Judith Butler o hacer que los cuerpos importen

De la lectura de Judith Butler se desprende una práctica política donde se busca hacer que los cuerpos importen: el de la migrante víctima de feminicidio, el de la mujer indígena que se desangra en la sierra tras un aborto espontáneo, el de la trasvesti trabajadora sexual golpeada por la policía, el de la mujer criminalizada por abortar.

Por: Omar Feliciano (@tipographo)

 

A Pepe Romero, la Letal y Kaleido por sus actos corporales subversivos

 I am much more open about categories of gender, and my feminism has been about women’s safety from violence, increased literacy, decreased poverty and more equality”.

Judith Butler

 

Escribir sobre Judith Butler es demasiado personal. Tengo que escribir desde mi cuerpo sodomita afeminado, cuyos contornos y movimientos lo ponen fuera de la norma, volviendo abyecto e indeseable. La noción Butleriana del género como una repetición de actos que es instituido por la estilización del cuerpo es la columna vertebral del performance que he desarrollado en el enclave queer en la calle de República de Cuba, Distrito Federal. La lectura del capítulo “El género en llamas: cuestiones de apropiación y subversión” de su libro “Cuerpos que importan” es parte del marco referencial de mi happening Polari’s Kiki Ball que organicé días antes de su visita a la capital (Crónica de 4U Mag y entrevistas de i-D Magazine).

En este capítulo, Judith Butler profundiza la comprensión feminista del travestismo masculino más allá de la misoginia, ya que al analizar el documental “Paris is Burning” concluye que la imitación paródica del travesti no es una imitación, sino el centro mismo del proyecto heterosexual y sus binarismos de género, el “travestido no es una imitación secundaria que supone un género anterior y original, sino que la heterosexualidad hegemónica misma es un esfuerzo constante y repetido de imitar sus propias idealizaciones”. Con Judith Butler se enuncia la idea de que el género no está inscrito en los cuerpos naturales, no como una especie de programación social escrita en cuerpos naturales, como se había teorizado antes que ella.

La visita de Judith Butler a México me emocionó. Tuve oportunidad de escucharla en la sala Nezahualcoyotl con varias generaciones de feministas y activistas LGBT que han visto impactada su visión y su práctica por las ideas de la filósofa. Los boletos se acabaron en tres horas. Sí, ella es una estrella de rock, sé de varias personas que vinieron al DF sólo para verla. Nuestra actitud hacia ella y la administración de su celebridad, así como el malestar ante la organización del evento, han estado presentes en internet este mes.

La blogósfera feminista está en llamas en relación con la visita de Santa Judith de Todos los Géneros y el análisis de su obra. En Judith Butler en México, Ayotzinapa y la (autovalidación), Guillermo de León analiza el malestar provocado por la administración social del conocimiento en relación a la visita a México, y hace una lectura crítica del texto de Genaro Lozano, “Vulnerabilidad y Resistencia” y de “Encarnación: notas sobre la conferencia de Judith Butler y el contexto mesoamericano”.

¿Se pueden criticar los discursos neoliberales de identidad mientras se reproduce en el acto la dinámica de la celebridad? Ante una pregunta del público, Judith Butler nos hizo ver nuestra falta de teoría decolonial: ¿De verdad esperamos que una profesora gringa, como ella se definió, nos dé respuestas sobre los feminicidios? ¿Podemos cuestionar naturalidad de la categoría de raza de la misma manera que lo hacemos con la de sexo o seguimos atrapados en la narrativa de la raza cósmica? “Conviene preguntarnos para qué nos sirve y para qué usamos el pensamiento de figuras como Judith Butler”.

Al igual que muchas otras personas, no había podido hacer una relación entre su trabajo sobre la fenomenología del género, sus reflexiones sobre la ontología de la vulnerabilidad y las consecuencias en la práctica política en relación con las vida precarias. Su conferencia fue deslumbrante y me llevó a entender su reflexión filosófica como un solo cuerpo:

La vulnerabilidad no es lo opuesto a resistencia. Quiero argumentar afirmativamente que la vulnerabilidad entendida como una exposición deliberada ante el poder es parte del significado de la resistencia política como una ejecución desde el cuerpo (embodied enactment)”. Es decir, para ella la vulnerabilidad es una potencia, este es uno de los tres ejes de la conferencia tal como lo señala Donovan Hernández en Judith Butler, filósofa en tiempos de oscuridad.

La obra de Judith Butler desnaturaliza las categorías de sexo/género para plantear cómo ciertos cuerpos son puestos fuera de la escena y sujetos de una política de la precarización que enfatiza la condición vulnerable del cuerpo. Al echar mano de la arquitectura, estudios de la discapacidad y la teoría política, Judith Butler nos plantea un sujeto político a partir de esta operación.

La filósofa habló de la vulnerabilidad del cuerpo, de la solidaridad necesaria para superar la precariedad impuesta y de la fuerza política de desplegar esta vulnerabilidad en el espacio público. Es decir, hacer que las vidas precarizadas de los cuerpos abyectos sean dignas de ser lloradas. Comentaba con mi querido amigo el filósofo activista que con el siglo XX hemos visto aparecer la entrevista como un nuevo dispositivo para que los autores hablen de su pensamiento filosófico: tienen poco espacio para hablar de manera clara sobre sus ideas a un público no especializado. Por eso el epígrafe de este blog viene de una entrevista, ya que deja muy claro el feminismo de Judith Butler: al tiempo que desestabiliza categorías como el género o la raza, busca crear una ética para pensar y resistir la violencia y abogar por la igualdad desde una práctica política que supere las categorías.

Judith Butler reconoce que su trabajo filosófico ha sido llevado a cabo con el objetivo de expandir y mejorar el campo de posibilidades para la vida corporal. De la lectura de Judith Butler se desprende una práctica política donde se busca hacer que los cuerpos importen, el de la migrante víctima de feminicidio, el de la mujer indígena que se desangra en la sierra tras un aborto espontáneo, el de la trasvesti trabajadora sexual golpeada por la policía, el de la mujer criminalizada por abortar, el del ciudadano que es golpeado en una protesta, el de la madre adolescente que se ve obligada a desertar de la escuela, el del estudiante que protesta y es desaparecido por la necropolítica del narco-Estado…

 

* Omar Feliciano, Medios Digitales de @GIRE_mx

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