Marcelino: censura o cumplimiento de una obligación

En su calidad de empleado de Radio UNAM, Perelló incumplió la obligación de respeto que, por la vía de la institución para la que realiza la emisión, le impone la Constitución General de la República.

No conozco a Mercelino Perelló; su biografía de Wikipedia dice que fue uno de los protagonistas del sesenta y ocho mexicano y, al escuchar el audio de su programa de radio en el que expresa sus opiniones sobre los casos de Tamara y Dafne, corroboro que sigue ahí, atrapado en el tiempo, nostálgico de cuando no existía la radio, la tv, Netflix y el Internet.

Aclaro que sólo puedo juzgar las palabras que vertió en Sentido Contrario, porque como he dicho, no lo conozco. Pero con sus palabras confirma que se quedó encerrado en la mentalidad de aquellos hombres que pensaban que piropear era poesía y que violar a una mujer era cumplirle su secreto deseo de ser llevada por la fuerza al placer. No cita sus fuentes, aunque detrás de su soberbia asoma la certeza que cree tener en la validez de ellas: la propia ley (caduca) y la literatura a la que alude (que podemos suponer refiere al psicoanálisis de mediados del siglo pasado). En su discurso intuye que, de algún modo, penetrar a alguien sin su consentimiento puede afectar su dignidad —es como si, dice, te embarraran mierda en la cara— pero, fiel al formalismo de quien considera que sabe derecho porque alguna vez leyó el código penal, y psicoanálisis porque escuchó hablar de la envidia del pene en Freud, afirma que hay que dudar que Dafne no haya querido ser penetrada.

Por cierto, que no reparó Marcelino en la edad de Dafne pues, de saber que tenía 17 años, habría igualmente hecho alusión, basado en algún texto famoso de biología del siglo XX, a que el desarrollo corporal de Dafne y su capacidad reproductiva pondrían en duda que se trataba de una niña.

Honestamente, el señor Marcelino no piensa distinto de muchos otros hombres, entre ellos abogados postulantes, jueces y magistrados, para los que el mundo ha cambiado tanto que resulta incomprensible. Aunque sería deseable que también ellos cambiaran, dudo mucho que eso ocurra; y sí, también estas personas cuya concepción del mundo es misógina tienen derecho a pensar como lo hacen.

Por eso, el tema aquí no es Perelló, sino si quien tiene a cargo una emisión en la radio pública universitaria puede expresar opiniones como las que el expresó y si, en consecuencia, la emisora debe permitirlo o no.

Radio UNAM es una emisora perteneciente a un órgano público autónomo a cargo de servidores públicos que están sujetos a las obligaciones constitucionales de respetar, proteger, promover y garantizar los derechos humanos, así como a los deberes de prevenir, investigar, sancionar y reparar su violación; quienes ahí trabajan, sus comunicadores, locutores y presentadores, deben atenerse por tanto a estas obligaciones y deberes, pues de lo contrario estaríamos en un supuesto que hace inválido el límite institucional por la vía de la libertad de expresión en su dimensión individual.

Si Perelló hubiese sido invitado y expresado en esa condición su opinión, el derecho a la libre expresión le protegería directamente a él. Pero como lo hizo en calidad de empleado de Radio UNAM, incumplió la obligación de respeto que, por la vía de la institución para la que realiza la emisión, le impone la Constitución General de la República. Para reparar esta violación y en cumplimiento de su obligación de proteger y garantizar la no repetición de esta conducta, Radio UNAM cancela el programa y saca del aire a Perelló. Por tanto, no hay conflicto de derechos, sino cumplimiento estricto de obligaciones y deberes. Tampoco hay censura, pues Marcelino Perelló podrá seguir pensando y diciendo lo que quiera, siempre que no utilice un medio público para hacerlo. En todo caso, no seré yo quien le escuche.

 

@LGlzPlacencia

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