Alejandro Hope

Plata o Plomo

Perfil Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71

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Brownfield tiene razón (no toda, pero si alguna)

Llego tarde al tema, pero bien vale la pena entrarle. Hace algunos días, William Brownfield, secretario de Estado Adjunto para Asuntos Internacionales de Narcotráfico de Estados Unidos, en una entrevista con el periódico colombiano El Tiempo, afirmó lo siguiente:

” Hace cuatro años comenzamos un esfuerzo multinacional en México, dominado por el gobierno mexicano, y ¿qué vemos hoy? En mi opinión, estamos viendo el comienzo del fin con la decapitación de los carteles [mexicanos] y la reducción de su capacidad de operación. Es lo que vimos en Colombia en los 80 y comienzos de los 90, cuando los carteles sintieron la presión de las autoridades y su respuesta fue la violencia. Lo que sabemos hoy -no lo sabíamos entonces- es que esa era la señal de una organización al borde del colapso. Mi teoría es que eso es lo que vemos en México hoy.”

Estas declaraciones han sido tratadas, salvo excepciones, con una combinación de sorna e incredulidad en México. En algo se merecen ese tratamiento (yo creía ya rebasada la idea de que la violencia es buena noticia, pero en fin…). Sin embargo, la teoría de que podríamos estar ante los estertores de los viejos cárteles no me parece absurda. Hace seis años, existían en el país cinco grandes organizaciones del narcotráfico: Sinaloa, Golfo/Zetas, Juárez, Tijuana y la Familia Michoacana (y si quieren, añadan al cartel del Milenio) ¿Qué ha pasado con esas bandas?

  • El cártel de Sinaloa perdió el brazo de los Beltrán Leyva y luego el de Nacho Coronel. Es hoy por hoy presidida por dos tipos que rondan los 60 años (el Chapo Guzmán nació en 1957 y el Mayo Zambada en 1948). Tienen mucho poder e ingresos, pero probablemente no mucho futuro: aún si no los agarran nunca, no pueden estar muy lejos del retiro (¿O se los imaginan de septuagenarios, andando a salto de mata en la sierra de Durango? Si no los capturan o los matan antes, me los imagino viviendo sus años dorados en Bora Bora o algún lugar similar)
  • De la banda de los Beltrán Leyva queda muy poco: el H (Héctor Beltrán Leyva) sigue suelto, pero probablemente el grupo no tiene mucha influencia más allá del norte de Sinaloa.
  • El cártel del Golfo rompió con los Zetas y luego se partió en dos de nueva cuenta. Los Zetas han perdido a buena parte de sus principales líderes  (incluyendo al jefe mayor) y se encuentran divididos, según indicios recientes.
  • Los cárteles de Tijuana y Juárez sobreviven, pero son una sombra de lo que fueron en la década de los noventa, en las épocas de Ramón y Benjamín Arellano Felix y del Señor de los Cielos.
  • La Familia Michoacana perdió a su líder máximo y acabó partida entre los Caballeros Templarios y unos tipos que aún se dicen “La Familia”

Consideren además lo que ha pasado en el mercado de las drogas en estos años y lo que podría venir en la siguiente década:

  • La demanda de cocaína en Estados Unidos ha disminuído considerablemente en el último lustro (-42%). Sé que es difícil de creer, pero es cierto: allí están las encuestas de uso de drogas como prueba (sí, subestiman el número de usuarios, pero la metodología es consistente y el error es probablemente sistemático: sirven por tanto de indicador de tendencia). Y el dato es confirmado por otros indicadores de demanda (episodios de tratamiento, menciones en sala de emergencia, etc.).
  • Los flujos de cocaína podrían estarse moviendo de vuelta al Caribe, como reconoce ahora el embajador Brownfield (durante años, fue línea oficial estadounidense negar semejante posibilidad). Escribí sobre el tema hace algunas semanas.
  • Las metanfetaminas tampoco están de jauja. El pico de consumo de esa droga fue hace casi ya una década. Desde ese pico, la caída ha sido de 72%.
  • El número de usuarios de heroína se ha mantenido más o menos constante, con picos y valles, desde hace diez años.
  • El consumo de marihuana ha crecido de manera considerable, pero esa droga dificilmente representa una opción de futuro para las bandas del narcotráfico: todo apunta a que, con alta probabilidad, se legalizará su producción y comercio en Estados Unidos en algún punto de la próxima década (una encuesta recientísima ubica en 59% el respaldo a la legalización en el país vecino).

Entonces no, no es exagerado suponer que estamos ante “el comienzo del fin de los carteles”.  A mi juicio, es una muy buena noticia: a pesar de todo, es preferible combatir a un sucesor de Daniel Arizmendi que a un émulo de Heriberto Lazcano. Con bandas más pequeñas, menos organizadas, menos ricas, se quita la excusa para la inacción de muchas autoridades municipales y estatales. Más aún,  se vuelve indispensable regresar el foco de la seguridad al terreno de lo local (de donde nunca debió de haber salido).

Pero debe quedar claro que fin de los cárteles no es sinómino de fin de la violencia o eliminación de la delincuencia organizada. Bandas criminales con carácter más o menos permanente van a existir por un  buen rato. Tal vez ya no tendrán la escala para amenazar la estabilidad, integridad y permanencia del Estado mexicano, pero sí el tamaño y la disposición para atentar contra la vida, libertad y patrimonio de una buena parte de la población (vean lo que ha venido sucediendo en Acapulco a últimas fechas, como ejemplo).

¿Qué tan grave será esa amenaza? Pues depende ¿De qué? De la capacidad de las autoridades (sobre todo las locales) para fijar límites a los delincuentes, actuales o potenciales. Al fin y al cabo, el narcotráfico es un síntoma, no la enfermedad. El mal que nos aqueja es la debilidad del Estado y la ausencia de ley (un amigo colombiano me dijo alguna vez que el problema de su país era que tenía “más territorio que Estado”: bien se aplica esa fórmula para México) . Si corregimos eso, todo lo demás viene por añadidura. Si no lo corregimos, nos espera una muy, pero muy mala temporada.

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