Alejandro Hope

Plata o Plomo

Perfil Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71

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El año que ya no viviremos en peligro

El diario Reforma publicó una nota hace unos días donde habló de un documento presuntamente producido por el equipo de transición del presidente electo Enrique Peña Nieto. Según la nota, el texto de marras plantea como objetivo una disminución de 50% en el número de homicidios y de 30% en el número de secuestros en el primer año de gobierno (al parecer toman de línea base los resultados de 2011).

No conozco el texto, sólo las notas que lo reseñan. Por el grado de generalidad de las propuestas listadas, parecería un documento de trabajo ya rebasado. Aún así, no deja de sorprender que el equipo de transición esté pensando en imponerse un objetivo de reducción de violencia tan ambicioso. Resulta encomiable la meta, pero ¿es posible que los indicadores de delito violento mejoren tanto en tan corto plazo?

Pues posible, lo que se dice posible, sí. Extraordinariamente difícil, también. Van algunos números para ilustrar la complejidad de la tarea:

  • Según la nota, el equipo de EPN plantea reducir la tasa de homicidio de 24 a 12 por 100,000 habitantes en 2013. Eso sugiere que están utilizando las estadísticas de mortalidad de INEGI. Hagamos entonces  los cálculos sobre esa base.
  • Considerando el crecimiento demográfico, una tasa de 12 por 100,000  equivaldrá en 2013 a aproximadamente 13,800 homicidios intencionales.
  • En 2011, se registraron, según INEGI, 27,199 homicidios. Dadas las tendencias actuales (tomando como referencia los datos del SESNSP), este año vamos a andar sobre 25,000, un promedio de 2083 homicidios por mes.
  • Para llegar al objetivo propuesto, sería necesario que el promedio mensual disminuyerá a 1150, un nivel que no se ha registrado desde 2008. Déjenme ponerlo de otra manera:  la diferencia en el promedio mensual es equivalente a todos los homicidios cometidos en Michoacán el año pasado. Es decir, alcanzar la meta equivale a borrar un Michoacán todos los meses.
  • Pero la cosa se pone aún más peliaguda si se considera que, cualquier cosa que piensen hacer, los resultados no se van a ver de inmediato. En lo que los nuevos funcionarios toman posesión de sus cargos, las dependencias se ponen de acuerdo en una nueva estrategia y esta se pone en marcha, pueden pasar algunos meses. Digamos tres para ser optimistas. Asumamos que en enero y febrero hay resultados inerciales (unos 1800 homicidios por mes), pero para marzo ya se sienten los efectos de las nuevas medidas (cualesquiera que sean). Luego entonces, se necesitaría que el promedio mensual de homicidios sea de 1020 a partir de marzo. Eso es equivalente a borrar un Distrito Federal todos los meses.

Ahora, esto no significa que la meta sea absolutamente inalcanzable. En ciudades individuales, hay ejemplos de reducción acelerada de los niveles de violencia. No tenemos que ir muy lejos para encontrarlos: tanto Tijuana como Ciudad Juárez experimentaron reducciones de 80% en el número  de homicidios en dos años.

Pero en el espacio nacional, los ejemplos son más bien escasos. Disminuir 50% la tasa de homicidio requirió cuatro años en Colombia (y eso en su momento se consideró casi milagroso). En Estados Unidos, tomó 19 años (de 1991 a 2010) alcanzar una reducción similar. Los pocos casos que se me ocurren son, en su inmensa mayoría, países en procesos de pacificación tras una guerra civil (Irak, Bosnia). No me parece que sirvan mucho como guía de lo que se puede o no se puede lograr en México.

El único caso relevante que se me ocurre es El Salvador. Como ya les he comentado en otras entradas, el gobierno salvadoreño, de la mano de la Iglesia católica y de algunos legisladores, logró en marzo pasado construir una tregua entre las dos principales pandillas o maras: la Mara Salvatrucha 13 y el Barrio 18. El arreglo requirió una concesión no trivial de parte del gobierno: los principales líderes mareros fueron trasladados de una prisión de alta seguridad a un penal normal. Sin embargo, los resultados han sido notables: el promedio diario de homicidios disminuyó 60% en los dos primeros meses que siguieron al inicio de la tregua y se han mantenido en niveles bajos desde entonces.

Esto no significa que la única manera de reducir rápidamente la violencia sea entrar en una negociación con las bandas criminales. Sí implica, sin embargo, que si se quieren resultados dramáticos, probablemente sean necesarias medidas no convencionales, cuyo impacto no requiera de largos procesos de maduración.

Desgraciadamente, nada de lo que lista Reforma como posibles medidas de la administración Peña Nieto parece encuadrar en esa definición. Se habla de  de crear una Gendarmería Nacional, duplicar el número de efectivos de élite en la PF, crear una policía de investigación científica, edificar más academias regionales de formación policial, dotar a las carreteras federales de patrullas y equipos de vigilancia modernos, y establecer líneas y sistemas estatales de auxilio y respuesta inmediata.

Esas ideas pueden ser muy buenas, pero tienen un defecto básico en términos del objetivo propuesto: ninguna se puede instrumentar plenamente en el corto plazo. Poner a funcionar una Gendarmería, por ejemplo, requeriría diversos cambios legislativos, reglamentos y manuales de operación, compra de uniformes y equipo, habilitación de instalaciones, etc.  Todo eso toma varios meses, siendo muy optimista. En consecuencia,  el impacto de la nueva corporación sobre los índices delictivos en el primer año de gobierno sería, con toda probabilidad, muy cercano a cero (y eso obviando el pequeñísimo inconveniente de que, tal como está descrita en la nota de Reforma, la Gendarmería estaría conformada por personal militar que ya está involucrado en el combate a la delincuencia organizada. Luego entonces, habría el mismo número de elementos, haciendo más o menos lo mismo, previsiblemente en los mismos lugares, pero con uniforme distinto. Salvo que el nuevo uniforme sea mágico, no entiendo porque los resultados serían muy distintos a los actuales).

El resto de la lista va por el estilo. No hay allí nada que pueda generar una caída dramática en los niveles de violencia criminal en los primeros doce meses de gobierno. Como mencione antes, es probable que lo reseñado por Reforma no sea más que un documento de trabajo con algunas ideas preliminares. Tal vez se incluyan algunas propuestas para el corto plazo en documentos posteriores. Ojalá: el país respiraría mejor si se cumpliera la meta y los cadáveres dejaran de apilarse a la velocidad de estos años. Pero pueden estar seguros de que eso no va a suceder por arte de magia. Si se hace lo mismo que hoy, con algunos ajustes, los resultados van a ser como los de hoy, con algunos ajustes. Así de facil y así de inevitable.

PD: Pensándolo bien, ¿no será que Reforma o los autores del documento se equivocaron de plazo? ¿No será que se referían a la caída anticipada para todo el sexenio y no a la disminución en el primer año de la administración Peña? Digo, de ser el caso, habría menos desconexión entre objetivos e instrumentos ¿Alguien allá afuera me puede aclarar esa duda?

PD2: Plata o Plomo cumple hoy un año de publicarse en Animal Político. No hay pastel, pero sí un muy fuerte abrazo para el gran jefe del zoológico, Daniel Moreno, para su señora esposa, mala madre (así se dice ella) y coordinadora de opinión, Claudia Ramos, para Ana Francisca Vega, la persona responsable de mi presencia en este rincón del ciberespacio, y para todo el extraordinario equipo de Animal Político. Les agradezco enormemente la oportunidad de ser una parte pequeñita de esta aventura periodística. Y para ustedes, mis queridos lectores (los cinco de siempre más los que se sumen), no tengo más que gratitud por el tiempo que se han tomado en leer y criticar las líneas que a veces me da por componer. Pienso un poco mejor gracias a ustedes y  les estoy sumamente reconocido por ese gran regalo. Espero que sigamos conversando por mucho tiempo más.

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