Lo que sabemos que no sabemos de nuestra competitividad

En los últimos cuatro años es evidente que el mercado laboral mexicano ha perdido competitividad. De acuerdo con dichos índices, el mercado laboral en México es considerado como uno de los menos flexibles de América Latina, de hecho, es uno de los países donde tanto la contratación, como los despidos son mucho más costosos que el promedio internacional, afectando tanto a trabajadores como a empresas.

Por: Ana Moreno (@analiliamoreno) y Ximena López (@chims_)

Milton Friedman decía que si la libertad económica se pudiera medir con mayor precisión, los analistas podrían mejorar su habilidad para identificar con mayor claridad aquellos elementos clave que afectan el desempeño de los mercados. En este sentido, la medición de la salud de los mercados es fundamental, pues permite obtener información a fin de implementar con precisión políticas públicas que tengan un impacto real en la sociedad. En México, las dificultades e ineficiencias de los mercados laborales causan distorsiones que se expresan en una precaria productividad, altos costos para resolver litigios laborales, estancamiento de los salarios, incertidumbre jurídica para los inversionistas, dificultad para despedir empleados improductivos, y complicaciones legales y fiscales para contratar a prospectos capaces. En suma, la competitividad de un país depende en gran medida del desempeño de sus mercados laborales. Por lo tanto, cabe hacer la pregunta, ¿conocemos de forma precisa su desempeño? Hacerlo sería el punto de partida para la implementación de cambios que provoquen mejoras en el bienestar de la población y el crecimiento económico.

Tradicionalmente, la medición de la competitividad indica la capacidad de una economía para crear valor por parte de sus empresas y trabajadores. La mayoría de los instrumentos actuales para medir la competitividad (por ejemplo, el índice que realiza anualmente el Foro Económico Mundial (WEF), o el Índice de Libertad Económica del Fraser Institute) fundamentan sus mediciones en indicadores cuantitativos como costos promedio de despido para los empleadores, participación de las mujeres en la fuerza laboral, así como la calidad de las regulaciones en cuanto a la determinación de salarios mínimos, o la facilidad para realizar negociaciones sindicales.

México, en este sentido, no es de los países con mayor avance. A lo largo de los últimos seis años, el progreso mexicano en los distintos índices de competitividad prácticamente se ha estancado. Las fluctuaciones son diversas: en unos índices ha descendido, en otros ha permanecido igual, y en otros ha mostrado una mejoría poco significativa, al igual que en las estadísticas del WEF.

*La escala es inversa. Mayor número significa menor competitividad en la dimensión correspondiente. // Fuente: WEF, Heritage Foundation, Fraser Institute y IMD.
*La escala es inversa. Mayor número significa menor competitividad en la dimensión correspondiente. // Fuente: WEF, Heritage Foundation, Fraser Institute y IMD.

Si bien los índices de competitividad son agregaciones imperfectas de diversas variables económicas, políticas y sociales, estas medidas nos dan indicios a nivel macroeconómico del estado de las cosas en los mercados laborales, brindándonos también comparativos con otros países. Como se puede apreciar en la siguiente gráfica, en los últimos cuatro años es evidente que el mercado laboral mexicano ha perdido competitividad. De acuerdo con dichos índices, el mercado laboral en México es considerado como uno de los menos flexibles de América Latina, de hecho, es uno de los países donde tanto la contratación, como los despidos son mucho más costosos que el promedio internacional, afectando tanto a trabajadores como a empresas.

 

*La escala es inversa. Mayor número significa menor competitividad en la dimensión correspondiente. // Fuente: WEF y Heritage Foundation.
*La escala es inversa. Mayor número significa menor competitividad en la dimensión correspondiente. // Fuente: WEF y Heritage Foundation.

El índice del WEF mide la competitividad de un país a través de 12 pilares, entre los cuales destaca el pilar de “eficiencia del mercado laboral”, entendida como la flexibilidad del mercado para asignar rápidamente a los trabajadores al sector donde serán más productivos. Para la edición 2014-2015 del índice, las variables que han permanecido más rezagadas, o que incluso han retrocedido son: la participación laboral de la mujer, la confianza en la gerencia profesional, la flexibilidad para determinar salarios, y los costos de despido. Asimismo, el índice de Libertad Económica del Fraser Institute mide cinco áreas primordiales para la libertad económica en 141 países. Dentro del área de regulación, se encuentra la dimensión laboral, cuyas variables con mayor retroceso fueron para el 2012 aquéllas relativas a la regulación del horario laboral, y a los costos obligatorios de despido.

Es importante señalar que estas métricas, aunque sean mundialmente aceptadas como parámetros de referencia, conservan ciertas limitaciones. Por ejemplo, estos índices omiten evaluar las dimensiones de los mercados laborales, o qué factores a nivel microeconómico afectan la productividad laboral evaluando ésta por sector económico o por tipo de ocupación. Dichas carencias en los indicadores opacan la visibilidad de los verdaderos problemas estructurales, por lo que el riesgo de basar la política pública en dichas métricas podría implicar poco impacto de los cambios regulatorios o peor, efectos contrarios a los deseados.

Mexico vs otros paises

Fuentes: Foro Económico Mundial (WEF), Fraser Institute

 

Innovaciones en la medición

A partir de la crisis mundial del 2008, los diagnósticos de mercados laborales están evolucionando para brindar información más precisa sobre su desempeño y sobre las características de las variables más relevantes que inciden en la productividad y en los salarios. Una métrica novedosa es el “Índice Mundial de Competencias” (Hays World Skills Index), elaborado por Oxford Economics y la firma Hays Plc del Reino Unido. En dicho Índice se plantea como concepto central la evaluación de la “presión de los mercados laborales”, entendida como aquella “fricción” que surge de los procesos de búsqueda de empleo por parte de la población económicamente activa, y de la identificación del talento adecuado por parte de los empleadores.

La fricción en los mercados es una característica natural de los mismos. La brecha entre oferta y demanda es una de sus expresiones. Sin embargo, existen otros elementos tanto o más relevantes, como son las regulaciones que persiguen la compleja tarea de proteger los derechos de los trabajadores desde perspectivas de derechos humanos, y al mismo tiempo incentivar el empleo y atraer inversión a las economías. Dichas problemáticas requieren atenderse desde la política pública, pero también desde el sector académico, el sector social, y por supuesto el sector privado.

El Índice de competencias de Hays, por ejemplo, brinda un enfoque novedoso al intentar detectar niveles de “presión” en los mercados laborales. Una alta presión en los mercados laborales de un país, puede revelar aumento en la demanda de trabajo por parte de los empleadores, lo que probablemente derivará en incrementos potenciales en salarios, con una posible expansión de los mercados que finalmente se espera resulte en mayores tasas de producción o crecimiento económico. Una presión menor, por el contrario, refleja dificultades para satisfacer oferta y demanda laboral frenando aumentos en salarios e incentivando la contracción o estancamiento de la productividad, y por ende de la economía en lo general.

Desde la perspectiva de la oferta, dicho Índice también evalúa aspectos importantes como la peligrosa salida de trabajadores del mercado formal al informal, e incorpora, al igual que los Índices de competitividad, aspectos regulatorios que se traducen en niveles de flexibilidad en los mercados. Dicha flexibilidad resulta crucial para identificar la facilidad con la que los trabajadores pueden cambiar de ocupación, o acordar cambios en horas trabajadas remuneradas. El concepto también abarca la capacidad de los empleadores para despedir y contratar personal por parte de los patrones. Metodológicamente, el cálculo del Índice de Competencias se basa en pilares como: flexibilidad educativa, población económicamente activa, flexibilidad de los mercados laborales, discrepancia entre oferta y demanda, y varios indicadores de niveles salariales por industria y por tipo de ocupación de la fuerza laboral.

Para el Índice de Competencias 2014 se evaluó por medio de fuentes secundarias y encuestas de opinión, la “presión” del mercado laboral en 31 economías –principalmente países del G20- en la que en el primer lugar destacó Suecia revelando que la demanda de trabajadores con competencias de alto nivel es el principal motor de presión en los mercados, además de las altas calificaciones PISA [i] que registran continuamente sus estudiantes. El modelo sueco, aún imperfecto, presenta cierto debilitamiento en la capacidad de su población económicamente activa para cubrir puestos de trabajo. Asimismo, algunas regulaciones en ese país parece que limitan la flexibilidad del mercado, como por ejemplo, la ausencia de incentivos legales para contratar a personas menores de 27 años.

El caso de México es interesante en el sentido de que nuestro país ocupa en dicho análisis el lugar 11 de 31, ubicándose en el conjunto de economías con presión moderada en sus mercados laborales. Contrasta la evaluación con los pobres resultados de la medición de mercados laborales en los Índices de Competitividad. El Índice de Competencias de Hays resalta que los mercados laborales se benefician de la dependencia económica del país de la economía norteamericana. Otro aspecto que destaca el análisis es el aumento de demanda de empleados con competencias de alto nivel, por parte de ciertos sectores industriales mexicanos, elemento que está impulsando los salarios generales hacia la alza. En este sentido, sería ilustrativo contar con estadísticas sobre cuántos trabajadores experimentados está importando nuestro país, para satisfacer dicha demanda, y qué competencias de alto nivel requiere adquirir la fuerza laboral mexicana.

El punto focal del análisis enfatiza las reformas estructurales recientes, en cuyos resultados aún existe expectativa sobre su impacto positivo en los mercados laborales. Sin embargo, también se reconoce en el análisis que México tiene uno de los esquemas regulatorios más rígidos, que eleva los costos de cambiar de trabajo y de despedir/contratar trabajadores. Asimismo, de acuerdo con Hays, la baja calificación PISA para los mexicanos también incide en mantener la presión de los mercados en niveles sumamente bajos, reflejando estancamientos en los niveles de productividad y de salarios, e incentivando la contracción de los mercados con niveles de crecimiento mediocres o nulos. Finalmente, el Índice coincide con las métricas de los Índices WEF y Fraser en señalar la necesidad de flexibilizar los mercados laborales mediante una mejor regulación.

Las discordancias entre demanda y oferta laboral son un fenómeno global. Los trabajadores buscan trabajos que no encuentran y las empresas buscan talento que no logran conseguir. En México, CIDAC realizó en el 2014 una Encuesta de Competencias Profesionales que también abordó y cuantificó esta problemática identificando las brechas por tipo de ocupación y por estado de la República. El hecho de que en México los puestos de trabajo no se puedan cubrir por falta de candidatos con conocimientos y competencias ocasiona un desajuste en la productividad laboral, que históricamente ha sido muy baja. Esto incumbe también a aquellos jóvenes que egresan de las universidades sobrepreparados, es decir, con competencias para las que no hay aplicación ni en las empresas ni en el gobierno.

Sorprende observar que aun cuando la reforma laboral de 2012 tenía en sus objetivos flexibilizar los mercados -a través de nuevas formas de contratación (como los periodos de prueba para trabajadores de nuevo ingreso), regulación de la subcontratación (outsourcing), pago por hora, topes a indemnizaciones y transparencia de estatutos sindicales- aún falta mucho por hacer y parece que en el plan de acción lo primero sería avanzar en perfeccionar los diagnósticos. Métricas más precisas son insumos esenciales para elaborar políticas públicas más efectivas.

 

 

*Ana Moreno y Ximena López son investigadoras del área de Desarrollo Económico de @CIDAC.

 

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[i] Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

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