fuerte arraigo del chilango al auto.

Además de la noción de estatus asociada con el auto particular, el transporte público sigue sufriendo de un estigma social que, como señala el programa ONU-Habitat, está vinculado a sus altos costos de acceso, falta de confianza y deficiencias en seguridad y protección. Adicionalmente, las condiciones de flexibilidad, rapidez y comodidad del transporte público siguen siendo poco atractivas para los dueños de un coche. Esta situación no solo afecta a la población que realiza cerca de 80 % de los viajes diarios utilizando la red de transporte público (INEGI, Encuesta origen destino 2007), sino que contribuye a perpetuar la idea de que el coche es la mejor opción y que es inviable dejar de usarlo.

Las implicaciones de esto son verdaderamente costosas para la ciudad y para sus habitantes. La Ciudad de México fue nombrada por segundo año consecutivo la ciudad más congestionada del mundo, según el Índice de tráfico publicado por TomTom, además de los altos niveles de contaminación ambiental que tienen ya graves implicaciones en la salud pública.

Hace casi un año, exactamente el 14 de marzo de 2016, se declaró la primera de una numerosa serie de contingencias ambientales (10 en total, equivalente a 23 días de contingencia, la mayor cantidad en los últimos 20 años). El llamado principal fue a reducir el uso del automóvil particular, a buscar alternativas de transporte más limpias. Sin embargo, para cada voz que pedía dejar de utilizar el automóvil había otra que señalaba la inviabilidad de las alternativas. La discusión fue en tono predominantemente confrontativo: por un lado se pedía a los automovilistas que se buscaran alternativas de transporte, pero por el otro no había incentivos reales para hacerlo, el único aliciente en el momento era la conciencia social y ambiental que en la mayor parte de los casos resulta insuficiente.

No podemos aislar la percepción del coche como una necesidad, de las políticas públicas que por años le han dado prioridad sobre cualquier otro medio de transporte. Además de la marcada tendencia de los gobiernos en turno a dirigir la inversión hacia la infraestructura para el automóvil, las regulaciones en torno a la movilidad y el desarrollo urbano de la ciudad han privilegiado el espacio destinado al mismo llegando a darle prioridad incluso sobre necesidades básicas de la población como la vivienda (42 % de la superficie construida en la CDMX está destinada para espacio de estacionamiento mientras que solo 32 % para vivienda).

El ejemplo más claro es la regulación vigente sobre nuevas construcciones en la CDMX, en particular la de los requerimientos mínimos de cajones de estacionamiento para nuevas construcciones. Este lineamiento pensado en los años 70 bajo el modelo estadounidense de desarrollo en torno al automóvil concibe la construcción de cajones de estacionamientos como una mitigación del impacto que cada nueva construcción tiene sobre la ciudad.

Como explica Andrés Sañudo en la Revista Nexos, esta concepción es falsa; la construcción de cajones de estacionamiento es lo opuesto a mitigación, es garantía de impacto negativo. En el mejor de los casos, un cajón estará vacío a lo largo del día, en cuyo caso no hay razón para construirlo, la otra posibilidad es que éste sea ocupado en algún momento, lo que significa que para llegar a él, un coche tuvo que circular por la vialidad. De ninguna manera un cajón puede derivar en menos coches en la calle, por el contrario, un cajón de estacionamiento siempre tiene el potencial de atraer un coche.

La actual administración de la CDMX ha dado algunas señales de querer incorporar una nueva visión de la movilidad. Ahora tienen la oportunidad de cambiar años de políticas públicas que han creado una dependencia exacerbada del automóvil particular convirtiéndolo incluso en una necesidad para aquellos a quienes tener un coche significa un verdadero sacrificio. Tiene además la oportunidad de hacerlo combatiendo dos frentes: la propuesta que el gobierno de la ciudad ya tiene en sus manos busca simultáneamente desincentivar, sin prohibir, la construcción de cantidades excesivas de estacionamiento, generando al mismo tiempo recursos para inversión en transporte público.

El proceso para depender cada vez menos del automóvil no puede pasar por la voluntad individual y debe de pasar por políticas públicas que logren desincentivar su uso y al mismo tiempo incentivar el uso de medios de transporte alternativos.

 

*Oscar Ruiz es Científico de datos del IMCO.

 

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