La autodestrucción, el peor enemigo

Con los años me he dado cuenta de que tus verdaderos amigos son los que te aceptan y los que no, son tus maestros. En mi caso, esos maestros me enseñaron que la única aceptación imperativa es la mía, pues sólo así puedo ver a los demás a los ojos sin sentir vergüenza.

Mi mundo se colapsó por completo el día que conocí la magnitud de mi talento autodestructivo.

En aquel entonces las expectativas y la aceptación de los demás me tenía con mucho pendiente. Constantemente tomaba decisiones que nada tenían que ver con mi verdadera vocación, y posturas de víctima que me dejaban frustrada y exhausta. Le tenía miedo al futuro, a la gente, a la vida…

Pasé de ser una niña resuelta, diferente, valiente, combativa y apasionada, a una chava tremendamente insegura y vacía.

Todo el tiempo me sentía insuficiente y fuera de lugar. Necesitaba la aprobación urgente de mis (des)afectos, principalmente cuando se trataba de gente insegura que seguramente se sentía igual de insuficiente que yo…

En algún punto permití que me convencieran de que ser diferente (o poco ordinario) era una falla imperdonable, y que lo importante era ser la mejor en todo.

Sí, leyó usted bien: Te-O-De-O.

Si me animaba a ser cien por ciento yo, recibía amenazas e incontables críticas de seres muy cercanos, de tal suerte que puse cantidades industriales de tiempo y de energía en parecerme a los demás, principalmente, porque me quedaba claro que entre menos distinta fuera, menos riesgo tendría de que me quitaran a mis hijos; me volví pues, una maestra de la normalidad…

Hasta que troné.

Fue algo bastante duro por que en ese momento me parecía más apropiado terminar conmigo misma que terminar siendo –again– el cúmulo de etiquetas (cero padres) que me imponían esas personas casi todos los días (a veces con lujo de violencia).

El dolor y la autocompasión que sentía hace 15 años eran tan agudos, que genuinamente lo que yo quería era desaparecer para no contaminar a mis hijos con mi “locura”, como afirmaban esas personas (tan normalitas) que ocurriría eventualmente.

Esa etapa de mi vida es lo más cabrón que he tenido que superar. Me impactó ver lo frágiles que somos.

Los días que subsiguieron a esa crisis nerviosa fueron duros, y al mismo tiempo fueron el regalo más grande que pude recibir, porque estar pegada a mis hijos me hizo recuperar la determinación que perdí en el camino.

Entendí que un solo evento –por horrendo que haya sido- no me define como persona, y decidí que este episodio tampoco iba a definir mi futuro. No es que disminuya la importancia de este evento, simplemente mi perspectiva al respecto ha cambiado con el paso del tiempo.

Con los años me he dado cuenta de que tus verdaderos amigos son los que te aceptan y los que no, son tus maestros. En mi caso, esos maestros me enseñaron que la única aceptación imperativa es la mía, pues sólo así puedo ver a los demás a los ojos sin sentir vergüenza. También que lo que mucha gente denomina como “locura”, no es más que el miedo que experimentan cuando se topan con alguien que los confronta con lo que ellos mismos no se atreven a ser.

Y por último, que ser la mejor en todo está sobrevaluado porque ultimadamente yo ni quiero, ni pretendo salvar al planeta (ni a ninguna especie del reino animal), ni quiero tener todas las respuestas, y sí me quiero equivocar miles de millones de veces más. Mi humanidad consiste precisamente en que vengo por todo; ahí sí pa que veas: Te-O-De-O (extremo egoísmo incluido). Así que: todo el amor, el dolor, el placer, la alegría y la decepción que me toque experimentar -de aquí a que me cenen los gusanos-, bienvenida.

De ninguna manera quiero ser el ejemplo de nadie, ni pretendo ser la mejor mamá del mundo, ni la actriz más popular, ni la vieja más talentosa y menos la más inteligente (voy bien con lo que NO quiero ser).

Hoy por hoy la misión más grande que me he impuesto, es la de disfrutar a las personas que amo cuando ellas me lo permitan. Simplemente quiero vivir…

Si estás pasando por un momento difícil, mi recomendación es que pongas una pata enfrente de la otra aunque te sangren las ampollas, porque de lo contrario jamás sabrás lo que te esperaba; a veces los sueños que se logran con más éxito son los que ni sabías que tenías. Me consta.

Para que tengas serenidad, escucha tu propia voz; no te distraigas con las opiniones de los demás pues por más que ellos sepan tu historia y piensen que te conocen a la perfección, nadie siente por lo que tú estás pasando. No te metas en lo que no te importa, lo único definitivo es que el tiempo se agota así que mejor enfócate en seguir tu propio camino en lugar de revisar el de los demás. Para mí parte importante de disfrutar la vida, es estar abierta a explorar nuevas fronteras.

 

@MarthaCristiana

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Comentarios
  • Mar3moto

    Eres una doña muy bruja, me gusta tu rollo, creo y confío en la armonía de la vida, ¡cómo joden con ser felices ! En la armonía convergen el caos y los momentos más chingones; nada, que eres una mujer que me gusta leer, por auténtica y por la empatía que proyectas, dicen que la empatía causa dolor y por eso no muchos se atreven a ello; te sigo, te leo y soy fan de la foto de la escalera.
    #eldije es la neta y #lacamelia le hace segunda.

  • luxperpetua

    Nunca te había leído y ha sido muy agradable y vivificante :).

  • Mara

    Muy bueno Rufiana!