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6 puntos para entender un año de Cumbres en América Latina


Por: José María Valenzuela (@valenzuela_jm)*

Este año, América Latina es anfitriona de tres reuniones internacionales de considerable importancia. En Cartagena, Colombia, concluyó la primera de ellas, la Cumbre de las Américas (14-15 de abril). Además, tendremos la Reunión Cumbre del Grupo de los Veinte o G-20 el 18 y 19 de junio en Los Cabos, México. Finalmente, la conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, Río+20, del 10 al 22 de junio, en Río de Janeiro, Brasil.

Es posible que la historia de estas Cumbres, como se les llama comúnmente, pese más que su contenido actual. Sin embargo, son un buen reflejo de la posición que asume América Latina en el mundo.

 1. No todo es una cumbre

El término “cumbre”, summit en inglés, se utiliza para referirse sólo a las conferencias internacionales en las que participan jefes de estado y de gobierno. De hecho, durante 10 años, las reuniones del G-20 no eran “cumbres” sino reuniones ministeriales, y aún hoy, a lo largo del año, hay reuniones de grupos de trabajo que pueden ser de carácter ministerial o de representantes de menor rango y son, con toda formalidad, reuniones G-20.

2. Cumbres del mundo de la Posguerra Fría

Las tres cumbres referidas se entienden como un fenómeno de la Posguerra Fría porque son propias de una condición en la que se imagina posible la conciliación política internacional con bases técnicas y no ideológicas. La Primera Cumbre de la Tierra o Cumbre de Río ocurrió en 1992, la primera Cumbre de las Américas en 1994, la primera reunión ministerial del G-20 en 1998 y la primer cumbre de líderes del G-20 en 2008. Esto no quiere decir que, en efecto, todos los participantes compartan esta interpretación.

La creación de las tres cumbres refleja la transformación en el contenido y la forma de la agenda internacional desde la desintegración del mundo soviético hasta nuestros días. En Río contemplamos un ejercicio de inclusión global y discusión sobre las bases del desarrollo sustentable. En la primera Cumbre de las Américas, vimos crecer el regionalismo institucional y la promoción del libre comercio en todo el continente; y, por último, la práctica del club selecto y la promoción de la economía financiera llegó con las reuniones del G-20. En esencia, hemos transitado del debate sobre la economía más real, la de los recursos naturales, hacia la economía más ficticia, la financiera (G-20).

3. El primer frente: rediseñar la economía de los recursos y las instituciones internacionales

La Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable de 1992, conocida como Cumbre de la Tierra, se realizó precisamente en Río de Janeiro; en 2002 en Johannesburgo y en 2012 de nuevo en Río –por ello +20. Estas reuniones son organizadas por la ONU, específicamente por la Comisión para el Desarrollo Sostenible del Consejo Económico y Social –hermano manco del Consejo de Seguridad–, para crear una nueva estructura institucional para la protección del medio ambiente y la promoción del desarrollo. Precisamente en ese marco, en 1992, se firmó el Convenio sobre la Diversidad Biológica, y se impulsaron  la Convención Internacional de lucha contra la desertificación en los países afectados por sequía grave o desertificación, en particular en África y, la mucho más conocida, Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

En 2012, las perspectivas son modestas. Se piensa, por ejemplo, en la transformación del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente como un Organismo de Naciones Unidas (como la FAO, ONUDI o la OMS), pero se mira difícil cuando los principales contribuyentes a Naciones Unidas se encuentran en condiciones fiscales desfavorables. Esta podría ser una oportunidad para observar a los BRIC u otras potencias regionales como Turquía, Indonesia o Kazajstán, poner la cartera en la mesa, al tiempo que hablan de agendas internacionales alternativas, tomando el liderazgo abandonado por los europeos. Pero que estas potencias regionales se pusiesen de acuerdo sería una verdadera sorpresa de la política internacional.

 

Reuniones preparatorias de Río +20.

 

4. El segundo frente: institucionalizar el liberalismo regional

La Cumbre de las Américas fue convocada por el gobierno de Estados Unidos, en el marco de la OEA, para promover y negociar el Área de Libre Comercio de las Américas ALCA –en medio del entusiasmo de la regionalización del comercio promovido por la emergente unión monetaria en Europa, el TLCAN y la recientemente creada Organización Mundial del Comercio. Eran los tiempos de Salinas, Fujimori y Menem. Tras la primera reunión en 1994 en Miami, han seguido otras reuniones con una periodicidad no mayor a 4 años. En cada una de ellas, la agenda originalmente propuesta, centrada en la integración económica regional, se ha desdibujado. Sin embargo, y tal vez por ello, esta es la Cumbre que tenía las mejores perspectivas para sorprendernos.

El mensaje agotado del libre comercio y el éxito en las iniciativas de infraestructura regional han hecho propicio el momento para que se haga escuchar la fuerza de la demanda de muchos gobiernos latinoamericanos de discutir, en el marco mismo del pensamiento liberal, la trasformación del régimen jurídico de las drogas.

Aun sin una declaración acordada por los participantes, premeditadamente evitada gracias a la inclusión de las Malvinas en la agenda, es de notar que hayan sido los más cercanos aliados de Estados Unidos, como México, Colombia, Guatemala y Costa Rica, los que hayan levantado la voz para pedir una discusión más seria y trascedente sobre el futuro de las drogas y la lucha contra el narcotráfico en el continente.

5. El tercer frente: la consolidación del mundo financiero

Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que las últimas dos décadas se han caracterizado por la internacionalización financiera por medios electrónicos y nuevos instrumentos conceptuales y técnicos de intercambio de dinero y riesgo. La creación del G-20 como foro ministerial en 1998 pretendía facilitar la liberalización financiera internacional. Diez años después, tras la crisis, se ha aprovechado el foro como espacio de negociación también política sobre el marco financiero, asumiendo, además, elementos de la agenda económica antes discutidas en el G-8, como infraestructura, seguridad alimentaria y energía.

De la Cumbre en Los Cabos se espera relativamente poco. Elecciones y cambios de gobierno en México, Francia, Estados Unidos y China resultan poco propicios para nuevas aventuras. Además, las reuniones en Seúl y Cannes, que le antecedieron, destacaron por su ambición y por la variedad de temas incluidos. México será más bien una oportunidad para mostrar logros, avances individuales y para adelgazar la abultada agenda que se ha colado dentro del G-20.

6. El frente oculto: la lucha por y contra las burocracias internacionales

Las cumbres, por definición, sirven para sobreponerse al anquilosamiento de las burocracias de los organismos internaciones y las organizaciones transnacionales de la sociedad civil. Río es un proceso que conducen, en esencia, los organismos internacionales, por ello será rica y variada en contenidos, pero difícilmente revolucionaria, a menos que se aproveche para transformaciones institucionales relevantes (que de hecho se negocian con anterioridad). El G-20, al ser un foro que pretende generar cambios transcendentales, ha tenido que depender de las burocracias internacionales en aspectos técnicos, algo contraproducente cuando no hay visión técnica capaz de dirimir diferencias políticas sustanciales. En contraste, la Cumbre de las Américas cuenta con poca carga de las organizaciones internacionales y se ha mantenido flexible en contenidos y formas, permitiendo, si fuese oportuno, renovarse en cada ocasión. Es así que, de forma efectiva, se abandonó la agenda del libre comercio continental, se desairó la agenda del terrorismo y se habla de nuevas agendas verdaderamente propias, como la de las drogas y el crimen organizado.

Después de todo, de entre todas las cumbres, parece que la de las América sigue siendo la más viva de todas.

 

Los presidentes de Estados Unidos, México y Chile, conversan en la Cumbre de las Américas.

 

*José María Valenzuela es Colaborador de Distintas Latitudes. Internacionalista, especialista en temas de energía, desarrollo y cambio climático.


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