Tener espíritu todoterreno

Gratificante sorprenderte con la belleza de tu género en el que en más de una forma te ha rechazado, juzgado, traicionado o encabronado a lo largo de tu vida…

Me agregan a través de Facebook en un grupo de mujeres.

Primer pensamiento: hueva macabra que me incluyan en un (puto) grupo más. Como si no tuviera nada qué hacer más que estar leyendo las quejas y los chismes de viejas marujas (vaya soberbia #vayavaya)

El teléfono sonando con alarmas de notificaciones TODO el día sin parar.

Estas viejas sí que están cañonas. Veinte. Treinta posts al día. ¿De qué coño? ¿Pues cuántas serán?

¡SOS! Necesito 50 regalos para maestras de no más de 250 pesos cada uno / Necesito manicure cerca de Polanco / Me urge una buena receta de pastel de bla,bla / Las invito a decir una plegaria por perengano de tal / El mejor cardiólogo / Vendo jugos / Vendo ropa / Vendo sesiones de felicidad instantánea bla, bla…

“Hola, soy fulanita de tal y me dedico a…“ (auxilio).

Yo: SOS, cómo chingados me desagrego de esto que no me interesa para nada. Ilusa (y mamona)…

Oportunidad de oro.

Hace años que no conectaba del modo en que lo he hecho con esta belleza de viejas chingonas, trabajadoras, fuertes, productivas, empáticas y compasivas.

De hecho nunca había conectado así con un grupo de mujeres, punto final. Me dan pavor esas reuniones de toma intensiva de café y plática entre viejas. Siempre he sentido que no encajo. Que no sé dar el avión, que soy demasiado franca y que todo lo que diga será (y ha sido infinidad de veces) tomado en mi contra.

Ya mis cafés son turcos, en casa, por la mañana, leyendo las noticias en mis redes sociales. Las pláticas son por la noche en bola chica y de preferencia unisex, o uno a uno con alguna de mis amigas que son chavas fuertes, sin complejos, que me captan y me aceptan (y viceversa), con varios mezcales de por medio, y que además no esperan un diplomático speech de “amiga, le quedó grande la yegua…”. Ya sabemos cada una aceptarnos y decirnos la neta ante todo, aunque eso signifique revelarle una verdad obvia para el mundo menos para ella, tipo: amiga, es falta total de interés; no le gustas lo suficiente, “te lo diste” muy pronto, muy fácil y encima le dijiste que lo “amas” en 72 horas (y viceversa).

Gratificante sorprenderte con la belleza de tu género en el que en más de una forma te ha rechazado, juzgado, traicionado o encabronado a lo largo de tu vida…

El día que descubrí qué era exactamente esa nueva modalidad de grupo mujeres, me quedé en la cama en pijama todo el día para poderme echar en Agustín Lara como 30 capítulos jebi de chavas que se encueran para contarnos unas historias fascinantes, con la que cada una de las miles de viejas que pertenecíamos a esos grupos conectamos de forma profunda.

De cada uno de esos grupos aprendí cosas valiosas.

1. La primera de ellas: no juzgarás a tu género a la ligera, como no te gusta que te juzguen a ti (y te has quejado toda tu vida de que lo hagan).

2.- No mencionarás (a detalle) nada de lo que ahí se publica (en vano) porque hay un juramento hipocrático que hay que honrar (y porque vaya a usted a ver la cantidad de pedos que se arman cada vez que alguien va con el chisme).

3.- Está increíble fortalecer el ingreso de señoras luchonas, pero no quiero andar vestida igual que 20 ó 30,000 mujerones.

4.- No estoy ya jamás para que me impongan reglas a mis tiernos 46 añitos (si te meten a tal grupo, te saco de este porque han hablado mierda de las administradoras / no se puede vender perros, sólo adopciones / no se puede hablar de política *corre despavorida*).

5.- Salte de todos y cada uno de esos grupos porque abandonas los libros, la escritura, puedes terminar de la greña con un mundo de personas por pensar distinto y así externarlo (no me pasó, pero estuve a dos de que se me atorara el rebozo) y por último pierdes una cantidad de tiempo valioso que nadie te va a regresar, ni en reventa…

Eso sí, escuchar las voces de tantas mujeres tan distintas y de leer esas historias de abuso me abrió los ojos y me obligó a responsabilizarme del mío. Gracias por la Epifanía de la que fueron arquitectas todas esas voces, pues a través de dicha revelación comprendí que lo mío es el servicio y la colaboración. Lo seguiré haciendo en corto con mis amigos cada que necesiten un pseudocoaching y con mis conferencias en un plano más colectivo.

Urgen despertares.

Moraleja:

Total que la lealtad de género existe y estoy conmovida de haberla encontrado en este momento de mi vida. Con eso me quedo.

Viejas chidas todas y cada una de ellas con espíritu todoterreno, mi admiración y respeto.

Pero de plano esta masa no está hecha para horas extras de horno.

Así pues, regreso a lo mío que es seguir bregando para encontrar la paz con #migomisma.

Disfrutar de mi cursi y bella historia de amor con mi antiplan y maestro máximo de esta vida.

Ser mejor mamá y persona sin perder lo Rufiana que –ni pedo, amigos- es mi esencia.

Ser una ex que mantenga su distancia, pero que sea a toda madre con el progenitor de mis chavitos.

Escribir en este espacio que me es tan familiar y que me acompaña diario para darme las mejores y peores noticias.

Y seguir inventando mamadas para que no decaiga el ánimo aunque el dólar se vaya a 25 por la trompetilla que se aventaron los vecinos…

 

@marthacristiana

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