La llave de la jaula

Si queremos transformar nuestro país, ser escuchadas y respetadas debemos cambiar nuestra cultura y a la par exigir jurídicamente nuestros derechos.

La llave de la jaula la tenemos todos y este espacio es una metáfora al respecto.

¿Qué jaula?

Puede ser desde un sistema de creencias caduco, nuestro entorno afectivo, una pareja abusiva, una relación disfuncional, una chamba cagante o nosotros mismos con el potencial autodestructivo que todos tenemos capacidad de accionar en cualquier momento. Estas y otras situaciones nos ubican en un lugar en donde la libertad para tomar decisiones exitosas es nula.

Nos ubica en una jaula.

Este espacio pretende contribuir a abrir esa jaula.

Últimamente lo que más disfruto es colaborar a una reconstrucción masiva y poderosa del estado de conciencia de cada mujer, de cada ser humano que se haya sentido violado, ultrajado, agredido, menospreciado y que por ese motivo esté en un momento de búsqueda.

Estamos frente al colapso de un esquema que mantenía, si no la cohesión, por lo menos cierta cordura en el mundo.

Ya no, esto se acabó.

Qué debemos de hacer para revertir esto por lo menos a nivel individual.

Aquí varias ideas:

Considero básico empezar educando: como mujeres darnos cuenta de la importancia de una fuerte autoestima para aprender a poner límites y decir NO y BASTA sin miedo al rechazo. A valorarnos partiendo de nosotras mismas y no en comparación o en guerra contra el sexo opuesto, sino a partir de una trinchera asertiva y amorosa, sin desprestigiar al compañero. Y como madres, ser conscientes de la responsabilidad de educar hombres y mujeres en el antimachismo y no tanto en el feminismo, pero sí en el respeto y reconocimiento a la mujer.

No es meramente un asesoría jurídica lo que muchas mujeres necesitamos, sino un espacio de difusión de nuestros derechos. Para mí lo más importante, pues he dedicado buena parte de mi vida a denunciar, es buscar la justicia y soy testigo fiel de que muchas injusticias son cometidas por el desconocimiento de nuestros derechos. Es verdad que las redes sociales nos ayudan a evidenciar los atropellos que se cometen diariamente a las mujeres, niños y adultos mayores, pero jurídicamente hay muchos mecanismos que pueden activarse para que la justicia se aplique desde las instituciones. Sé que muchas mujeres han sufrido mucho los problemas de la insensibilidad, inexperiencia, impericia y hasta corrupción de dichas instituciones, pero si queremos transformar nuestro país, ser escuchadas y respetadas debemos cambiar nuestra cultura y a la par exigir jurídicamente nuestros derechos.

Pero eso no lo haremos si no los conocemos. Por ejemplo, qué hacer en caso de sufrir violencia familiar, pensiones alimenticias, acoso laboral, derechos de la mujer embarazada, custodia, etc.

Hay muchos grupos de féminas activistas en derechos humanos abriendo esos caminos y mujeres que dentro de las instituciones trabajan diario en pro de las mujeres, porque hemos vivido la violencia, la discriminación por el sólo hecho de ser mujer…

El empoderamiento individual es responsabilidad personal, pero ninguna persona puede hacerlo sola; en su camino necesita de otras mujeres que, más avanzadas, puedan ayudarla a entender su fuerza y valor; la “Mujer Salvaje” a la que se refiere Clarissa Pinkola en su libro “Mujeres que corren con lobos”.

En este grupo al que pertenezco conformado por 9,000 y pico de mujeres veo claramente a muchas chavas que han alcanzado ya ese conocimiento, y con gran amor y sabiduría sería medular que todas tuviéramos la consigna diaria de contagiar a otras almitas que están apenas “despertando”.
Pero, un proyecto como LA LLAVE DE LA JAULA puede ser un salvoconducto a lo que tanto anhelamos… el pasaporte a la libertad, al despertar.

A la reubicación del autoestima colectivo, la transición del patriarcado actual a un mundo de verdadera igualdad.

Ese mismo formato puede ser útil a gran escala, escuchando historias de éxito y de vida de gente pública y a veces común y corriente que puede conectar con otros casos similares o hacer conciencia de otras realidades. Lo de escuchar a los niños me parece una idea genial. Son el futuro y también tienen derechos que a veces ni nosotros como padres conocemos.

Las mujeres ocupamos gran parte del mercado laboral, pero entre más subimos a los puestos de decisión, menos presencia tenemos. ¿Por qué? Porque los roles que jugamos en la sociedad nos limitan y están tan introyectados o “encuerpados” en nuestra vida que no los cuestionamos. No se trata de hacerlos a un lado, no, se trata de integrar y responsabilizar a los hombres en nuestros roles, para JUNTOS construir un mundo lo más igualitario posible por ti, por mí, por nuestros hijos, por México y, por qué no, por nuestro planeta.

Este es un mini espacio dedicado a todas las mujeres y a todas las personas que quieran volar con sus propias alas.

Awareness.

He dicho antes que no soy gurú, ni chaman, ni coach ni le puedo decir a nadie en donde está la clave de la felicidad, pero sí puedo -con la mayor honestidad- hablar de las cosas por las que he pasado y de ese modo contribuir, aunque sea un poco, a que alguien se levante como me he levantado yo infinidad de veces…

Ojo, no responsabilizo a nadie más que a mí por mis malas decisiones, simplemente puedo compartir cómo me siento y me he sentido siempre por ser un experimento (literal de laboratorio) de mi papá, de haber sido su creación al más puro estilo de Mary Shelley, de haber tenido la más intensa relación con él y la más destructiva también, de haber tenido un vacío enorme toda mi vida por la culpa que cargué durante años, por no poder conectar adecuadamente con mi madre, por haberme casado huyendo de todo y de todos a los 19 años con embarazo en puerta –premeditado- con un hombre que constantemente me tomaba de los pelos de la nuca y frente al espejo me decía “mírate pendeja, qué ves, modelo de dónde y de qué si tienes el físico más ordinario del mundo” o que me agarraba a empujones contra de las paredes con siete meses de embarazo…

La culpa de recibir a ese hijo con 5 % de probabilidades de vida después de tanto stress. De tanta violencia.

Por un periodo de depresión en el que de suerte no acabé con una adicción de alcohol o drogas; el secuestro de mis dos hijos mayores a los 10 y 12 años en ese entonces (hoy tienen 27 y 25), mi orfandad doble, mi adicción tremenda a la perfección y la cara de Lyn May con la que terminé por perseguirla, los triunfos, éxitos, millones que llegué a ganar por (únicamente) mi físico, el abandono de mi mejor amiga (por intereses económicos) cuando estaba en medio de la batalla legal más cabrona con mi último exesposo llena de miedo con amenazas tremendas por parte de él y sin un quinto en el banco. La hermosa amistad que recuperé con él después del “tsunami”. De la bendición de ser madre de cuatro hermosos chavos y abuela de Lorenzo de 7 años, todos independientes y chidos. Eso y mucho más me hace tener la suficiente empatía con cada uno de ustedes.

Quiero dedicar mi vida a conectar y a tratar de despertar conciencias para que TODOS seamos más libres, más flexibles, más tolerantes.

Pero no de gurú.

No de dientes para afuera, no con mi foto de vida perfecta.

No.

Desde mis penas, mis locuras, mis carencias, mis complejos y mis neurosis (ay, pero cuáles mana *ojitos en blanco).

Desde la humildad y del aprendizaje que cada mujer y cada persona pueda brindarme porque la sigo cagando sin control. Peeeroooo, no desesperemos gentecita, a eso venimos: a cometer errores para CRECER.

Y como pueden ver hoy el bubu que escribe es el #DalaiMama así que a los encabronados con la vida, disculpen tanto pachuli.

 

@marthacristiana

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Comentarios
  • Elena IB

    ¡Qué gusto me da leerte! ¿Te había contado ya? Yuve la suerte de trabajar con mujeres que pasaban o habían pasado por una situación de violencia, y en un intento por hacer de su camino por las instituciones un trago menos amargo improvisamos una pequeña biblioteca. El único libro que nunca regresó fue “No te dentegas” ¡Y vieras que gusto me da! Por que la vida ha sido buena conmigo me tocó dejar ese trabajo pero haciendo un recuento de los años con mi comadre, y en vista de tantos daños estamos trabajando un círculo de mujeres. Un pequeño cuscus que nos permita en modo tienda roja hablar, crecer, leer, sanar y sanarnos. Me gustó el concepto. ¡La llave de la jaula! Si logramos abrirla te cuento como nos va. Saludos.

  • Carlos Panama

    Gracias por compartir desde el interior del alma , continua sorprendiedome cómo alguién tan delicada con carita de yo no fui sea una mujer tan fuerte y comprometida en ayudar ! seguiré leyendo esta ventana de interesantes temas