Oro y plata para algunos, pobreza para todos

En 2016, el 76 % de los municipios productores de oro tuvo niveles de pobreza mayores al promedio nacional y más del 50 % de estos municipios alcanzó niveles de pobreza extrema que sobrepasan también el promedio nacional.

Por: Beatriz Olivera

Bajo la promesa del desarrollo y de una vida mejor, las empresas mineras se adentran en comunidades y zonas rurales del país prometiendo trabajo bien remunerado, servicios básicos como agua entubada o drenaje, así como mejoras en viviendas y espacios comunitarios. Sin embargo, la realidad difiere de las promesas de manera apabullante. Pese a ser una industria tan próspera, los beneficios de la minería no se reflejan -en buena parte de los casos– en los municipios o comunidades donde se asientan las minas.

En una reciente investigación, encontramos que tan sólo en 2015 la producción de oro se realizaba en 22 municipios del país, los cuales se ubican en los estados de Zacatecas, Sonora, Chihuahua, Guerrero, Durango, San Luis Potosí, Oaxaca y Baja California. Sin embargo, poco más de la mitad de la producción de oro está concentrada tan sólo en cuatro municipios: Mazapil en Zacatecas, Caborca en Sonora, Ocampo en Chihuahua y Eduardo Neri en Guerrero. El valor de la producción de oro en ese año ascendió a 79,573 millones de pesos, cifra que representa el 35 % del valor de la producción total de minerales metálicos. Sin embargo, pese a que estos 22 municipios concentran la producción nacional de oro, también comparten algunas otras características, como los niveles de pobreza y pobreza extrema. Para el año 2016, el 76 % de los municipios productores de oro tuvo niveles de pobreza mayores al promedio nacional y más del 50 % de estos municipios alcanzó niveles de pobreza extrema que sobrepasan también el promedio nacional.

Al igual que los municipios productores de oro, los de plata también comparten altos niveles de pobreza y pobreza extrema. Pese a que el país es líder en la producción de este mineral, el 87.5 % de los municipios productores tienen niveles de pobreza mayores al promedio nacional y 75 % mayores al promedio nacional de pobreza extrema. Entonces, si la pobreza es una constante en estos municipios históricamente mineros ¿en manos de quienes se queda esta riqueza? ¿Dónde y cómo se distribuye el valor de la enorme producción minera? ¿Quién se llena los bolsillos con el oro mexicano?

Otras investigaciones encuentran datos aún más precisos. Un análisis realizado en la mina Los Filos-El Bermejal en Guerrero, en Peñasquillo en Zacatecas y en La Griega en Chiapas, concluye que respecto al volumen promedio anual de ventas por la producción del mineral que se extrae en cada caso, los porcentajes que se quedan en las comunidades van apenas de 0.063 % a 1.3 %. Por su parte, otra investigación reciente analizó el caso particular de la empresa GoldCorp y encontró que, por cada mil dólares de oro vendido, la empresa recibía 994.1 dólares y las comunidades solo 5.9 dólares. La conclusión es determinante: en las comunidades sólo se quedan las migajas que dejan las empresas mineras.

Aunado a lo anterior, una buena parte de los metales que se extraen en México se realiza a través de procesos devastadores, como es la minería a cielo abierto, cuya principal vocación consiste en remover con explosivos grandes superficies del terreno y separar los metales preciosos mediante el uso de cianuro y de otras sustancias a través de un proceso de lixiviación. Con el paso del tiempo, las afectaciones ambientales y a la salud de las personas que viven en los lugares donde se asientan estas minas, son severas y de largo alcance.

Por ello, en el Marco del día mundial contra la minería a cielo abierto, a realizarse este 22 de julio, es necesario reconocer si merece la pena realizar procesos tan devastadores para extraer oro y plata del país a cambio de pequeñísimas y cuasi insignificantes contribuciones para la población. En realidad, los números demuestran que el “desarrollo” que ofrecen las mineras es sólo una gran mentira, un gran mito.

 

* Beatriz Olivera es investigadora en @FundarMexico.

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