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El despojo institucionalizado de los pueblos indígenas

Por: Edmundo del Pozo

México gusta de presumir al mundo la riqueza y diversidad cultural de sus pueblos indígenas. Para quienes nos visitan es obligado asistir al Museo de Antropología, a las pirámides de Teotihuacan, a Chichen Itzá o a los pueblitos mágicos que inundan esta vasta geografía. En contraste, no se divulga al visitante que detrás de toda la fachada folclórica las culturas indígenas padecen condiciones estructurales de discriminación aderezadas con violaciones a sus derechos fundamentales.

Una de las manifestaciones donde se evidencia esta práctica con mayor crueldad constituye el despojo de las tierras, territorios y recursos naturales de los pueblos por megaproyectos. Represas, mineras, autopistas, parques eólicos, complejos inmobiliarios son impulsados bajo la complicidad de actores públicos y privados, amparados en un marco legal de soft law que favorece la libre circulación de capitales y las inversiones privadas con pocos esquemas de controles, transparencia y participación de las poblaciones afectadas.

Algunos casos concretos pueden ilustrar mejor esta tesis. En Sonora, las autoridades federales, sin realizar la consulta previa, determinaron la construcción del Acueducto Independencia. Este acto violatorio, que afecta en forma considerable el derecho al agua de la Tribu Yaqui, fue reconocido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación —que a través de una resolución judicial (613/2012) ordenó a la SEMARNAT realizar un proceso de consulta con base en los estándares internacionales sobre pueblos indígenas—. Hasta la fecha, el Gobierno mexicano sigue sin cumplir con la sentencia. Lo trágico es que el Acueducto se mantiene en operación, aún sin realizarse la consulta, y con lo cual se usurpan diariamente importantes volúmenes de agua, lo que pone en riesgo la subsistencia de los pueblos Yaqui. Lo anterior ha sido documentado por la Misión civil de Observación de la consulta a la Tribu Yaqui.

Otro conflicto que merece estar en los reflectores se da en Oaxaca, donde la Asamblea de Pueblos Indígenas del Istmo de Tehuantepec se ha opuesto a la instalación de parques eólicos en San Dionisio del Mar y las comunidades aledañas. Este megaproyecto ha sido impulsado, entre otras, por la empresa Mareña Renovables S.A. de C.V. En este preciso momento, las comunidades del Istmo son objeto de amenazas, agresiones y denuncias por parte de las autoridades municipales de Juchitán. La Asamblea ha denunciado, a través de diversos comunicados, la vulneración a su derecho a la autonomía, a la tierra y el territorio. A pesar de esto, el hostigamiento no ha cesado. Cabe destacar que los pueblos han manifestado en diversos foros que no se oponen a las energías alternativas, pero sí a la forma en que se les ha pretendido imponer: sin respeto a sus derechos más elementales.

En realidad no se trata de casos aislados, sino de un modelo extractivista que legaliza el saqueo y la criminalización de los movimientos sociales y las comunidades en resistencia en todo el país. De igual forma, es patente que la implementación del “desarrollo” está más en función de la ganancia de las empresas y los bolsillos de los gobernantes que en promover el bienestar de los pueblos y las comunidades. Bajo esta lógica perversa, el Estado y los actores empresariales no reparan en violar derechos humanos establecidos en la Constitución. Y por si fuera poco, las autoridades simplemente no acatan las resoluciones del máximo tribunal de justicia. En cambio, los pueblos son acusados de delincuentes cuando ejercen su derecho a la resistencia pacífica.

Estamos ante un contexto lamentable en donde los propios órganos de gobierno son quienes pisotean el Estado de derecho en lugar de garantizarlo. La desconfianza de los pueblos indígenas en las instituciones públicas y las leyes que actúan para despojarlos de sus derechos colectivos tiene entonces razones más que sobradas.

 

* Edmundo del Pozo es investigador del área de Derechos Humanos y Seguridad Ciudadana de Fundar, Centro de Análisis e Investigación.

 

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