Vergaderamente Punk

Presentí la muerte de mi madre hace seis años, lo pude ver perfecto. Luego la de mi abuela Coca. Despierto y le llamo a mi hermana. Mi abuela se va a morir, vamos a Puebla a hacerle una celebración con toda la tribu.

Mis sensores están cada vez más abiertos, mis sueños son cada vez más gráficos y reales.

Mi bisabuela por parte de mi madre era bailaora y cantaora de flamenco.

Una señora Roselló.

Amo a Camarón de La Isla, “Como el Agua” es mi himno, no bailo más que #Deamentis (ya sabes, moviendo manitas y haciendo paso dizque flamenco), pero eso sí, me entra bien duro (no pun intended) el sentimiento.

Mi madre era amante de las noches de tablao. No se perdía una de esas por nada.

Tengo metida en la cabeza la idea de que los poderes que mi hermana y yo tenemos, los heredamos de esa magia gitana. De la mezcla de culturas, del duende que habita entre esos dos mundos.

No puedo contar la historia del sueño de Valentina, mi sobrina, porque le pertenece a Martha mi hermana (sí leyó usted bien, se llama Martha como yo, por eso me dicen Emci, Cristiana, Cris, Jirafa y los más igualados pos #Rufiana), pero les puedo decir que –en mi caso- con los años esa especie de don se ha ido aguzando.

Presentí la muerte de mi madre hace seis años, lo pude ver perfecto. Luego la de mi abuela Coca, soñé que ella estaba en una estación de tren y se despedía de mí pues tenía prisa. Coca me abraza, se despide, lloro, le ruego que espere, me dice que es tarde y que mi madre la espera, que tiene mucha prisa. Volteo y veo a mi madre de pie junto a la puerta de uno de los vagones. Despierto y le llamo a mi hermana. Mi abuela se va a morir, vamos a Puebla a hacerle una celebración con toda la tribu, tus hijos, los míos, mi nieto Lorenzo, Reni la mamá de Lor (e hija postiza).

Celebración en grande pues.

Martinis en copa tamaño tina como a ella le gustaban. 89 años (decía que 84) con sus medias color ala de mosca con liguero, sus tacones de 10 cm, labios color jitomate, uña larga del mismo tono, el hilo de perlas que solamente se quitaba para dormir, en fin, elegantísima como siempre…

Era octubre y murió en diciembre. Mi despedida fue en vida, mi apoyo también, así que no fui al entierro. Ese diablo que la gente pequeña ve en mí aflora cada vez que hay severas expectativas de cumplimiento del “deber social” y protoculos que se deben seguir como si fuera uno borrega.

Pues que se chinguen…

Me cagan los entierros, más si son de alguien cercano. Con el de mi mamá y el de mi papá tuve más que suficiente. No me gustan los hospitales, soy pésima para cuidar enfermos, me dan panic attacks de pensar en tener que pasar la noche cuidando a alguien.

Escapo.

El impacto del cáncer de mama de mi madre cuando yo tenía diez años, ver al arquitecto Merino (mi progenitor) todo entubado la primera vez que le dio un infarto cuando tenía yo 14 años, veintidós días (y yo con 21 años) en terapia intensiva con Aarón, mi hijo, cuando nació con 5 % de probabilidad de vida, diez días y noches sin despegarme de mi hijo Mateo prácticamente sola hace tres años me curtieron, sí, pero CORRO.

La muerte de la otra hermana de mi mamá también la vi.

Igual:

Le llamé a Martha mi hermana y le dije se va a morir la tía Maru. Me dijo sí, ya lo soñé también.

He adivinado cosas menos tenebrosas también, como por ejemplo adivinar a la altura de la séptima entrada que Red Sox ganaría el segundo partido -de la primera serie mundial que ganamos después de 86 años- en la novena entrada, con un jonrón de Bellhorn (que no era nadie importante en el equipo).

A lo que voy es a que mis antenas se han ido sofisticando con el paso de los años, o de las experiencias, digamos.

Ahora pongo más atención a las señales que me llegan. Ya no me da miedo cuando capto información y trato de mantener mi mente lo más flexible que puedo.

Ya me acepto como una bruja escaldufa declarada.

La epifanía que tuve hace muy poco en la cual se me revelaba a lo que pienso dedicar el resto de mi vida, ha sembrado semillas en un campo muy fértil y ha tenido consecuencias energéticas MUY grandes y yo lo sabía.

Lo vi perfectamente.

Sabía que iban a haber retos y manifestaciones imparables por todo lo que se movió en mi interior. Mis retos más grandes siempre son la paciencia y el perdón.

Hay gente que me puede escupir el rostro y en menos de lo que caga un pájaro yo ya me abracé y netié con esa persona a morir. Y luego están the others; los que sí me lastimaron seriamente.

Los que me calumniaron o me patearon en el momento de mayor fragilidad. Ahí está el trabajo REAL. Con esos que se han cansado de atacarme y que sí lograron –aunque sea por poco tiempo- penetrar en mi corazón. A esos (y esas) me cuesta un huevo y la mitad del otro perdonarlos.

Hace algunos meses hubieron buenos y variados retos a este respecto; enormes oportunidades de soltar situaciones venenosas que me han podrido el pensamiento por el coraje de sentirme atacada por una banda de chavas que me dan un chingo de atención. Sobrevivir a tanta mierda estos últimos dos años ha sido uno de los mayores retos de mi vida. Los odios africanos slash envidias son o porque salieron con mi ex antes de casarnos o están también las que se cogió pero no se quedó con ellas, las que se enamoraron y ni siquiera se las cogió, las que se traumaron de que se casara conmigo, las que a pesar de ser familia están enfermamente enamoradas de él (celos) y luego todas las amigas de “las hermanastras de cenicienta”, más las amigas de la novia que tuvo el ex (que ya no está en la trama) cuando nos divorciamos, más los amigos mutuos que se “quedaron” con él, y los no tan mutuos, y luego yo que soy de petites comités mana, pos sígale sumando a cómo me sentí durante varios meses. Todo estaba confuso, me sentía constantemente vulnerada, me llegaban comentarios y habladurías por todos lados. Una de las hermanastras de cenicienta (mi ex) posteó un ataque durísimo a mi persona en el feis defendiendo a su hermano de 45 añitos olvidando que a la mujer que atacó es y será siempre la única mamá que tendrán sus sobrinos nada más para el resto de sus vidas… genio.

Pero los planes se pintan solos y hace algunos meses me topé con varios de estos personajes, las que me criticaron, las que me han atacado, las que han traído mi honra de arriba para abajo, mi honorabilidad, mi esfuerzo de 16 años de matrimonio, sin tener ni idea de lo que yo pasé con mi exesposo, porque –obvio- ni se imaginan de hasta dónde puede llegar la ira de CUALQUIER dechado de bondad cuando se siente herido su ego y tampoco se imaginan la fregonería de amistad que él y yo logramos recuperar –y que mantenemos a pesar de todes– después del tsunami por el que pasamos (#Dedo).

Es más, la vida me puso a un par de estos seres justo enfrente de mi carota, nada menos que para entregarles un premio, en un escenario, delante de 500 personitas…

#Zasculera

Máxima broma de auténticos grados de dificultad…

Ahí supe que todo ha comenzado a embonar, que voy por buen camino y que todo lo que he vivido últimamente han sido aprendizajes invaluables que han edificado sentimientos de perdón y de empatía en mí. Que mi coach es un chingón y que hacer la tarea de ir a verlo (casi) todos los jueves ha rendido frutos rojos con capacidades antioxi-dan-tes.

Pasé la prueba a medias mana, para qué me las doy de chida…

Pude con cariño pensar se lo merece, a pesar de todo lo que hemos pasado y a pesar de lo que me ha afectado. Esta honorable cuarentona ha trabajado muy duro para crecer su negocio y se lo merece. No la abracé porque yo los abrazos los doy de corazón, si es forzado la energía se colapsa, así que nada, sólo un pensamiento padre de #Kudos y listo. A la otra chava ya pude sonreírle de corazón, y desearle la mejor suerte con un pensamiento muy puro.

¿Que hubiera sido mejor ya abrazar a las dos y soltar –en ese momento- por completo el asunto? Sin duda, pero reconozco mis limitaciones y mis tiempos no “tienen qué”, ni “deben de” ser los de nadie más. Además repito: no soy ni gurú, ni coach, ni nada. Soy una vieja llena de defectos que se equivoca mucho, y lo que voy encuerpando lo encuerpo desde un lugar de vivencias, no de teoría sacada de libros de autoayuda.

Hoy por hoy ya capté por qué pasan estas cosas y está palomeado el asunto, aunque ha habido otros episodios así que CONTINUARÁ, porque la vida se ha dado vuelo ofreciéndome oportunidades de oro para fortalecerme (seguro que –encima- cagada de risa cuando ocurre).

Me queda claro que DEBO -si quiero alcanzar la plenitud- de perdonar; de perdonar-ME, de tomar responsabilidad por lo que sí y no di, por las elecciones de parejas que YO solita hago, de detectar el patrón que me jode la vida, y de aceptar que nadie me puede lastimar a menos de que yo les otorgue ese permiso. Que mi energía es valiosa para seguir edificando esta realidad que tanto disfruto y -ahora- la atención que me dan algunas personas, más que nada me halaga.

Es cuestión de tomar conciencia para poder crecer un pelín más y acercarme un poco más a la serenidad que –idealmente- todos deseamos y para que esta vida fluya sin dramas, de tal suerte que no se me vaya poniendo #VergaderamentePunk.

 

@marthacristiana

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