La Victoria y sus medidas…

Tangibilizar la victoria con un objeto representa la seguridad de que nadie puede arrebatarnos el triunfo.

El símbolo que premia los sacrificios que se presentan en el camino hacia la gloria.

El premio a la perseverancia. A la excelencia.

El triunfo que se comparte con millones de personas alrededor del mundo.

Es la metáfora del culto a la meritocracia.

El honor de llegar a una meta.

La transformación de un individuo ordinario que se convierte con su esfuerzo diario en un ser excepcional…

Todo eso representa la victoria para un medallista olímpico.

 

Pero, hay otro tipo de victorias, y ésas no se tangibilizan con una medalla o con un número exacto de televidentes. Hay veces que el rating no significa nada, sobre todo cuando has dejado de arriesgar. Arriesgar es ganar.

Hace algunos años Azteca representaba ésta televisora de vanguardia que ofrecía un producto innovador. Un producto distinto a lo que siempre se había visto hasta el momento en la televisión mexicana. Luego algo pasó, y pasó también el gusto por no ser ordinarios. Gente en la empresa fue y vino, se dieron cambios en el organigrama interno, cambiaron sus intereses, se tomaron una pausa, no lo sé. El tema es que de alguna manera – sin apuntar dedos porque no tengo información suficiente al respecto- se perdió el rumbo.

El último proyecto al que generosamente me invitaron fue de enorme desencanto, y yo con el destino de cercano colaborador terminé en NY viviendo un par de años dedicándome a estudiar para entrarle de lleno a la creación (buena o mala pero mía como dice la rola de “Todo a Pulmón” así que mana ni te molestes en abucheos, te vayas a quedar ronquito).

Estando en mis devaneos “intelectuales” y en pleno alumbramiento de mi primer guión de largometraje un día me llama El Jeli (Felipe Fernández del Paso para ti y de usted mana que no son iguales) para preguntarme si me echaba un tiro con él. Que unas cápsulas, que tipo cortometrajes, con calidad de cine, con out sourcing primermundista, y que le podía entrar con alguito de pluma (acabé escribiendo poco porque se me juntaba el fab con el velrosita). #Chiale pensé, suena de huevos!! Y termina diciéndome: -para televisión Azteca-. Me desprogramé.

Yo estaba en ése momento con planes bien distintos. Regresar a la televisión mexicana, era algo que no había considerado. Mi plan de vida era otro (y en eso sigo). Yo quería dirigir mi guión. Punto. Más allá de eso, la cabeza ni me daba. No quería, ni debía futurear tanto (me roba la paz mana). ¿Qué hacer?

-Dame dos para rebotar con el Güeris- le pedí. Eran tres semanas en Londres. Dejar a los chavos no estaba fácil porque aquí en los Niuyores es de “do it yourself”.

Me dejó girando en un tacón. A la de a huevo quería ir y compartir de nuevo ese cerebro lleno de ideas extraordinarias que se carga uno de mis amigos más antiguos y que guarda brazalete VIP en mi corazón.

Cuando le platiqué al Güeris (mano sudando, ya sabes) me dice: – Nena, con Felipe siempre sí a todo- #fiu

Así empezó la aventura. Terminaron siendo 5 semanas o 6 en Londres. Con un frió de la chingada (Mayo) haciendo como si fuera verano, trabajando duro y tupido desde bien temprano como a mí me gusta.

El tema es que Azteca –para mí- hoy triunfa por su transformación, por que apuesta  por un director visionario. Ignacio Suarez defendió a capa y espada a Felipe y a su proyecto para que nadie le metiera mano, ni le quisiera hacer recortes a sus historias.

La televisión abierta jamás ha ofrecido un material tan digno, tan bien producido en calidad de cine, y sabes por qué? Porque cuesta un baro pendejo (el baro no tu ppl). Es mucho más sencillo, llevar las cámaras que ya tienes con los técnicos que la empresa tiene en nómina (o no porque a veces los obligan a freelancear para pagarles menos) a tierras lejanas a sobarse el lomo y entregar la misma mierda de siempre. Jaua jua  jua por aquí, nada por allá. Sketches predecibles, simplones, con chistes gastados en fin, nada nuevo ni diferente. No se ponen creativos porque es más cómodo transitar en el mundo de lo fácil y rápido. La tele es maquila. La tele no es arte. La gente no entiende. Eso dicen y encima se lo creen…

La gente entiende de calidad si se la ofreces no me cabe duda. No será de la noche a la mañana pero el público lo sabrá apreciar.

Este Londres que Felipe Fernández del Paso presenta es un Londres sofisticado. Felipe apuesta por los grandes de la literatura inglesa y te salpica de información de una manera deliciosa. Ni cuenta te vas a dar, cuando de repente ya aprendiste algo. Nada de lo que hizo, ni cómo lo hizo es obvio. Como turistas siempre nos vamos a topar con los “turist traps” y son ésas locaciones/lugares (las obvias) las que generalmente se visitan/graban también en éste tipo de transmisiones, pero en cada país hay varias capas. La de los lugares más turísticos, siempre es la encimita. La superficial. Felipe no presenta nada típico y si hay algo más comercial, lo hace de un modo insospechado.

Felipe con esto nos enseña que no tiene empacho alguno en educar mientras divierte y que la inteligencia no debe de estar peleada con el entretenimiento, ni con el atractivo visual.

Azteca vuelve a ser valiente.

Azteca triunfa por el sentido agudo de Nacho Suárez,  al darle espacio a una televisión extraordinaria, creativa, bella, profunda, divertida, distinta, de la mano de mi Jeli y por el enorme valor de los altos ejecutivos y dueños de la empresa, que no se apanicaron y reconocieron la joya que es éste proyecto.

Por eso te vengo diciendo que #LondresEsAzteca mana, compruébalo y verás.

#Dedo

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