La toma de Lázaro Cárdenas: cuatro apuntes breves

Tomar Lázaro Cárdenas no resuelve Michoacán. No desmantela a los Templarios, no atiende el problema de las guardias comunitarias, no soluciona la crisis política del estado, no impulsa la transformación institucional. Se requieren otras piezas, otros instrumentos, articulados en una estrategia más amplia y eso es lo que aún no se observa.

La crisis michoacana adquirió tonalidades costeñas. Hace dos días, fuerzas federales tomaron la ciudad de Lázaro Cárdenas, asumieron el control sobre la administración del puerto y desarmaron a la policía municipal.  Es, sin lugar a dudas, la acción más dramática (y más calderonista) que ha emprendido hasta ahora el gobierno de Enrique Peña Nieto en materia de seguridad ¿Cómo leerla? ¿A qué propósito responde? No lo sé, pero van algunas reacciones al vuelo:

  1. Resulta imposible desvincular esta decisión de los acontecimientos ocurridos en días pasados en diversos municipios de Tierra Caliente. Lázaro Cárdenas es la respuesta a la balacera de Apatzingán y los atentados contra la CFE. En ese sentido, es una buena noticia: al menos, el gobierno reconoce la gravedad de la crisis y la necesidad de hacer algo. Eso es menos inquietante que repetir neciamente que todo está bajo control.
  2. El puerto de Lázaro Cárdenas es el corazón de la economía ilegal de Michoacán. Por allí entran los precursores que permiten fabricar metanfetaminas, por allí sale (tal vez) parte de la droga que se produce en la región. Allí se extorsiona a placer, allí se han implantado formas sofisticadas de robo y expoliación (como ésta, por ejemplo). Tiene por tanto claro sentido estratégico tratar de recuperar el control sobre ese espacio. En principio, pocas cosas golpearían tanto a los Caballeros Templarios como perder Lázaro Cárdenas.
  3. Una cosa es la teoría y otra la práctica. Sin duda, los Templarios se verían muy disminuidos sin el control sobre Lázaro Cárdenas. Pero eso sólo puede suceder si a) las fuerzas federales se quedan en número importante durante un plazo largo o, b) se generan capacidades estatales y municipales para lidiar con el problema. Lo primero es muy difícil (alguna otra crisis surgirá en algún otro lugar en algún momento) y lo segundo es improbable en las circunstancias políticas actuales. La sustentabilidad de largo plazo de la operación está envuelta en puntos de interrogación.
  4. Una verdad de perogrullo: tomar Lázaro Cárdenas no resuelve Michoacán. No desmantela a los Templarios, no atiende el problema de las guardias comunitarias, no soluciona la crisis política del estado, no impulsa la transformación institucional. Se requieren otras piezas, otros instrumentos, articulados en una estrategia más amplia. Y eso es lo que aún no se observa (o, al menos, yo no la veo). ¿Qué sigue después de Lázaro Cárdenas? ¿Qué más viene? No tengo idea.
En resumen, aplaudo la decisión de tomar Lázaro Cárdenas, pero al mismo tiempo me inquieta. Parece una medida reactiva, determinada más por las acciones de los criminales que por una estrategia bien concebida. Puede tener algunos efectos positivos en lo inmediato, pero ¿cómo sostenerlos en el largo plazo? ¿Lo han pensado ya? ¿Hay una secuencia, un orden, una lógica? No lo sé, pero la duda no me deja dormir muy tranquilo.
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