Nobel de literatura

Existen autores que algunos iletrados reconocemos en el mapa gracias a que han obtenido el Nobel. Venga pues la obra de Kazuo Ishiguro a nuestras vidas.

Lo que debemos agradecer a la Academia Sueca es que en muchas ocasiones la concesión del Nobel de Literatura traiga consigo la presentación de un escritor nuevo que ingresar a los gustos de nuestras vidas. Así me pasó con Orhan Pamuk en el año 2006, cuando el anuncio de su obtención del Nobel trajo consigo la experiencia sobrecogedora y a la vez brillantísima que significó leer una obra total como lo es Estambul. Herta Müller, Alice Munro, son autoras que difícilmente muchos conoceríamos de no ser por que el galardón Nobel les iluminó masivamente las carreras y consiguió para sus respectivas obras una distribución que literalmente puso los alcances de su literatura frente a nuestros ojos. En suma: existen autores que algunos iletrados reconocemos en el mapa gracias a que han obtenido el Nobel.

Superada ya la extrañísima etapa que la Academia involuntariamente abrió el año pasado cuando en un alarde de hippismo -que muchísimos celebramos por todo lo alto, hay que decirlo con orgullo- se le ocurrió premiar a Bob Dylan, hoy las cosas parecen “normalizarse” cuando, más allá de polémicas y desconcertantes actitudes por parte del premiado, un autor con una probada larga trayectoria estrictamente literaria es galardonado con el más prestigioso reconocimiento a que puede aspirar un profesional de la pluma en este planeta.

Para hablar acerca de Kazuo Ishiguro, la poeta Julia Santibañez (Premio Internacional de Poesía Mario Benedetti 2016) ha dicho, en un post que tituló simplemente “Lo bueno y lo malo del Nobel a Ishiguro (sesudas reflexiones)”, que premiar a un autor como este inglés de origen japonés significa, entre otras cosas, que la Academia se ha abierto a la literatura no canónica, orientando el criterio hacia el amplio paisaje que representa la escritura mainstream. Por su parte, Ana Clavel (Premio Nacional de Cuento Gilberto Owen, Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska, entre otros reconocimientos) destacó a través de sus redes sociales el hecho de que sean cuatro los trabajos del autor que han sido llevados al cine (en el artículo publicado por el diario El País que la narradora destaca, se hace referencia a una declaración del propio Ishiguro en el sentido de que “la relación con el cine mantiene a los libros en el centro de la cultura”). Alberto Chimal, uno de los escritores más apreciados del país, recuperó la conversación que el New Statesman publicó entre el premiado y el escritor inglés Neil Gaiman, en la que Ishiguro afirma no tener ningún problema con las etiquetas que impone el marketing, a sabiendas que las mismas no son útiles para nadie más que para los editores y las librerías.

Leeré con gusto y curiosidad a Kazuo Ishiguro. Never let me go es el título que por alguna razón más atrae mi intención de entrarle a su mundo (que la Academia ha definido como un entramado “de gran fuerza emocional”), pero también veo por ahí que An artist of the floating world tiene lo suyo y debo decir que la imagen que aporta un título como The buried giant llama mucho a las ganas de darse la vuelta por la librería ya mismo.

En todo caso, venga pues la obra de Kazuo Ishiguro a nuestras vidas. Si el año pasado muchos celebramos constatar que la respuesta está en el viento, este año no suena nada mal intuir que sea la esperanza algo de lo mejor que nos quede en lo que falte del día.

 

@elimonpartido

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