Apuntes sobre el debate

Pues el debate presidencial vino y se fue. Sin demasiados momentos para el recuerdo y sin mucho que pueda alterar de fondo la dinámica electoral. Como otros ya han comentado, el formato fue desafortunado  y la producción, lamentable. Los candidatos no tuvieron tiempo ni ganas de discutir ideas con dosis mínimas de precisión. Pero, con todo, dejo algo de material para comentarios sustantivos. Van los míos, sobre los temas que ocupan a este blog:

  1. El ganador del debate en materia de seguridad pública fue Felipe Calderón: todos los candidatos aceptaron, de una forma o de otra, los rasgos centrales de la estrategia actual. Ninguno cuestionó la existencia de operativos federales sin límite temporal, nadie le puso peros al uso de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública, no hubo reparos sobre la colaboración con Estados Unidos, nadie planteó una secuencia o prioridades distintas en el fortalecimiento institucional y no hubo discusión sobre el objetivo de reducir el número de cuerpos policiales. Para retomar la vieja frase de Carlos Castillo Peraza, la victoria cultural de la actual administración fue demoledora.
  2. Todos quieren más policías: no sabemos porque o para que, pero todos los candidatos aparentemente quieren una expansión en el número de policías. El premio a la irrealidad en este tema se lo lleva Gabriel Quadri: no sólo propone multiplicar por 10 el tamaño de la Policía Federal (con lo cual, costaría por allí del 10% del gasto federal programable), sino que además quiere policías estatales con mando único (no precisó de que tamaño serían ni las razones para tener policías estatales cuando se propone la creación de una policía nacional dos veces mayor a las fuerzas armadas). Enrique Peña Nieto no le entró al juego de los números, pero sí al de imaginar nuevos cuerpos policiales: propuso la creación de una gendarmería que, según entiendo por declaraciones previas, formalizaría el rol de 40,000 miembros de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública (ignoro quien tendría el mando de esa fuerza policial ni que diferencia haría frente a la situación actual). Josefina Vázquez Mota planteó la creación de una “policía nacional con disciplina militar”: no sabemos si sería distinta a la Policía Federal ni porque se requeriría disciplina militar (¿la candidata piensa que la Policía Federal es indisciplinada? ¿Estaría mejor si sus miembros estuvieran sujetos al fuero militar y no al fuero civil?). Andrés Manuel López Obrador fue más mesurado en esto y sólo se pronunció por la creación de una “nueva Policía Federal” (suponemos que sería la misma que la actual, pero amorosa y “moralizada”).
  3. Todos quieren menos personas en la cárcel: este es un consenso agradecible. Todos reconocieron que a) el sistema penitenciario es un desastre, b) es indispensable un uso mucho más intensivo de mecanismos alternativos de resolución de conflictos y c) es necesario separar poblaciones (reos federales de reos del órden común, presos de alta y baja peligrosidad, etc.). Eso sí, sólo Quadri se refirió al uso y abuso de la prisión preventiva como uno de los motores de la actual crisis penitenciaria. Quadri también regresó a su propuesta de privatizar la administración de (algunas) prisiones. Creo que la idea es una barbaridad, porque una medida de ese género crearía un grupo de interés privado con mucho dinero y un interés abiertísimo en políticas ultrapunitivas, pero bueno…
  4. Todos quieren seguir “nacionalizando” el problema: salvo uno que otro puyazo de Vázquez Mota en contra de gobernadores priístas (habló en un momento dado de “negligencia” de gobiernos estatales priístas), no se trató el problema político central en materia de seguridad: la relación entre el gobierno federal y los gobiernos estatales. Por lo que escuché, todos quieren seguir manteniendo un arreglo que permite a los gobernadores lavarse las manos sistemáticamente (Quadri sí habló de retirar participaciones a gobiernos que no implementen la reforma al sistema de justicia penal). Es más, parecerían inclinados a reforzar esos incentivos perversos: Vázquez Mota, al hablar de su “policía nacional con disciplina militar”, afirmó que se utilizaría “para cuando los gobernadores no quieran hacerse cargo.” Los primeros en aplaudir eso serían los propios gobernadores: si saben que, ante un deterioro de las condiciones de seguridad, estaría allí el gobierno federal para rescatarlos, ¿qué incentivos tendrían para “hacerse cargo”? Ni Peña Nieto ni López Obrador se refirieron siquiera al problema y todo lo que propusieron parecería ir en la dirección de mantener la responsabilidad básica en el ámbito federal.
  5. El mundo exterior no existe: en ninguna intervención de ninguno de los candidatos, hubo referencia alguna al carácter internacional de algunos de nuestros problemas de seguridad. Nadie uso la palabra “narcotráfico” ( o “drogas”). No hubo comentario alguno sobre el rol genérico de Estados Unidos en la materia o sobre la Iniciativa Mérida en particular. No fueron mencionados  el tráfico de armas, los flujos de migrantes, la crisis de seguridad en Centroamérica o el control de las fronteras. Es como si nada de lo que sucediese fuera nos impactase dentro. El provincianismo en el tema fue lamentable.
  6. Algunos tienen una confianza desmesurada en el poder de la prevención social del delito: en este asunto, López Obrador se lleva las palmas: en su cosmovisión, la inseguridad no es más que un subproducto de la pobreza y la marginación (no sabemos como explica que el estado más seguro del país es también uno de los más pobres: Yucatán). Reducirla no requiere más que reactivar la economía. Y, bueno, algo tiene de razón: sí hay nexos causales entre falta de oportunidades y actividad delictiva, pero no son mecánicos ni directos ni unidireccionales (cuenta el capital social, las instituciones, la situacion geográfica, etc.). En general, ninguno de los candidatos reconoció un hecho básico: no todo el gasto social ayuda a prevenir el delito y él que sí ayuda, tiende a hacerlo en el mediano y largo plazo. Está muy bien que haya más acceso a la preparatoria (Vázquez Mota propuso cobertura universal) o que se rescaten espacios públicos, pero, por lo general, eso no tendría efectos medibles ni este año ni el que sigue ni probablemente en todo el sexenio que viene. Me hubiera encantado que alguien se hubiese pronunciado por la evaluación sistemática, con una lógica de seguridad, de los programas sociales (para descubrir que funciona y que no), pero supongo que era mucho pedir.
  7. Algunos creen que la “inteligencia” es una varita mágica: en este tema, Quadri se lleva el tache mayor. Primero, se arrancó con una cita de Felipe González (el expresidente del gobierno español), según la cual “el combate al crimen organizado es 85% inteligencia y 15% operación”. Además de ser una distribución perfectamente arbitraria, ¿exactamente qué credenciales tiene Felipe González para opinar sobre el tema? ¿Cómo a que banda del crimen organizado le tocó combatir? Segundo, reiteró una falacia que desgraciadamente ha cobrado carta de naturalización: a la sazón, que los gobiernos panistas “desmantelaron al CISEN” ¿De veras? Entre 2006 y 2012, el presupuesto del CISEN se duplicó en términos reales: hoy es probablemente el servicio de inteligencia civil mejor financiado de América Latina ¿Eso es desmantelar? Bueno, ¿y bajo Fox? Allí, en efecto, no creció el presupuesto, pero no le quitaron ni personal ni atribuciones a la institución ¿Cuál desmantelamiento? Tercero, la declaración revela que Quadri identifica al aparato de inteligencia del Estado mexicano con el CISEN: ¿no cuentan las capacidades de inteligencia de la Policía Federal, de la PGR o de las fuerzas armadas? ¿Nos va a decir que esas también fueron “desmanteladas”? (Resumen: Quadri no tiene ni idea de lo que está hablando en este tema). Este fetichismo de la “inteligencia” es compartido por otros candidatos (particularmente por Peña Nieto), pero ayer no lo sacaron a relucir.

En resumen, el debate me confirmó una vez más que los candidatos no han pensado en serio en el tema. Y en ausencia de esa reflexión, las inercias y los lugares comunes se acaban imponiendo. No espero en un debate como el de ayer un analisis agudo y una estrategia acabada, pero sí espero algunos destellos de pensamiento original, alguna señal de que los candidatos entienden la magnitud del reto y tienen ideas para enfrentarlo. No sé ustedes, pero eso no lo ví ayer en ninguno de los contendientes.

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