Mariguana: no esperen milagros

El panorama está bastante claro: en materia de cannabis, el régimen vigente no tiene mucho futuro. Y eso puede ser una buena cosa en términos netos, pero, ahora que tienen viento a favor, los partidarios del comercio legal de la mariguana bien harían en no sobrevender lo que se puede esperar del fin de la prohibición.

Para 2025, la mariguana será una sustancia legal en buena parte del mundo. El año pasado, Colorado y Washington aprobaron iniciativas para permitir la producción, distribución, comercialización y posesión legal de cannabis. Otros estados probablemente sigan ese ejemplo en 2014 y 2016.

Esta misma semana, la Cámara de Diputados de Uruguay podría votar favorablemente una iniciativa que establecería un mercado legal y regulado de mariguana. Con alta probabilidad, otros países darán el mismo paso en los próximos años. México no será pionero en este tema, pero yo apostaría a que caminaremos por la ruta de la legalización cuando se termine la prohibición federal en Estados Unidos, tal vez a principios de la próxima década.

El panorama está bastante claro: en materia de cannabis, el régimen vigente no tiene mucho futuro. Y eso puede ser una buena cosa en términos netos, pero, ahora que tienen viento a favor, los partidarios del comercio legal de la mariguana bien harían en no sobrevender lo que se puede esperar del fin de la prohibición. Es importante recordar que la legalización de la mariguana:

  • No va a liquidar a los cárteles: de acuerdo con el mejor estudio en la materia, las ventas externas de mariguana representan de 15 a 26 por ciento de los ingresos brutos por exportaciones de drogas ilegales en México. El año pasado, actualizamos en IMCO los datos de ese reporte y llegamos a una estimación media de 33% (como resultado de una caída del consumo de cocaína en Estados Unidos). Es un porcentaje importante, pero se refiere exclusivamente a los ingresos por contrabandear droga al país vecino. Si se consideran todas las demás fuentes de ingreso de las bandas criminales (extorsión, secuestro, robo, etc.), la proporción es bastante menor, probablemente más cercana a una cuarta o quinta parte que a un tercio del total. No es poca cosa eliminar 20 a 25% de los ingresos de las bandas criminales, pero sin duda no es suficiente para mandarlas a la bancarrota.
  • No va a terminar con la violencia: es muy probable que, en el mediano plazo, la legalización de la mariguana produzca una disminución neta de violencia en México, pero no nos va a convertir en Noruega. En principio, sería esperable que los mayores efectos se sintieran en los principales estados de producción y tráfico, en particular en Sinaloa, Chihuahua, Durango, Michoacán, Guerrero y Oaxaca. En total, esas entidades contabilizaron 7616 homicidios dolosos en 2012. Asumamos sin conceder que la mitad de esos homicidios estuvieron conectados a la operación de los mercados ilegales de mariguana (creo que es una exageración, pero no importa para fines del argumento). Supongamos asimismo que 20% de los homicidios en el resto del país tuvo como causa principal la prohibición de la mariguana (de nuevo, no lo creo, pero en fin…). En total, eso nos daría 6625 homicidios vinculados a la ilegalidad del cannabis. Restando ese número al total del año pasado (21700), quedarían 15075 homicidios dolosos. Dicho de otra manera, en un escenario extraordinariamente optimista, la legalización de la mariguana nos ubicaría en una situación ligeramente mejor que la de 2009 (el año en que sucedió esto, esto y esto). Eso implicaría una tasa de homicidio seis veces superior a la del promedio de países de la OCDE.
  • No va a vaciar las prisiones: de acuerdo a una encuesta elaborada por el CIDE en 2012, 60% de los reclusos en las prisiones federales está encarcelado por delitos contra la salud. De ese total, 58.7% está allí por delitos relacionados con la mariguana. Eso implica 35.2% del total de los reos en el sistema penitenciario federal. A mayo de 2013, las 15 prisiones federales tenían 24,854 reos, 10% del total nacional de reclusos. Existían asimismo 24,975 reclusos del fuero federal en prisiones estatales y municipales. Es muy probable que la proporción de reos con acusaciones vinculadas a la mariguana sea similar entre esa población que en el sistema federal. En consecuencia, si se liberase a todos los presos del fuero federal con cargos relacionados a la mariguana, habría una disminución máxima de 7 por ciento en el tamaño de la población penitenciaria total (20%*60%*57%). Y digo máxima porque muchos prisioneros que están en la cárcel por delitos relacionados con la mariguana también enfrentan procesos o fueron sentenciados por otros delitos (posesión de otras drogas, posesión de armas, etc.). Esos seguirían presos aún si se legalizase la mariguana (aunque probablemente por menos tiempo). Tal vez se me olviden algunos reos del fuero común, encarcelados por delitos relacionados a la mariguana (dados los cambios legales en materia de narcomenudeo), pero son con alta probabilidad un número relativamente menor.
  • No va a resolver los problemas del erario público: permítanme un pequeño ejercicio para ilustrar proporciones. En 2012, el Colectivo por una Política Integral Hacia las Drogas (CUPIHD) levantó una encuesta entre usuarios de drogas ilegales en la capital del país. Según las estimaciones surgidas de ese ejercicio, el mercado de la marihuana en la Ciudad de México tiene un valor aproximado de 30 millones de dólares. Siempre me ha parecido un poco alto ese cálculo, pero para fines del argumento, démoslo por bueno. Ese número implica que, más o menos, el mercado nacional valdría de 250 a 300 millones de dólares y, en términos de volumen, estaría en algún punto entre 250 y 300 toneladas (estimando el precio promedio en un dólar por gramo, con mucha variación por calidad). En condiciones de legalidad, los precios previsiblemente disminuirían (por reducción de riesgo y ganancias de eficiencia al no ser subrepticias la producción, distribución y venta) ¿Cuánto? Es difícil saberlo, pero el tabaco ofrece un símil útil. Antes de impuestos, el precio al menudeo del tabaco para cigarros es de aproximadamente 60 centavos de peso por gramo (en promedio). Asumamos que la mariguana legal se venda al triple, 1.80 pesos por gramo (producir tabaco y producir mariguana no son procesos radicalmente distintos, así que es algo exagerada la estimación). Supongamos que se le impone una carga tributaria similar a la del tabaco (160% ad valorem). Eso aumentaría el precio al menudeo a 4.70 pesos por gramo, lo cual significaría una disminución aproximada de 63% con respecto a precio actual. Supongamos que la elasticidad-precio (la sensibilidad de la demanda ante cambios de precio) es cercana a la unidad, es decir, que por cada punto porcentual de caída de precio, la cantidad demandada aumenta en un punto porcentual. Eso llevaría el mercado nacional a un volumen entre 400 y 490 toneladas. Multiplicando por 4.7 pesos por gramo, se obtendría un valor de mercado entre 1880 y 2303 millones de pesos, de los cuales 62% iría a Hacienda. Es decir, se tendría una recaudación potencial entre 1165 y 1428 millones de pesos. Y a eso habría que quitarle la casi inevitable evasión (8-10% en el caso del tabaco). Conclusión: siendo muy optimistas, se recaudarían efectivamente unos mil millones de pesos por concepto de marihuana. No es un monto despreciable, pero ciertamente no resuelve el problema de las finanzas nacionales. Equivale al presupuesto de la delegación Álvaro Obregón en el DF o bien al 0.03% del Presupuesto de Egresos de la Federación ¿Y no se podría recaudar algo más por exportación de mariguana? Pues tal vez, pero poner un impuesto a la exportación implica por definición abaratar aún más el producto en el mercado nacional ¿De veras querríamos eso? Y aun así, difícilmente se recaudaría mucho más: el mercado al menudeo de Estados Unidos vale hoy 30 mil millones de dólares. Post-legalización, difícilmente llegará a la décima parte y buena parte va a ser surtido por la tremendamente eficiente agricultura comercial estadounidense. Entonces no, por allí tampoco va a haber mucho dinero.

En resumen, el fin de la prohibición de la marihuana podría traer muchas cosas buenas (y algunas malas). En el neto, yo apostaría a que el efecto va a ser de signo positivo. Pero su impacto va a ser más bien modesto. No van a quebrar los cárteles ni se va acabar la matazón. No se van a vaciar a las prisiones ni se van a llenar las arcas públicas. En todas esas dimensiones, probablemente la aguja se mueva en el sentido correcto, pero poquito.

Entonces no hay que sobrevender, no hay que hacer promesas incumplibles, no hay que esperar efectos mágicos, no hay que sembrar la semilla de la desilusión posterior. En seis palabras, no hay que ser Vicente Fox.

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