Una guía para la renegociación del TLCAN

La renegociación del TLCAN comienza en agosto, y México debe tener en mente a sus principales socios comerciales: China, Corea del Sur, Malasia y Taiwán.

Por: Ana Laura Martínez * | @MrsIgualdad

En la era de la post-verdad los conceptos se desvanecen, las teorías pierden validez y la verdad parece estar al servicio de los intereses políticos, lista para venderse al mejor postor.

Las teorías y los principios que alguna vez nos dieron certeza parecen perder importancia. Y sin embargo siguen ahí, como una brújula. El comercio internacional es una de estas brújulas, de estos faros que por más que se intenten opacar tienen luz propia incluso para iluminar el camino.

Hoy más que nunca, a pesar de los embates recientes, el comercio internacional libre es una de las maneras de asegurar que haya competencia interna en México.

Los ataques recientes contra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no pueden ser más que una estocada que impulse a nuestro país a defender lo que tanto nos ha costado construir.

No es momento de echarnos para atrás. Debemos salir de la coyuntura actual con una posición global de campeones del libre comercio. Necesitamos abrirnos más, eliminar más barreras. No sin olvidar nuestra inminente obligación de fortalecer las instituciones internas para que la competencia doméstica y externa estén alineadas hacia un objetivo común: fortalecer la economía mexicana y, de una vez por todas, reconstruir nuestro andamiaje institucional.

En este contexto, el documento Política comercial con visión de competencia, elaborado por la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE), y presentado recientemente junto con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), pone en la mesa una teoría que es a su vez una respuesta. Una especie de polo sobre el cual podemos desarrollar nuestras estrategias de renegociación del TLCAN. Más aún, da un principio rector a nuestra política comercial: La política mexicana de comercio exterior debe centrarse en la perspectiva de competencia económica.

Dicha hipótesis da a su vez una clara estrategia de acción: velar por la eficiencia de los mercados y el bienestar del consumidor.

Si bien, para el 2016 nuestro arancel promedio simple de Nación Más Favorecida (NMF) fue de 5.6% y el promedio ponderado de 3.86% (ubicándonos en un punto intermedio de apertura a nivel mundial), dichos promedios suelen tener un sesgo ya que las barreras arancelarias y no arancelarias a distintos productos detienen efectivamente sus importaciones.

De hecho, aún nos quedan muchas barreras por eliminar sobre todo en productos agroalimentarios, calzado, prendas de vestir, plásticos, químicos y acero. En el caso de la carne de pollo, papas y café tostado pagan aranceles de NMF de 100, 100 y 50% respectivamente. Asimismo, el estudio en mención calcula que el daño agregado generado por el arancel al calzado en el 2014 equivale al 26.5% del gasto de los hogares en dicho rubro. Mientras que los aranceles aplicados a los pantalones, ropa para bebés y camisas produjeron un daño equivalente al 24%, 20.2% y 19.4% del gasto respectivo de los hogares mexicanos en dichos productos. Un ejemplo final es el caso de los productos de plástico, que con una tarifa efectiva de 7% generaron una pérdida en el bienestar del consumidor de 20 mil 267 millones de pesos en el 2014.

La aparente coraza que otorga el proteccionismo comercial a los ciudadanos de un país es en realidad una falacia. Sus supuestos beneficios pierden relevancia ante la pérdida de bienestar de los consumidores, que derivado de las medidas proteccionistas enfrentan precios mayores y/o productos de menor calidad.

En suma, el estudio de COFECE ofrece un análisis del costo que imponen a México las barreras arancelarias y no arancelarias al comercio internacional. Más aún, concluye que existe un amplio espacio de oportunidad para expandir las ganancias del comercio principalmente vía mejoras regulatorias a los procesos de las aduanas mexicanas, la eliminación de programas de promoción sectorial (PROSEC)- que otorgan ventajas a ciertos productores mexicanos- y la reducción de aranceles promedio a países con los que no tenemos un Tratado de Libre Comercio (TLC).

La buena noticia es que tenemos margen de maniobra. Podemos aumentar las ganancias del comercio y a su vez diversificar los mercados tanto de importación como de exportación. De hecho, de los 10 principales socios comerciales de México, por importaciones, no tenemos TLC con cuatro de ellos: China, Corea del Sur, Malasia y Taiwán. Nuestra capacidad de aprovechar estos horizontes resulta en una estrategia clave para nuestro apalancamiento en las negociaciones que empezaremos con Estados Unidos en agosto próximo.

Hoy más que nunca, nuestro país debe defender el libre comercio de los enemigos internos y externos. Sin olvidar que el gran reto para el comercio internacional en México y el mundo es aún construir instituciones económicas inclusivas, capaces de promover la participación de la gran mayoría de la población en actividades económicas donde puedan aprovechar sus talentos y habilidades en beneficio de la competitividad del país, y como vía para alcanzar la prosperidad en toda la extensión de la palabra.

 

*Ana Laura Martínez es consultora del IMCO


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