Productores de café transformados en traders

¿Por qué no impulsamos las capacidades y el conocimiento necesario en los pequeños productores del campo mexicano, para que puedan comercializar de forma autónoma sus cosechas en el mercado global mediante los instrumentos financieros disponibles? Como la cooperativa de café Tosepan Titataniske en la región de Cuetzalán, Puebla, la cual opera sus propias coberturas de café y dólares desde hace algunos años.

Por: Ximena López (@chims_)

La cuestión es levantarse dos horas antes de que abra la Bolsa de Valores de Nueva York, revisar algunos de los movimientos más importantes del día anterior en los principales mercados, y ver cómo se desarrollaron los precios de otras materias primas (petróleo, granos, metales, entre otros) a lo largo de la noche. Minutos antes, se encienden cuatro o seis pantallas para monitorear de manera simultánea las distintas operaciones en el mundo. Son las 8:30 horas en punto. Abre Wall Street y México. La jornada ha dado inicio y es hora de (en la medida de lo posible) maximizar utilidades.

Hoy en día, esta es una escena común para los traders de los principales bancos de la Ciudad de México y… para un indígena que produce café en la Sierra Norte de Puebla. En esa región, donde hace un par de décadas no se sabía lo que era una “Bolsa de Valores”, ahora se llevan a cabo operaciones de derivados de dólares y café todos los días. No es imposible.

Por años, la incertidumbre y la volatilidad, piezas clave en la operación de derivados, han sido elementos centrales en la vida de los pequeños productores agrícolas en condiciones de vulnerabilidad y pobreza. Inclusive en años “normales”, los ingresos provenientes del agro son extremadamente variables. Por ejemplo, en Bangladesh los salarios en el sector agrícola pueden llegar a tener una varianza de 18% por encima o por debajo del promedio.[1] La evidencia internacional señala que existen pequeños productores agrícolas con amplios conocimientos financieros pues diversifican su incertidumbre diaria mediante mecanismos informales, es decir, son gestores “naturales” de fondos de coberturas por el riesgo cotidiano en el que viven. Por consiguiente, llegan a administrar el riesgo en condiciones menos favorables que los gestores de fondos profesionales, egresados de las mejores escuelas de finanzas.[2]

Desde 2012, la economía china, el principal consumidor de materias primas en el mundo, ha venido desacelerándose, lo cual ha impulsado el precio de las materias primas a la baja –de agosto de 2014 a 2015, los precios de las materias primas no energéticas han disminuido en un 20%[3]. Este contexto ha creado condiciones de alta volatilidad en los precios de los productos agrícolas, situación que se replica en el ingreso de las familias que dependen de esta actividad. Esta incertidumbre en el ingreso esperado inhibe a los pequeños productores a adoptar nuevas tecnologías y procesos para diversificar la producción, lo que en última instancia se traduce en menor crecimiento y productividad del sector, que durante las últimas décadas ha tenido un crecimiento mucho menor que el resto de los sectores de la economía, mayores períodos de contracción, menor productividad y mayor volatilidad en la producción. El desempeño del sector depende en gran parte del pequeño agricultor; de hecho, se estima que la agricultura de pequeña escala genera entre 50 y 75% de toda la oferta mundial.[4] En México, en las comunidades rurales el ingreso por actividades agrícolas todavía puede llegar a representar hasta el 42% del ingreso familiar.[5] Además, de acuerdo con la última Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA) 2012, el 96% de las unidades de producción ha tenido problemas para desarrollar sus actividades productivas, mencionando como barreras más importantes la volatilidad de precios y la falta de apoyos del gobierno.

Para abordar esta problemática de la volatilidad de precios como inhibidor de la innovación, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sugerido generar redes de seguridad en el campo a través de instrumentos financieros de manejo de riesgo como seguros, contratos de futuros y créditos, entre otros. Estos instrumentos son fundamentales para amortiguar el riesgo de los pequeños productores.

Dicho esto, entonces ¿por qué no impulsamos las capacidades y el conocimiento necesario en los pequeños productores del campo mexicano para que puedan comercializar de forma autónoma sus cosechas en el mercado global mediante los instrumentos financieros disponibles? No es imposible. He ahí el ejemplo de la cooperativa de café Tosepan Titataniske en la región de Cuetzalán, Puebla, la cual opera sus propias coberturas de café y dólares desde hace algunos años. Esto fue resultado de un largo proceso de capacitación con apoyo de Gamaa Derivados y la organización Comercio Justo México. Sin embargo, hoy en día, la comunidad opera sus contratos de cobertura de manera autónoma (ver nota aquí).

En específico, los contratos de futuros funcionan como un mecanismo efectivo para la mitigación de riesgos pues comprenden un acuerdo entre dos partes para intercambiar un producto a un precio y fecha determinada. Por ejemplo, supongamos que existe un productor de café en México y su precio es extremadamente volátil en el corto y mediano plazo. El productor realmente no sabe cuánto va a ganar de la venta de su café pues su precio cambia diario (imagina si tu sueldo fluctuara todos los meses). Un contrato de cobertura apunta a mitigar las pérdidas que podría ocasionar la volatilidad; mediante un acuerdo, el productor pacta con su cliente la venta del café a un precio determinando, sin importar si el precio de mercado finalmente resulta por debajo del pactado.

Precios de los futuros para el café

Fuente: 2015. Barchart.com, Inc. Disponible aquí.

Vale la pena señalar que en México, la agricultura es un subsector productivo muy importante para el desarrollo económico y social del país, por lo que atender la problemática de baja productividad e innovación es apremiante. De acuerdo con el Banco Mundial, durante 2014 este sector aportó un valor agregado equivalente al 3.5 por ciento del PIB nacional, y emplea alrededor de 6.1 millones de personas, aproximadamente el 13% del personal ocupado total del país.[6] Además, el subsector agrícola en México está íntimamente asociado al mercado exportador, en el cual nuestro país es reconocido mundialmente como un jugador relevante. En productos como el tomate, aguacate, chile verde y café, México está entre los 10 mayores productores a nivel global, y en tan sólo un año, granos como el café incrementaron el valor de sus exportaciones en 38%.Este es un mecanismo efectivo para la mitigación de riesgos. No obstante, la mayoría de los pequeños productores normalmente no pueden acceder directamente a estos instrumentos, pues es necesaria cierta tecnología y conocimiento técnico para su operación, lo que provoca que los productores dependan casi completamente de un tercero como intermediario. Actualmente, el Gobierno Federal, a través de la Agencia de Servicios a la Comercialización y Desarrollo de Mercados Agropecuarios (Aserca) de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), otorga este servicio de coberturas de riesgo a algunos productores. Sin embargo, la institución no tiene los recursos suficientes para atender la sobredemanda a la cual está sujeta, y como cualquier institución gubernamental, siempre estará mediada por los ciclos político-electorales del país.

Fuente: BIE-INEGI

Fuente: BIE-INEGI

Expandir el conocimiento sobre los sistemas de control de riesgos de precios (en este caso, los contratos de cobertura) entre los productores del campo mexicano podría reducir su dependencia del gobierno, brindarles certidumbre económica, y aumentar su inclusión financiera. De esta forma, “democratizar” el conocimiento financiero en este sector, lograría una mayor diversificación e inversión en la producción y, finalmente, detonaría mayor desarrollo productivo en el campo.De esta forma, mediante la inclusión y la generación de capacidades financieras en los pequeños agricultores se crea una gran oportunidad para detonar el desarrollo del campo mexicano y sus trabajadores, objetivos que el propio titular de SAGARPA, José Calzada Rovirosa, ha planteado. Asimismo, aunado a los recientes resultados de la pobreza, y los recortes presupuestales anunciados por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la construcción de capacidades financieras develan un potencial inmejorable como política social entre los pequeños agricultores.

Uno de los principales motores para impulsar la innovación y la productividad es la educación y la generación de capacidades. Un capital humano capacitado es más productivo y entrega mayor valor al mercado, detonando ingresos cada vez más altos para los trabajadores, y mejores condiciones sociales y laborales, piezas fundamentales para el desarrollo social sostenible. La provisión de servicios y capacidades financieras a los pequeños productores impulsaría el desarrollo del sector primario, mediante el ahorro y la inversión en tecnología e innovación. En este sentido, si la inclusión financiera del campo mexicano puede romper su estancamiento histórico ¿por qué no estamos ya impulsando el potencial financiero de cada pequeño agricultor mexicano?

 

* Ximena López es investigadora de @CIDAC. Un agradecimiento especial a Lorena Segura por sus ideas geniales y disruptivas.

 

 

[1] Ravallion, Martin. 1987. Markets and Famines en Banerjee, Abhijit V. y Esther Duflo. 2011. Poor Economics. New York: Public Affairs.

[2] Banerjee, Abhijit V. y Esther Duflo. 2011. Poor Economics. New York: Public Affairs, Capítulo 6.

[3] De acuerdo al índice Non-Fuel Price Index (2005=100) del IMF Primary Commodity Prices.

[4] Macías Macías, Alejandro. 2013. “Los pequeños productores agrícolas en México” Carta Económica Regional, núms. 111-112, enero – diciembre 2013.

[5]FAO. La agricultura y el desarrollo rural en México.

[6]Cifras de empleo del primer trimester de 2015, disponible aquí.

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