¿Hogar Seguro?

Las violaciones, los maltratos físicos, los encierros, la comida con gusanos, entre otras conductas vejatorias convirtieron al Hogar Seguro de Guatemala en un infierno que provocó la muerte de 40 niñas.

Hace ya casi una semana la fuga de varias decenas de niñas de un albergue, paradójicamente llamado “Hogar Seguro, Virgen de la Asunción”, motivó la intervención de la policía para recapturarlas y encerrarlas bajo llave; como reacción a esta acción, las niñas pudieron haber encendido unos colchones, lo que provocó un incendio que terminó con la vida de diecinueve de ellas esa misma noche, y de otras veintiuno en los hospitales a los que fueron llevadas las sobrevivientes. Hasta hoy, se cuentan cuarenta niñas muertas.

La primera cuestión que salta en este terrible asunto tiene que ver con las razones por las cuales las niñas deseaban escapar de ese lugar. No se trataba de un centro de detención, es decir, ellas no eran niñas o adolescentes que hubiesen cometido algún ilícito, por cuya razón debieran estar privadas de la libertad. Es más, se trata de un espacio que estaba destinado a brindar albergue a niñas víctimas de violencia, embarazadas, con discapacidad o bien etiquetadas como adictas. Lo paradójico entonces no se limita al nombre de este establecimiento, sino que, no obstante su función declarada, el hogar seguro para las víctimas terminó siendo su último perpetrador.

¿Por qué escapaban entonces, si se supone que ahí estaban protegidas? Testimonios de otras niñas que lograron huir del sitio en otros momentos, quejas ante la Procuraduría de Derechos Humanos de Guatemala y hasta advertencias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han dejado claro que las condiciones de vida en este lugar eran oprobiosas e indignantes. Parafraseando el titular de la versión internacional de El Mundo del pasado 10 de marzo, podría afirmarse que fueron las violaciones, los maltratos físicos, los encierros, la comida con gusanos, entre otras conductas vejatorias las que se convirtieron en el disparador que convirtió al Hogar Seguro de Guatemala en un infierno.

De ahí que, sin duda ninguna, las muertes de estas niñas son responsabilidad del Estado guatemalteco.

En primer lugar, porque no hay razón alguna para mantener privadas de la libertad a niñas que son víctimas; estas niñas son absolutamente libres y, en todo caso, deberían poder salir y entrar del albergue con plena libertad; en otras palabras, no había razón alguna para que “escaparan”, simplemente deberían poder salir de ese sitio con libertad porque nada las obligaba a recibir una “ayuda” que en el fondo más bien las vejaba. Retenerlas en ese sitio contra su voluntad constituye un secuestro institucional, una privación arbitraria de su libertad. Cabe decir que, aún si hubiese mediado el consentimiento de sus padres o tutores, las niñas tienen derecho a decidir y el estado la obligación de respetar esa decisión, por lo que aún contra la voluntad de sus padres o tutores ellas podrían haber decidido salir del albergue y renunciar a la “protección” que recibían, con mayor razón si las condiciones en las que estaban viviendo atentaban contra su integridad. Por ello, quienes tengan que ver con la institucionalización de las niñas víctimas, con su retención obligada y con los malos tratos que recibieron en esa institución guatemalteca son responsables indirectos de las muertes.

Enseguida porque, una vez afuera, nadie tenía autoridad ninguna para “capturarlas”, pues no eran prófugas. La policía, por tanto, realizó una detención arbitraria; eso nunca debió ocurrir. Obviamente, si no debieron detenerlas, menos aún debieron encerrarlas. Quienes hayan tomado estas decisiones, las de detenerlas y encerrarlas, son responsables directos de estas muertes

A estas responsabilidades hay que añadir las que se han agregado por las respuestas del gobierno nacional, tanto las que hicieron caso omiso de las recomendaciones de los órganos nacional e interamericano de derechos humanos, como las tardías reacciones del presidente Jimmy Morales y en general de su administración.

La tragedia de Guatemala representa un claro ejemplo de a situación que guarda la niñez en muchos de nuestros países, donde este importantísimo sector de la población sigue ocupando una atención marginal, no prioritaria, abandonada en el mejor de los casos a políticas de corte asistencial que siguen viendo en las niñas y los niños, especialmente en los más vulnerados —los que viven en situaciones de pobreza, violencia y marginación— una población de la que se puede prescindir.

La muerte de las niñas del Hogar Seguro de Guatemala, como las de las víctimas del ABC y las del News Divine, las de las y los niños que viven y mueren en la calle, así como las vidas las que sufren en lugares como el albergue de Mamá Rosa o Casitas del Sur, están todas conectadas por el hilo de la estupidez, la indiferencia, la ignorancia, la irresponsabilidad y la malicia de quienes han tenido y tienen, e incumplen, la obligación de procurar a niñas, niños y adolescentes sus derechos humanos. Desafortunadamente, a estas historias también las conecta la impunidad. Queda esperar que en Guatemala la historia cambie y se haga justicia.

 

@LGlzPlacencia

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