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5 puntos sobre la elección presidencial en Venezuela

Por: Jordy A. Meléndez Yúdico (@Jordy_MY)

 

Para Natalia, quien me enseñó el sabor de las arepas y

la complejidad de la vida política venezolana.

 

El próximo domingo 7 de octubre, los venezolanos irán a las urnas para tomar una decisión que de antemano –y por donde se le quiera ver- se antoja complicada. ¿Dar continuidad al proyecto bolivariano encarnado en Hugo Chávez o ceder las riendas del gobierno a la oposición, aglutinada en torno a Henrique Capriles Radonski?

Cumbre Mercosur

1.

Mírese la imagen de arriba. Es de la XXX Cumbre de Países Socios y Asociados de Mercosur en 2006. Podemos ver, de izquierda a derecha, muy sonrientes  a Fidel Castro, Tabaré Vázquez, Luiz Inacio Lula da Silva, Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Michelle Bachelet. Todos políticos de izquierda que, diga lo que se diga, lograron cambios profundos en sus países. En ese entonces, el presidente venezolano ya cargaba a cuestas siete años de gobierno (llegó en 1999), un intento de golpe de estado (en 2002) y un referendo revocatorio (2004). Si una nueva reunión de Jefes de Estado y de Gobierno se hiciera ahora, sólo Hugo Chávez aparecería nuevamente en esa foto.

2.

Vayamos a lo obvio, antes de entrar en los detalles. ¿Qué significa una eventual reelección de Chávez al frente de los destinos de Venezuela? En principio, seis años más del proyecto socialista-bolivariano que viene impulsando (en 2018 sumaría veinte años al frente del país), un proyecto que se sostiene, entre otras cosas, en 1) una gran cantidad de misiones sociales y un esquema que intenta mejorar la redistribución de la riqueza, 2) una economía basada fundamentalmente en el petróleo -que ha hecho de Venezuela una potencia mediana a nivel regional en algunos temas, pero la está condenando a vivir de la importación de insumos básicos -, y 3) la sobre concentración de poder y responsabilidades en la figura del presidente de la nación. Y digo “en principio”, pues tras la reforma constitucional de 2009 no hay límite para la reelección presidencial. Chávez mismo, en más de una ocasión, ha expresado su deseo de permanecer en el poder hasta 2030. Seamos claros: socialismo del siglo XXI y bolivarianismo por lo general son eufemismos para decir “chavismo” y éste no es (ni pretender ser) otra cosa sino un proyecto estrictamente personalista. Se mire por dónde se mire, no hay ninguna figura dentro del oficialismo que destaque como posible sucesor del proyecto y Chávez no ha mostrado, ni hoy, ni cuando la totalidad del país amaneció con la noticia del cáncer presidencial, el menor interés por promover estos liderazgos.

Misión Ribas

3.

Ahora bien, la reelección de Chávez no significa sólo su continuidad en el poder en abstracto. Implica, por supuesto, el mantenimiento de las misiones y programas populares, pero también la continuidad de esquemas clientelistas y corporativistas que se han fomentado a través de ellos. Implica una apuesta por una sociedad más equitativa (según ONU-Habitat, Venezuela es el país que registra menos desigualdades en renta en América Latina), pero que es contrastada por dos realidades incontestables: a) Venezuela tiene hoy uno de los índices de homicidios más altos de todo el mundo (49 por cada 100 mil habitantes según cifras oficiales). La pretendida justicia social o no está siendo del todo verdadera, o echa abajo la idea de que una sociedad más igualitaria genera menos violencia y delincuencia. b) Alrededor de PDVSA se ha creado una “oligarquía oficialista” o una generación de nuevos ricos al amparo de contratos petroleros y refinerías que resquebraja la imagen redistributiva del proyecto socialista-bolivariano.

Capriles

4.

Ahora bien. Un eventual triunfo de la oposición tampoco es garantía de que estos y otros problemas podrán solucionarse en el corto plazo. La victoria de Henrique Capriles Radonski, un joven político ex alcalde de Baruta y gobernador del populoso estado de Miranda, generaría una serie de tensiones inmediatas en el plano interno y externo que pondrían a prueba la capacidad política de los cuadros y liderazgos de la oposición. Desde la campaña chavista se ha insistido en que el triunfo de Capriles supondría un “salto al vacío”, y varias voces de las milicias han expresado que su lealtad es con su comandante y con nadie más. ¿Cómo actuaría Capriles frente a posibles situaciones de inestabilidad? ¿Tiene la oposición la capacidad de salir al quite? ¿Qué pasaría con las alianzas estratégicas que ha tejido Chávez (y no tanto el estado venezolano) con países de América Latina como Bolivia, Ecuador, Argentina, y con aquellas fuera del continente, como Rusia y China? ¿Un triunfo opositor acabaría con las misiones y reinstauraría el capitalismo salvaje en Venezuela? Estas son preguntas que, evidentemente, solamente responderían al gobernar, pero se pueden encontrar algunas posibilidades. En primer lugar, Capriles declaró recientemente que su Ministro de Defensa sería un comandante en activo, lo que lanza la idea de que se han tendido puentes con el ejército. De hecho, el alto mando militar a través de Wilmer Barrientos,  jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Bolivariana de Venezuela, expresó que el ejército respetaría los resultados y sería garante de la constitucionalidad. En segundo, Capriles y los principales líderes opositores han mantenido un discurso des-ideologizado, sin lanzar críticas desde posiciones típicas de izquierda o derecha y se ha repetido hasta el cansancio que no están en contra de las misiones y que pretenden continuarlas y reforzarlas. Tres, aún en el caso de que Bolivia y Ecuador dieran la espalda a un gobierno liderado por Capriles (se antoja difícil que Cristina Fernández lo hiciera), éste tendría un apoyo en Juan Manuel Santos en Colombia, país realmente estratégico con el que Venezuela comercia los más altos volúmenes de productos básicos.

5.

Colombia y México han demostrado en los dos últimos años la inutilidad de creer ciegamente en las encuestas. En un país tan polarizado como Venezuela, donde las cifras del oficialismo y las de la oposición son tan divergentes, mal haríamos en tratar de adelantarnos a los resultados finales. Hay un detalle, sin embargo, en el que sí hay coincidencia entre las diferentes casas encuestadoras venezolanas: Capriles ha crecido notablemente el último mes y se ha ido cerrando la brecha, aunque el optimismo de la oposición parece demasiado alto. (Para un breve análisis de voto retrospectivo en Venezuela, véase aquí. Vía @Reindertot) La pregunta incontestable, quizá la única que importa, es si Hugo Chávez aceptaría una derrota en 2012. A nivel personal, me encantaría saber si el presidente venezolano no presiente que un nuevo triunfo electoral en el presente sería un lastre para la forma como pretende ser recordado en el futuro. Llegar a 20 años de gobierno (con diversos cambios constitucionales a modo para hacerlo posible) y un poder casi absoluto de la vida política y económica en Venezuela, desgastaría más la imagen de un proyecto, sí social, sí democrático, pero infinitamente personalista, que hoy sobrevive a costa de fanáticos y detractores, de esperanzas idílicas y miedos absolutos. Se vea por dónde se vea, con triunfo opositor o sin él, Venezuela necesita nuevos actores y aires renovados.

Hugo Chávez.

*Jordy A. Meléndez Yúdico, es director de Distintas Latitudes, revista digital de reflexión latinoamericana. 

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