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Peña Nieto no es la señora de la casa

 

Por: Emmanuel Maceda

El 12 de enero de 2001 por decreto presidencial se crea el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) con la finalidad de coordinar y concertar acciones con las instancias federales y estatales para institucionalizar la perspectiva de género en las políticas públicas.

La creación de este instituto constituyó un gran logro del movimiento feminista, debido a la enorme dificultad para colocar los temas de las mujeres en la agenda pública. El INMUJERES tiene la difícil tarea de visibilizar a las mujeres en un contexto donde se deslegitima su quehacer y donde sus derechos no son prioridad.

Hace unos días el presidente electo, Enrique Peña Nieto, y su equipo de transición propusieron una iniciativa para reformar la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, en la que se proponía que tras 11 años de actividades, el INMUJERES fuera parte de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) manteniendo su personalidad jurídica como organismo autónomo. Las bancadas del Partido Acción Nacional y el Partido Revolucionario Institucional acordaron no aprobar este aspecto de la reforma a la ley.

Por su parte, Rosario Robles, vicecoordinadora de Desarrollo Social del equipo de transición de Peña Nieto dijo que la propuesta de sectorizar INMUJERES a SEDESOL no afectaba en nada a los estatutos del Instituto, pues al mantenerse como un órgano descentralizado no se convertiría en un apéndice de la dependencia. Pero entonces ¿por qué realizar las modificaciones a la ley? ¿Por qué considerar a los asuntos de las mujeres como competencia de la SEDESOL?

Esta propuesta del próximo gobierno muestra distintos aspectos a analizar. En primer lugar, evidencia la carencia absoluta de conciencia de género de Peña Nieto y su equipo de trabajo. Cabe recordar que no es el primer tropiezo en esta materia, cómo olvidar la respuesta que dio al ser cuestionado sobre si sabía el precio de la tortilla y decir que eso era un asunto “de la señora de la casa”.

La falta de perspectiva de género en la visión del presidente electo se refleja en tratar a las mujeres como una minoría o un grupo en condiciones de riesgo o vulnerabilidad. Ello a pesar que las mujeres representan el 51.2% de la población del país y a que están presentes en todos los espacios sociales, por lo que las acciones específicas para proteger sus derechos deben ser transversales.

En segundo lugar, pretender sectorizar este instituto debido a que “solamente capacita a funcionarios” muestra una estrategia muy clara; no priorizar las políticas públicas enfocadas a las mujeres. En lugar de proponer otorgar fuerza jurídica al INMUJERES, lo minimiza al decir que solamente se dedica a tareas de capacitación. Si el presidente electo tuviera una perspectiva de género se daría cuenta de que las mujeres, sólo por la condición de serlo, no tienen las mismas oportunidades que los hombres y padecen doble y triple discriminación.

En este sentido, la tarea del Instituto bien debe coadyuvar al diseño de políticas públicas para disminuir el trato desigual que padecen las mujeres. Además, ignora los logros y productos de este Instituto, que son notables, entre ellos, el haber promovido la Ley para la Igualdad entre Hombres y Mujeres y la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

La falta de compromiso de Peña Nieto con los temas de mujeres no es nueva; durante su gestión como gobernador del estado de México, el Instituto Estatal de las Mujeres se transformó en un consejo y formando parte de la Secretaría de Desarrollo Social. Aunado a lo anterior habría que recordar la cifra alarmante de feminicidios, desapariciones y de violencia sistemática contra las mujeres y la indiferencia de las autoridades ante este fenómeno.

Según Rosario Robles, la sectorización representaba un intento para que SEDESOL realizara políticas integrales, pero resulta inconsistente pretender realizar políticas públicas integrales cuando la implementación, el monitoreo y la evaluación se dan de forma centralizada. Con esta noción de las políticas también se ignora que un elemento indispensable de la integralidad es la focalización, principio que va más allá de las políticas universales de desarrollo humano.

Al integrar a todos los grupos sociales en una sola secretaria, se corría el riesgo de juntar todo para no hacer nada e invisibilizar a las mujeres. Esta reforma habría reducido a INMUJERES a una función ejecutiva dependiente de SEDESOL, lo que limita sus posibilidades de incidencia. La igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres a través de la institucionalización y transversalización de la perspectiva de género es la prioridad del Instituto por lo que es importante que mantenga su autonomía y se le fortalezca.

Con la iniciativa propuesta por Peña Nieto, la labor del instituto se veía comprometida al perder su autonomía. La sectorización dejaba a INMUJERES en un segundo plano, como también a las mujeres mismas. Las políticas públicas habrían sido focalizadas y de carácter asistencial, dando apoyos a las mujeres, lo que no modifica en forma alguna su situación, al contrario, aumenta las barreras invisibles que impiden su desarrollo y empoderamiento.

Lo integral de las políticas radica en buscar reducir las brechas de género e involucrar tanto al gobierno federal, estatal como al municipal con la sociedad civil, pues la igualdad no es un tema de una sola secretaría, sino de todas las secretarías y de toda la administración pública.

La lucha del movimiento feminista mexicano por la aplicación de políticas para alcanzar la igualdad, la lucha contra la discriminación, la promoción de la paridad y la erradicación de la violencia no ha terminado. El Instituto es la instancia oficial para promover estas acciones.

Robles argumentó a favor de la iniciativa que SEDESOL dejará de tener como tarea principal el combate a la pobreza y concentrará su trabajo en una visión de igualdad, por lo que planteó que debe evitarse la dispersión de políticas de atención a grupos específicos de la sociedad mexicana. Pero no se puede tratar igual a los diferentes, pues no todos los grupos parten en la misma situación de desventaja ni son homogéneos, por lo que deben aplicarse acciones afirmativas con características específicas para cada grupo y en este caso, para cada espacio en el que las mujeres estén presentes, es decir, actuar bajo una noción amplia de igualdad.

SEDESOL habría capturado las diferencias en una sola estructura. Esto hubiera tenido como consecuencia que, además de que el trabajo del Instituto se da en un contexto adverso caracterizado por el androcentrismo, las políticas hacia las mujeres se subordinaran a la coyuntura y negociación políticas.

En conclusión, la sectorización hubiera devenido en invisibilización. El movimiento feminista ha luchado por poner en primer plano a las mujeres y la primera acción del nuevo gobierno representaba su negación, su invisibilización. De esta forma, el liderazgo que debe asumir INMUERES no puede ser comprometido y regulado por otras instituciones. La SEDESOL habría hecho que el instituto entrara en una dinámica de estado paternalista, funcionamiento característico de los gobiernos del PRI, donde se darían apoyos a las mujeres. La misión del Instituto es de mucha mayor trascendencia.

Es importante resaltar que la propuesta de Peña Nieto no fue aprobada principalmente por la presión social ejercida por grupos feministas y por las redes sociales, sobre todo por Twitter. Es menester que las personas que nos asumimos como feministas estemos alerta para no perder los derechos que tanto han costado ganar; debemos observar las consecuencias de la actuación del gobierno.

La autonomía de INMUJERES debe considerarse no solamente como el primer tropiezo del presidente electo, sino también como una motivación más para seguir luchando por los derechos de las mujeres. Por ahora, el instituto mantiene su autonomía y con ello se abona también a la visibilidad de los problemas estructurales que padecen las mujeres. Peña Nieto, efectivamente, no eres la señora de la casa.

 

* Emmanuel Maceda es sociólogo

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