Necesidad o necedad: Avenida Chapultepec y su entorno

Hay en promedio menos crimen y mejor calidad de vida en la zona propuesta para el Corredor Cultural Chapultepec que en el cuadrante o AGEB promedio del Distrito Federal. Dado esto: ¿sigue siendo válido el criterio de reconstrucción del tejido social para permitir la intervención privada en áreas públicas?

Por: José Merino (@PPmerino) y Alexis Cherem (@lexielex)

Hay 222 cuadrantes en el Distrito Federal que tienen más robos de autos y más robos a transeúntes promedio al mes que la zona propuesta para el Corredor Cultural Chapultepec. Esto es, si el criterio es rescatar espacios públicos de manos del crimen, 26% de las zonas (divididas en 841 cuadrantes) de la ciudad tendrían mayor necesidad de ello. Varios “corredores potenciales” que nunca han recibido (y probablemente nunca recibirán) la atención ni del gobierno ni del sector privado.

Llegamos rápido a la ponderación de criterios, no es sólo “rescatar” el espacio público, es hacerlo ahí en donde sea financieramente atractivo. No es un dilema menor, si el objetivo central es no gastar dinero público en el proyecto, es factible que el criterio de “utilidad pública” sea rápidamente sacrificado por el de “lucro privado”; y el empate entre “necesidad” y “zona específica” termine por no cuadrar.

Claro, esto si asumimos el importante supuesto de que este tipo de proyectos (con el tipo de inversión propuesta) pueden ayudar a reparar la “fragmentación del tejido social” (uno de los principales problemas que se listan como justificación para la construcción del Corredor Cultural Chapultepec).

Digamos, para efectos de debate que esto es verdad. Entonces la pregunta clave es si la zona elegida para la intervención es en realidad la que más se beneficiaría de dicho corredor o si, como muchos sospechan, el argumento de reconstrucción de tejido social es sólo una excusa para construir un centro comercial en una zona de paso privilegiada cercana a tres colonias con un alto potencial comercial.

Se han hecho varias críticas a la construcción del CCChapultepec que van desde la concepción errónea que se tiene del espacio público (el texto de Andrés Lajous explica esta parte del debate de forma muy acertada en la revista Nexos), hasta la falta de mecanismos de democráticos en el proceso de selección de los ejecutores del proyecto.

Estamos de acuerdo con varias de las críticas ya expresadas en otros medios, sin embargo lo que buscamos con este texto no es ser exhaustivos en cuanto a descripción y análisis de éstas. Lo que buscamos con este texto es poner en contexto la zona propuesta para el CCChapultepec con el fin de entender hasta que punto es válido el criterio de reconstrucción de tejido social para la selección de los 9 mil 878 metros cuadrados.

Crear “ambientes de seguridad para los habitantes y visitantes”

Una de las externalidades positivas del Corredor Cultural de acuerdo a los estudios realizados y publicados en su página es detener el inevitable incremento en el crimen de la zona y mejorar la seguridad pública de ésta.

CUADRANTES

Si vemos los cuadrantes de seguridad alrededor de esa sección de Av. Chapultepec encontramos que, de enero de 2013 a abril de 2015, los cuadrantes en la zona de Av. Chapultepec han tenido en promedio al mes menos homicidios (0.06 contra del 0.10 promedio en el DF), los mismos robos a casa con violencia (0.06), menos robos de vehículos con y sin violencia (0.97 contra el 1.49 del cuadrante promedio) y menos violaciones (0.02 contra 0.05) que el cuadrante promedio del DF.

Efectivamente, hay cuatro de los nueve delitos aquí analizados en los que los cuadrantes sobrepasan al promedio del resto del DF, algo esperado dado el empate entre tipo de delito y la ubicación de la zona, estos son: lesión con arma de fuego (hay 0.08 casos más al mes en promedio que en el resto del DF), robo a negocio (0.35 más robos al mes que el promedio) y robos a transeúntes con y sin violencia (0.15 más robos al mes en la zona de Chapultepec) .

Si la necesidad del corredor descansa en la comisión de delitos en la zona, descansa centralmente en robos a transeúntes con violencia (0.96 promedio al mes de enero de 2013 a abril de 2015), robos de vehículos sin violencia (con 0.85 al mes en este mismo periodo) y robos a negocios con violencia (con un promedio al mes de 0.73 robos).

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Cierto, pero si, por ejemplo, vemos sólo robo de auto y robo a transeúntes (abusos reportados en mayor medida que crímenes como violaciones o lesiones con arma de fuego) podemos identificar varias zonas que merecen la etiqueta de foco rojo en mucho mayor medida que la zona del futuro Corredor. Un ejemplo es la zona enfrente a la Cámara de Diputados (ocupada por la Merced), lugar con dos de los tres cuadrantes con mayor número de robos a transeúntes en todo el DF (nueve y seis robos promedio al mes respectivamente). Otro ejemplo es la zona ente Av. Villa Ayala y Camino de la Liga (junto al Centro Recreativo Bicentenario y el Deportivo Hermanos Galeana en la colonia la Pradera), en donde hay casi 7 robos de autos en promedio al mes (el más alto del DF).

Tampoco hay que irse tan lejos: hay otros cuadrantes de Av. Chapultepec antes de Lieja y después de la glorieta de Insurgentes que parecen ser un poco más problemáticos en términos de crímenes patrimoniales que los elegidos para construir el corredor. Por ejemplo, si uno camina sobre Av. Chapultepec hacia el éste a tan sólo unas cuadras del espacio elegido para el Corredor Cultural, específicamente al sureste de la Fuente Salto del Agua, hay un espacio con más de 2.5 robos a transeúntes al mes. Y justo antes de llegar a la zona del proyecto, encuadrado por Veracruz al norte, Circuito interior al oeste, Alfonso Reyes al sur y Cuernavaca al éste, hay un cuadrante con 2.7 robos de vehículos promedio al mes (casi tres veces más que el promedio de la zona del Corredor).

En cuanto al deterioro en la calidad de vida de la zona (otro elemento utilizado como justificación para la selección de Av. Chapultepec): si bien entre 2013 y 2015 en los cuadrantes del proyecto se ha visto un incremento en el promedio mensual de algunos crímenes (0.12 más homicidios, 0.05 más lesiones con arma de fuego, 0.02 más robos a negocios, 0.02 más robos a casa y 0.29 más robos de vehículos sin violencia), también se han visto mejoras en otros crímenes. Estos son: robos a transeúntes con y sin violencia (0.21 menos robos mensuales promedio), robos a vehículos con violencia (0.03 menos) y violaciones (reducción de 0.05).

Puede ser que el criterio no sea el número de delitos, sino la tendencia en el tiempo, en cuyo caso es cierto: los cuadrantes de la zona han mostrado incrementos en delitos que en el promedio del resto de la ciudad han caído en el mismo periodo. Pero entonces, ¿Cómo decayeron esos mismos delitos en otras zonas? ¿Qué tipo de intervenciones públicas hubo? ¿Un segundo piso comercial/peatonal ES el mecanismo para reducir delitos? Los datos de otras zonas de la ciudad no apoyarían esta conclusión.

Mejorar “el bienestar y la calidad de vida a los habitantes.”

En el estudio socioeconómico que busca justificar la construcción del CCChapultepec se explica también que sin la intervención “no se observa un mejoramiento de la calidad de vida de la zona, por el contrario, paulatinamente podrán decaer indicadores tales como seguridad, valor de mercado, densidad poblacional y valor agregado de la actividad económica, llevando a un progresivo despoblamiento.”

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Veamos tres medidas sociodemográficas para poner de nuevo en contexto la zona del Corredor: porcentaje de viviendas con auto, porcentaje de viviendas desocupadas y población ocupada como porcentaje de la PEA. Es importante mencionar que los datos más recientes a nivel AGEB son del Censo 2010 (por lo que no se pueden hacer las mismas comparaciones que en el caso de medidas de seguridad).

El 58% de las viviendas en las AGEBs de alrededor de la zona etiquetada para el proyecto cuentan con auto, si vemos la AGEB promedio del DF solo el 45.5 de las viviendas cuentan con un vehículo. En la zona de Chapultepec el 97% de la población económicamente activa está ocupada contra el 95.2% en la AGEB promedio de la capital. En la única medida en la que la AGEB promedio está mejor que la zona de Chapultepec es el porcentaje de viviendas ocupadas: el 83% de las viviendas de la zona alrededor del CCChapultepec están ocupadas contra el 93% de la AGEB promedio en el DF.

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Esta última parece menos grave cuando vemos que toda la zona al centro del Distrito Federal tiene grados similares de desocupación de viviendas. Es decir, si bien esto puede ser un problema en la zona de Av. Chapultepec no es suficiente para decir que es la mejor zona posible para tener una intervención.

Entonces ¿por qué Av. Chapultepec?

Estas medidas no agotan el análisis de la zona propuesta, lo que sí dicen estos números es que si uno de los principales criterios de selección utilizados para elegir la zona del proyecto es que ésta necesita ser rescatada con el fin de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y “reconstruir el tejido social” entonces sería oportuno que el análisis de los promotores del proyecto (tanto en el gobierno como los privados) ponga en contexto a los nueve mil y pico de metros cuadrados que se van a cambiar por completo.

¿Por qué ese tramo de Avenida Chapultepec y no otras zonas de la misma avenida u otras avenidas?
¿Por qué con un segundo piso comercial/peatonal?

De los datos no se desprende una respuesta obvia a ninguna de estas preguntas.

Es extraño hablar de rescate cuando no se propone una reutilización del espacio público, sino su duplicación. Es aún más extraño el salto entre las “necesidades” de la zona y la “solución” específica que se propone. Es un poco obvio a estas alturas, pero una intervención a nivel de calle que privilegie al peatón y genere espacios públicos… públicos (i.e. sin restricciones de uso), parecería ser un paso natural entre “necesidad” y “solución”. ¿Esto sería igualmente atractivo para inversionistas privados? Factiblemente menos y para menos.

Pero aquí es donde quizá este el punto más importante: no podemos pretender que la ausencia de gasto público es justificación suficiente para enajenar el espacio público con otros criterios distintos a “utilidad pública”; para inventarnos necesidades y soluciones que responden más al lucro que al bien común; para saltarnos los mecanismos democráticos de decisión y rendición de cuentas. Es rarísimo y peligrosísimo que se nos diga “aquí no se usarán tus impuestos, entonces no importas”, cuando se trata de una decisión pública sobre… lo público.

Al final, si la prioridad es no quitar carriles a autos y no gasta dinero público, es casi imposible que se trate de: 1. Rescate y 2. Público.

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