Alejandro Hope

Plata o Plomo

Perfil Alejandro Hope es un investigador obsesionado con las drogas, el delito y varios puntos intermedios. No es legalizador, pero tampoco prohibicionista. Cree en racionar el castigo, pero no se le ocurre que la inseguridad se arregla nada más con escuelas y hospitales. Cuando no bloguea, dirige el Proyecto MC2 (Menos Crimen, Menos Castigo", iniciativa conjunta en materia de seguridad pública del IMCO y MéxicoEvalúa. Síguelo en @ahope71

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Apuntes breves sobre la captura del Z-40

Pues sí, se confirmó: el día de ayer, tropas de la Marina capturaron a Miguel Ángel Treviño Morales, alias “El Z-40″, principal cabecilla de los Zetas. Es un acontecimiento de gran relevancia que merece muchos comentarios. Van aquí algunos iniciales:

  1. Primero lo primero: felicitaciones a la Marina y al gobierno federal por la detención. Doble espaldarazo por hacerlo sin pegar tiros. El Z-40 es un individuo de una brutalidad legendaria, un torturador salvaje (por allí circulan videos de tormentos casi inconcebibles perpetrados directamente por Treviño), un asesino despiadado, un secuestrador y extorsionador contumaz. Tal vez lo peor que ha producido el submundo criminal mexicano en décadas. Desde una perspectiva ética, no se puede leer más que como buena noticia que un criminal de este tipo sea sometido a la justicia.
  2. En enero pasado, apunté lo siguiente: “En ciertas circunstancias y bajo ciertas condiciones, capturar o matar a ciertos jefes criminales puede tener un valor estratégico importante. En mi humilde opinión, Miguel Ángel Treviño Morales, alias El Z-40, entra en esa categoría por dos razones: 1) dado su historial de violencia extrema, perseguirlo de manera prioritaria mandaría el mensaje (correcto) de que ser ejemplo de brutalidad tiene consecuencias serias, y 2) sacarlo de escena acabaría de liquidar a los Zetas como organización coherente, removiendo un factor de disrupción en el submundo criminal.” Sostengo lo dicho.
  3. ¿Es el final de los Zetas? Esa pregunta tiene dos respuestas: 1) sí, como organización identificable y cohesionada, probablemente no quede mucho. Tras la muerte de Lazcano, la captura de Treviño y la detención o abatimiento de buena parte de los liderazgos intermedios, hay muy poco que pueda contener el proceso de fragmentación iniciado hace más de un año, y 2) no, seguirán existiendo individuos que se digan Zetas, se comporten como Zetas e incluso pertenezcan a bandas que porten la última letra en el nombre.
  4. ¿La disgregación de los Zetas podría generar un incremento de la violencia? Tal vez en algunas zonas: yo pondrìa el ojo en Tamaulipas y Coahuila, particularmente en Nuevo Laredo y Piedras Negras, las dos principales zonas de influencia del 40. No es impensable que en esas ciudades se registre un fenómeno similar al experimentado en Acapulco tras la demolición de la banda de los Beltrán Leyva: la multiplicación de pequeñas bandas, más conectadas a la extorsión, secuestro y robo en pequeño que al tráfico internacional de narcóticos. Hay además una complicación adicional: desde al menos 2004, el cártel de Sinaloa ha buscado infructuosamente entrar a Nuevo Laredo. No sería sorpresivo si ese grupo quisiera aprovechar el vacio dejado por la detención de Treviño para finalmente hacerse de la plaza. Sin embargo, dada su agresividad, los Zetas eran un factor sumamente disruptivo en el submundo criminal: su desaparición como organización coherente podría tener efectos pacificadores en el mediano plazo. Así que me reservo mi juicio sobre el particular hasta no tener más información.
  5. La captura de Treviño es una seña de continuidad del gobierno de Peña Nieto con la política de sexenios anteriores. De Miguel de la Madrid a la fecha, todos los presidentes mexicanos han podido presumir de la detención o abatimiento de al menos un dirigente importante de las bandas del narcotráfico. El actual mandatario no tenía porque ser la excepción. La política de decapitación de las bandas criminales no fue una ocurrencia de Felipe Calderón: para bien o para mal, es un elemento consustancial del combate al narcotráfico en México desde los años ochenta. Dejemos de discutir si eso es bueno o malo: simplemente es. Mejor discutamos en que condiciones, en que circunstancias y con que secuencia se debe perseguir a los cabecillas de los grupos criminales.
  6. ¿Tuvieron algún rol las agencias de inteligencia estadounidenses en la detención del Z-40? Lo ignoro, pero no me sorprendería. Treviño era uno de los principales blancos de la DEA y no resultaría inusual que esa agencia haya aportado datos al gobierno de México para facilitar su captura (hay que recordar que la Marina ha sido la dependencia favorita de las agencias estadounidenses desde hace varios años). Otra muestra de continuidad.
  7. ¿Qué hacer con Treviño? Yo lo extraditaría a Estados Unidos: tener a un individuo de esa peligrosidad en una prisión mexicana, así sea un reclusorio federal de alta seguridad, puede generar muchos dolores de cabeza para el gobierno. Aún detenido, tiene altas capacidades de corrupción e intimidación de funcionarios públicos. Mejor que se ocupen de él del otro lado de la frontera, donde ya tiene abiertos varios procesos.

En resumen, un aplauso para el gobierno por la captura: sacar de las calles a un individuo de este tipo amerita amplio reconocimiento. Pero hay que recordar que esto bien puede acabar con los Zetas como organización, pero no como ethos, como modo de operación, como maldita forma de obtener dinero a costa del sufrimiento indescriptible de terceros. Eso todavía nos va a acompañar por un buen rato.

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