Propaganda de guerra

 

Por: Diego de la Mora, investigador del área de Presupuestos y Políticas Públicas.

 

Instalaciones de la Policía Federal rutilantes, policías con uniformes impecables, helicópteros de la SSP que sobrevuelan la ciudad, narcos atrás de las rejas… el nuevo programa de televisión policiaco que transmite el canal 2 de Televisa desde el 9 de mayo no es cualquier publicidad oficial; es un infomercial que halaga los éxitos de la guerra en contra del narcotráfico de Calderón. Se trata de El Equipo, una serie en la que la SSP invirtió, según datos obtenidos por el periodista Jenaro Villamil, alrededor de 150 millones de pesos.

 

Y la ficción se confunde con la realidad. Para la producción de El Equipo se utilizaron recursos públicos: parte del programa se grabó en las instalaciones de la Policía Federal y algunos de los extras que participaron son servidores públicos adscritos a la Secretaría de Seguridad Pública. Además, en las escenas se utilizaron helicópteros y otras herramientas que pertenecen a dicha corporación policiaca.

 

Más allá del posible desvío de recursos públicos (no se conocen los términos mediante los cuales se acordó el usufructo de bienes públicos para una actividad privada), la transmisión de dicho programa nos hace observar un fenómeno poco discutido en México: una comunicación entre gobierno y sociedad que se confunde cada vez más con propaganda y afecta de manera cotidiana la vida de las y los mexicanos.

 

La percepción de lo que ocurre en el espacio público es influida, en buena medida, por lo que escuchamos, leemos y vemos en los medios de comunicación. Los publicistas aprovechan estas posibilidades de modificar nuestra percepción de la realidad para intentar vendernos de todo: coches, detergentes, donas… y también candidatos y partidos políticos. En México, la Constitución regula la “propaganda gubernamental” (en los artículos 41 y 134) y la Secretaría de Gobernación acuerda unos lineamientos que norman la comunicación social y publicidad de las dependencias del Gobierno federal. De manera similar, la Secretaría de Hacienda prevé el Concepto de gasto 3600 para pagar servicios de comunicación social y publicidad.

 

Sin embargo, El Equipo pertenece a otra clase de publicidad que, a partir de este sexenio, se ha vuelto común. Este programa de televisión es sólo la extensión de las campañas millonarias de comunicación sobre la guerra en contra del narco que cumplen con todas las características de la propaganda de guerra.

 

La propaganda de guerra empezó usarse durante la Primera Guerra Mundial por ambos bandos, fue perfeccionada por los nazis y ha sido utilizada desde entonces por diversos Estados en conflictos bélicos. La propaganda política se puede estudiar a partir de algunos principios que fueron difundidos por Jean Marie Domenach en 1943 (pueden ser consultados aquí). Lo que sigue es una revisión de la propaganda que acompaña a la estrategia de la guerra contra el crimen organizado de este gobierno a la luz de los principios de la propaganda de Domenach:

 

1.     Simplicidad. El mensaje debe ser entendido por la mayor cantidad de personas sin requerir demasiado esfuerzo. El eslogan de El Equipo es un ejemplo de este principio: “ellos saben que el bien vence al mal”.

2.     Ley de la espoleta. Se trata de que el mensaje tenga una fuerte carga emocional dirigida a la parte más vulnerable del individuo. El eslogan de las campañas de la Secretaría de Seguridad Pública es claro en este sentido. “Para que la droga no llegue a tus hijos” apela a una de las principales preocupaciones de millones de personas: la salud de sus hijos e hijas.

3. Simpatía. Las ideas no se combaten con argumentos lógicos sino con provocaciones dirigidas a los sentimientos. La publicidad del Gobierno federal no habla de las causas del consumo o el tráfico de drogas. Tampoco habla del problema sanitario que suponen, ni discute las implicaciones de una posible legalización. Mejor se alude al sentimiento de inseguridad reinante.

4.     Síntesis. Apelar a la intuición es más efectivo que apelar a la razón. Por tanto, es más importante la síntesis que el análisis. Las conclusiones se presentan antes de que la persona que las recibe pueda llegar a sus propias conclusiones. La presentación de presuntos delincuentes ante la opinión pública como si fueran animales peligrosos parece una cuestión natural. De manera intuitiva, nos vamos con la idea de que esas personas son delincuentes peligrosos que tienen que estar rodeadas de agentes armados y ya no nos detenemos a pensar en que hace falta un proceso judicial para que esas personas puedan ser declaradas culpables.

5.     Sorpresa y renovación. Antes de esperar las respuestas del bando contrario se debe difundir información nueva.

6.     Repetición. Para que los mensajes sean retenidos, se tienen que reiterar tantas veces como sea posible. A Goebbels, el ministro de propaganda nazi se le atribuye la frase de “una mentira repetida mil veces se vuelve verdad”. La insistencia con la que se repiten los mensajes del gobierno federal en los diversos medios de comunicación es apabullante: hasta en el cine se transmiten comerciales sobre las fuerzas de seguridad.

7.     Dosificación. Además de repetir los mensajes, la propaganda requiere mantener una presencia y una imagen constante en los medios. La necesidad de una guerra contra el crimen organizado ha sido repetida en dosis cotidianas a partir de miles de spots de televisión, mensajes de radio, anuncios en los periódicos, entre otros.

8.     Saturación y desgaste. Son resultado de la repetición y la dosificación, e implican cambiar los pensamientos que comparte una comunidad a partir de llenar el espacio mediático con la idea que se quiere imponer.

9. Orquestación. Para que los mensajes no parezcan un discurso monótono, se tienen que adecuar a los medios en los que se difunden. Se trata de presentar pocas ideas de distintas maneras.

 

Los costos de la propaganda de la guerra contra el narcotráfico han aumentado significativamente durante los últimos dos años. De 2006 a 2009, entre las cuatro dependencias más vinculadas con dicha estrategia (Seguridad Pública, Marina, Defensa y la PGR) se gastaron un promedio de 120.6 millones de pesos al año. En 2010 se gastaron 181.7 millones entre las cuatro y, en el Presupuesto de Egresos de 2011 a estas cuatro dependencias se les aprobaron 469.7 millones de pesos para comunicación social y publicidad. Hasta 2011, esta estrategia de comunicación que, como hemos visto es en su mayoría propaganda, habrá costado un total de 1,134 millones de pesos. Es el momento de exigir una ley que regule la comunicación social del gobierno y que impida la utilización discrecional de los recursos públicos para pagar propaganda política disfrazada de logros de una guerra imposible.

 

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