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¿Su quiebra es nuestra quiebra?

 

Por: Miguel Ángel Salamanca Carapia

Laura trabaja para el gobierno municipal,  ella no ha recibido su salario durante los últimos dos meses pues su municipio pagó una de las grandes deudas que arrastraba y ahora no cuenta con dinero para pagar nada más. La cartera de crédito de esta administración se encuentra en problemas y los bancos privados solamente quieren continuar prestándole si acepta mayores intereses, esto significa problemas graves en el futuro. Las empresas proveedoras de los servicios de energía eléctrica y agua potable le reclaman el pago de deudas millonarias. “Ni hablar Laura, hay que aguantar”, le dijeron los del departamento de finanzas. Ellos, por su parte, saben que hay poca recaudación porque nadie quiere pasar impuestos. “Es que a nadie le conviene muchachos, nosotros nos echamos la bronca y en las próximas nos la cobran. Mejor que otros se lleven la bronca”, les dijo a su vez su jefe, un hombre de bigote y cabello negro. Efectivamente, nadie quiere quedar como el que subió los impuestos y precios de servicios y trámites públicos. Esta es la historia de un gran número de administraciones municipales en el país, cuentos de deuda, o total bancarrota, y pensamiento de corto plazo.

Tomemos un municipio, por ejemplo… Atizapán de Zaragoza en el Estado de México. Durante el ejercicio fiscal 2012, este ayuntamiento bajó en su calificación crediticia de una deuda A- a una BBB. Nada de ello por accidente. Sus niveles de deuda han saltado estrepitosamente. A octubre de 2010, la firma HR Ratings reporta que esta administración tenía una deuda de 54 millones de pesos y terminó al cierre del periodo en un déficit de 156.8 millones de pesos. En 2011, el déficit alcanzó los 231 millones de pesos y esta institución espera que se mantenga esta tendencia de endeudamiento. De acuerdo a estimaciones de HR Ratings, al cierre del 2012 este municipio podría tener un déficit equivalente al 23.5% de sus ingresos totales, una deuda bancaria de alrededor de 51.6% de los ingresos totales y una servicio de la deuda equivalente al 12.6% de los ingresos de libre disposición. Torreón, de la misma manera, de 2010 a 2011, duplicó su deuda al agregar a su déficit de 203, 435 millones de pesos una nueva serie de créditos de largo plazo por 174 millones de pesos así como una deuda a proveedores de alrededor de 98 millones de pesos.

Pero Laura, a pesar de lo que diga su novio, es poco especial en este sentido. Montserrat, que trabaja en el municipio de Cuautitlán, en el Estado de México,  lleva cuatro meses en la incertidumbre de la deuda y el posible desempleo. Ello pues el municipio para el que trabaja se encuentra en quiebra técnica luego de que una serie de créditos de corto plazo por 60 millones de pesos fueron utilizados a pesar de la inviabilidad de su pago.

Aunado a su preocupación, el jefe de Montse, Rafael Dorantes, alcalde de Cuautitlán, ha salido a medios de comunicación a confirmar lo que las sospechas de Montse y los chismes de su amiga Paty venían sugiriendo, la mala planeación financiera de los ayuntamientos los llevaron a la insolvencia. O en palabras más solemnes de su jefe:

“La mayoría de los municipios están en la misma situación y probablemente se deba a que, al menos en el caso de Cuautitlán, tuvimos créditos por ahí en exceso. Parece que nos gustó en algún momento recibir créditos y como que no se vislumbró a mediano plazo los efectos que pudieran ocasionar… El efecto es simple, como tenemos que pagarlos nos quedamos sin liquidez.

Este tipo de casos se han extendido a través del territorio nacional de manera preocupante. Ante ello, el nuevo encargado del gobierno federal ya ha tomado su postura oficial. Se someterá al Congreso de la Unión una Ley Nacional de Responsabilidad Hacendaria y Deuda Pública que buscará poner en orden el endeudamiento de los gobiernos locales (estados y municipios). Frente a la evidencia expuesta inicialmente es evidente el valor intrínseco de una acción de esta naturaleza. Sin embargo, dios y el diablo están en los detalles, y en el método de la respuesta estará su naturaleza benévola o perniciosa. Ah sí, y Laura, Montse, Paty, y el mismo Rafael, tendrán que esperar.

Hay una amplia cantidad de cosas que pueden influir en un buen arreglo legal en materia de la deuda municipal. Sin embargo, existen al menos dos condiciones que la normatividad en la materia tiene que satisfacer para que el arreglo resultante represente un cambio sustantivo. En primer lugar, se debe establecer una estructura de seguimiento e incentivos que logre de manera efectiva detectar y disuadir cualquier situación de endeudamiento irresponsable por parte de gobiernos locales. En segundo lugar, esta normatividad debe ayudar a concretar el proceso de coordinación fiscal de manera que en el futuro sea extremadamente difícil para los gobiernos de cualquier orden de gobierno realizar cualquier forma de encubrimiento de sus responsabilidades financieras debido a diferencias en sus esquemas de conceptualización contable. Es decir, redoblar esfuerzos para lograr una plena implementación de la Ley General de Contabilidad Gubernamental y de la Ley de Coordinación Fiscal.

Esto no es solamente una ocurrencia. Se ha encontrado evidencia empírica en México de que el incremento en las transferencias por parte del gobierno federal ha generado un incremento del gasto desproporcional al monto de las mismas en los municipios, gasto que termina financiándose por medio de endeudamiento. Claro que no todos los gobiernos municipales son iguales. Según una investigación de Mauricio López en materia de finanzas municipales, en la medida en que se pasa de municipios rurales a urbanos, la respuesta del gasto ante variaciones en las aportaciones federales se hace menos importante que las que se generan por cambios en los ingresos propios. Es decir, que los municipios con menores recursos tienden a incrementar su gasto de manera desproporcionada a las aportaciones de otros órdenes de gobierno. Por otro lado, los municipios de mayores recursos, generalmente, controlan más su deuda y su gasto está limitado por los ingresos que generan.

Según algunos especialistas esta diferencia se vincula, entre otras cosas a las capacidades administrativas e institucionales que impactan en las decisiones de gasto público. Sin embargo, esta historia tiene finezas cuya complejidad supera la ambición de este artículo. A pesar de ello, debe quedar claro para el gobierno federal que una reforma efectiva deberá evitar una continuación de las dinámicas que, hasta ahora, han derivado en un sobrendeudamiento de los gobiernos locales y en una estructura de las finanzas municipales que, en su ingreso como en su gasto, continúa dependiendo de manera importante del gobierno federal.

Mañana, Laura y Montse seguirán tan intranquilas como hasta ahora pero el país no se puede dar el lujo de que esto siga así por mucho tiempo. Su situación es síntoma de un problema profundo que el país no se puede dar el lujo de dejar irresuelto. Particularmente, en un entorno de competencia global por el capital de inversión privado en el que cada ciudad es un campo de batalla. Mañana, la quiebra de los municipios puede significar el quiebre de una parte importante de la maquinaría del desarrollo económico y la pérdida de oportunidades de crecimiento. Hay que atajar y destruir esa posibilidad antes de que sea una realidad.

 

*Miguel Ángel Salamanca Carapia es investigador de CIDAC  msalamanca@cidac.org

 

 

 

 

 

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