Cinco apuntes sobre espionaje

Ya nos espiaron y ya nos enteramos. Podemos y debemos hacerle pagar un costo al gobierno de Estados Unidos por su torpeza.

Dato 1: durante varios meses (si no es que años), el gobierno estadounidense, por la vía de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA por sus siglas en inglés), mantuvo un activo programa de espionaje en México, incluyendo la intervención de comunicaciones electrónicas del entonces Presidente de la República, Felipe Calderón, y del entonces candidato presidencial, Enrique Peña Nieto.

Dato 2: por razones inexplicables, algunas personas consideran que mis opiniones sobre el particular resultan interesantes.

Con el respetable no se discute. Van entonces cinco apuntes (no muy interesantes):

  1. ¿Por qué el gobierno de Estados Unidos espió a su contraparte mexicana? Por una sencilla razón: puede hacerlo. En este negocio, las capacidades determinan los blancos: si es posible obtener subrepticiamente información de otro gobierno, a bajo costo y con poco riesgo de ser descubierto, ¿por qué no hacerlo? ¿No lo haría el gobierno de México si tuviese esas capacidades? Si contáramos con las herramientas para intervenir las comunicaciones del Presidente Obama, sin correr mucho riesgo en la operación (al menos a primera vista), ¿qué loco se negaría a tener esa información?
  2.  La jugada le salió mal a la NSA (y al gobierno de Estados Unidos, en general) porque se no tomaron precauciones suficientes para resguardar la información. Le dieron acceso a un contratista externo (Edward Snowden), con mal carácter y agenda propia, que decidió regar el tepache a la menor provocación. Eso, digámoslo gentilmente, es una imprudencia. Y las imprudencias se pagan. Por tres vías en este caso: a) se van a dificultar (no imposibilitar) las intervenciones futuras de la NSA, ya que todo mundo va a reforzar su sistemas de seguridad de la información, b) varios gobiernos se van a mostrar más resistentes en sus tratos diplomáticos y de inteligencia con Estados Unidos y c) es posible que se le cierren algunas puertas a empresas estadounidenses de tecnología de la información y del sector seguridad y defensa
  3. ¿Hay complicidades en el gobierno mexicano? Probablemente no. Tal vez negligencia. Tal vez no se implementaron protocolos suficientemente robustos de seguridad de la información. Quizás las soluciones de encriptación utilizadas en Presidencia no eran las mejores. Pero hay que poner las cosas en perspectiva: la NSA tiene un presupuesto anual de 11 mil millones de dólares. Eso equivale a 40 veces el presupuesto del CISEN y seis veces el de la Policía Federal. Se trata de la mayor organización de inteligencia de señales (o SIGINT, como se conoce en el medio) más grande de la historia de la humanidad. Si quieren penetrar un sistema en México, lo van a lograr, hagamos lo que hagamos. Es como poner a jugar al Bayern Munich contra el Celaya: así jueguen al catenaccio los del Bajío, el partido va acabar en goleada.
  4. ¿Entonces no hay que hacer nada? No, por supuesto que hay que hacer algo. Algo como: a) poner en suspenso algunos programas de cooperación vinculados a la Iniciativa Mérida, b) dificultar temporalmente la operación de las agencias estadounidenses de inteligencia en México, c) cerrar durante un rato la puerta a empresas estadounidenses del sector seguridad y defensa en licitaciones públicas de dependencias federales, d) reforzar los sistemas de seguridad de la información en las entidades públicas (para ponérsela algo más difícil a los hackers de la NSA) y e) si hay en puerta alguna visita del Presidente Peña Nieto a Estados Unidos, posponerla. Nada de eso pasa del terreno simbólico, pero algún costo tienen que pagar los vecinos por su pifia.
  5. Al final del día, la mejor protección contra el espionaje es no decir nada particularmente importante ni reprobable por canales que puedan ser intervenidos. Si los funcionarios mexicanos no quieren que gobiernos extranjeros se enteren de lo que están pensando, tal vez sería útil que no traten el e-mail como confesionario (parafraseando a Héctor Aguilar Camín). Eso, o desarrollar algún código que dificulte un poco la interpretación de los mensajes interceptados (algo como esto).
En resumen, ya nos espiaron y ya nos enteramos. Podemos y debemos hacerle pagar un costo al gobierno de Estados Unidos por su torpeza. Podemos y debemos reforzar nuestros sistemas de seguridad para que no sea tan fácil el espionaje futuro. Pero eso no nos debe hacer olvidar que a) nos van a volver a espiar, b) no hay mucho que podamos hacer para evitarlo, y c) nosotros haríamos lo mismo si tuviéramos las capacidades. El espionaje es como la pornografía: todo mundo lo utiliza, todo mundo niega utilizarlo, todo mundo se avergüenza de utilizarlo (cuando se es descubierto), pero nunca nadie deja de utilizarlo nada más por vergüenza.
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