La Hora Elástica

La inspiración es la televisión.

Andy Warhol

 

Desde hace semanas me debía un buen maratón de La Hora Elástica, el programa que ideó Fernando Rivera Calderón como parte de la brillante cauda de emisiones divertidísimas/inteligentísimas que han sido parte de su variada carrera y que desde septiembre transmite como parte de su recién remozada programación TV UNAM. Según yo, esta semana era ideal para meterme a YouTube y dedicar por lo menos un par de tardes enteras para echarme los capítulos que por cuestiones de horario y diversos pendientes simplemente nunca he podido ver en su horario original de transmisión (los lunes a las 20:30 hrs. con su respectiva repetición los sábados a las 22:00 hrs). El caso es que el sueño de armarme plácidamente echado mi Horaelasticatón no pudo cumplirse, aunque tengo que compartir que desde el martes he recorrido la ciudad usando todos los tiempos de mi transporte (en metro, metrobús, cabify… todo salvo los horrendísimos peseros que deprimen nomás de verlos) para pegarme los audífonos, subirle el brillo a la pantalla de mi celular y disfrutar por pedazos de un programa que, honestamente, le hacía falta a la tantas veces monótona oferta televisiva nacional.

Debo aclarar que mi opinión no es, en modo alguno, objetiva: he colaborado en proyectos creados por Fer en diversas épocas (de entre todos, mi corazón siempre destacará los grandes momentos que nos pasamos durante La Noche W, por ejemplo) y en el caso de la Hora Elástica, lo que miro en pantalla no es más que la extensión del espíritu siempre imaginativo de Fernando, aderezado en esta ocasión por un elenco del que conozco personalmente -y desde hace mucho tiempo- al 90 % de los integrantes, cosa que añade un plus a los ratos de sana diversión que me he pasado mirándolo y le resta un porcentaje aún mayor a mi imparcialidad crítica. El caso es que más allá de neutralidades que no me van a salir el programa me parece buenísimo, como pudo constatar el conductor del Cabify que me vio bajar de su unidad limpiándome las lagrimitas después de ver al gran Rafael Tonatiuh -quien siempre, siempre, entra sofocado a su sección del “Cine Piojito” luego de bailar por todo el set de la forma en que sólo él sabe hacerlo- hablar de cine pornográfico en general y de Garganta Profunda en particular.

También me he reído mucho mirando a Marisol Gasé haciendo gala de su expertise cabaretero y debo confesar que varios guiños filosófico-trascendentales de Óscar de la Borbolla me han sacado una risita que mi alma ha agradecido. En otros tonos, el querido Pepe Gordon me ha enseñado cosas que comprendo pero me cuesta trabajo explicar, como el asombroso antena-net con que se comunican las hormigas y el muy buen material de esa cápsula producida por el Conacyt donde según yo entendí por qué el protón es onda y partícula, shampoo y acondicionador al mismo tiempo, aunque aún me quedan un par de dudas (o quizá menos, como mil). Además de buenísima poeta, Julia Santibañez es dueña de una gran cultura, que vierte con elegancia en su sección, que se fascina por hallar poesía en donde se aparezca y mi revelación ha sido Luisa Iglesias, una co-conductora siglo XXI, dueña de simpatía pero sobre todo de un discurso articulado que contrasta con los manifiestos con los que otros personajes de los medios quieren hacerse pasar, como si fueran tweetstars, por sabios, incluyentes, políticamente correctísimos y además simpáticos. En suma, que alardeando de falta de ecuanimidad, yo le daría un premio a La Hora Elástica.

Lamento mucho que el próximo lunes la emisión llegue al fin de su primera temporada, aunque para mí es obvio que vendrá la segunda. Ya la festejaré limpiándome las lagrimitas de la risa mientras veo a Tonatiuh bailar. Por lo pronto, lo bueno de no haber logrado concluir mi Horaelasticatón es saber que aún me quedan capítulos para seguir estirando el tiempo con humor e inteligencia.

En tiempos como los que corren, de sobra está decir que eso se agradece. Qué viva La Hora Elástica.

 

 

@elimonpartido

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