De los homúnculos aristotélicos al estado de Querétaro

Las acciones legislativas que pretenden equiparar al embrión en sus primeras etapas de vida con los seres humanos ya nacidos, como el nuevo código civil de Querétaro, evidencian un total desconocimiento del proceso biológico mediante el cual inicia la vida, al grado de que los mismos legisladores confunden fecundación con concepción.

Por: Héctor A. Mendoza C.

 

Según Aristóteles los homúnculos eran pequeños hombrecitos que se encontraban dentro de los espermatozoides masculinos, dentro de los cuales se encontraban otros homúnculos y así hasta el infinito. Los homúnculos eran entonces, la semilla masculina que unida al óvulo femenino, generaban vida.

 

 Imagen que se atribuye a Nicolaas Hartsoeker (1694), Ilustra a un hombre pequeño acurrucado dentro de un espermatozoide.

Imagen que se atribuye a Nicolaas Hartsoeker (1694), Ilustra a un hombre pequeño acurrucado dentro de un espermatozoide.

En el año 2009 el congreso del estado de Querétaro modificó su constitución local a fin de estipular en la misma que todos los seres humanos tienen derecho a la vida desde el momento mismo de su fecundación. Por otra parte, en el mismo año y los mismos legisladores, promulgaron un nuevo código civil.

En esta nueva legislación civil se estableció que, desde el momento en que un individuo es concebido, de manera natural o por medio de las técnicas de reproducción asistida, éste queda bajo la protección de la ley y se le tiene por nacido para los efectos declarados en dicha legislación. Cabe señalar que no se define cuáles son o pueden ser esas “técnicas de reproducción asistida”.

Ambas acciones legislativas pretenden equiparar al embrión en sus primeras etapas de vida con los seres humanos ya nacidos, tan es así que en el nuevo código civil de Querétaro se agregó además, un capítulo denominado “adopción de embriones”.

Resulta evidente que tales acciones responden a un conservadurismo, imperante cuando menos, entre los legisladores de dicho estado. Este conservadurismo del que hablamos, se ha estado replicando en diferentes entidades de la república en las que, de manera similar, se han modificado las constituciones para –sin decirlo claramente- equiparar al embrión con los seres humanos ya nacidos.

Se argumenta en esos casos, que no podemos ni debemos cosificar al ser humano, que éste es un ser único e irrepetible desde sus orígenes primarios y que por ello debe ser protegido por la ley.

No obstante, tales argumentos lo que hacen es evidenciar un total desconocimiento del proceso biológico mediante el cual inicia la vida, tan es así que los mismos legisladores confunden fecundación con concepción.

Efectivamente, como ya se adelantó, en la constitución queretana se habla de fecundación en tanto que en la legislación civil se habla de concepción. El legislador queretano ignora, que una vez iniciada la fecundación y sucedida la concepción, el resultado de la misma puede derivar en diferentes fenómenos biológicos bien documentados por la ciencia.

Todo indica que bajo un análisis simplista, los legisladores han partido del siguiente sofisma: fusión de óvulo y esperma igual a fecundación, fecundación, igual a un nuevo individuo de la familia humana, único e irrepetible llamado cigoto, cigoto igual a embrión, embrión igual a feto y feto igual a persona.

Como ya adelantamos, los legisladores han sido incapaces de ponerse de acuerdo respecto del momento en que la vida humana debe ser protegida legalmente, ya que para efectos constitucionales es protegida desde la fecundación, en tanto que para efectos civiles lo es desde la concepción.

No obstante tales incoherencias, los mismos legisladores han decretado además, que los embriones –entendidos como niños microscópicos-, pueden ser adoptados.

Pudiera parecer que nuestra expresión “niños microscópicos” es irónica o exagerada, sin embargo, el propio código civil queretano en el apartado de adopción de embriones establece: “queda prohibido seleccionar el sexo del niño”. Es pues la misma legislación la que asume como iguales a embriones y niños, olvidando que los primeros son seres microscópicos en tanto que los segundos no.

Esta insistencia por equiparar a embriones con niños, es una muestra evidente de la intención de imponer una moral particular al grueso de la ciudadanía, lo que ética –e inclusive jurídicamente- es inaceptable. Adicionalmente, una técnica muy socorrida por nuestros legisladores es utilizar expresiones vagas que en realidad no conducen a nada. En el caso que nos ocupa, la ley dice que podrán ser adoptados aquellos embriones que encontrándose congelados, no hayan sido reclamados por sus progenitores “en el plazo señalado en la ley que regule la criopreservación de embriones”.

Sin embargo, el legislador queretano se olvidó de algo muy importante, promulgar una ley en donde se señale un plazo para la criopreservación. Nuestras afirmaciones se basan en que a partir de una búsqueda exhaustiva en diferentes sitios oficiales, (Gobierno del Estado de Querétaro, Procuraduría de Justicia, Congreso del Estado, etc.) no es posible encontrar ninguna ley que regule la criopreservación de embriones y como consecuencia es imposible determinar el plazo “legal” aludido en el anterior párrafo. Así pues, la defensa de la vida desde la fecundación o concepción, al menos en este caso queda en nada.

Todo indica entonces, que sin preocuparse en realidad por regular un fenómeno social determinado [la procreación humana asistida] los legisladores han dejado testimonio de sus prejuicios, ideología y postura moral. La que como en muchas ocasiones, resulta ser una doble moral, ya que por un lado se pretende proteger la vida desde sus primeros inicios y equiparar, sin sustento científico alguno, al embrión con la persona y por el otro, se olvidan de hacer las adecuaciones legislativas necesarias.

Esta forma de legislar, únicamente provoca –o permite- que se den diversas interpretaciones de la ley; recordemos por ejemplo lo que pasó en el estado de Guanajuato, en donde con una interpretación convenenciera de la ley, se encarceló a un grupo de mujeres con el mismo argumento, es decir, la pretendida defensa de la vida del ser humano desde sus orígenes.

En fin, la adopción de embriones queretana es una muestra más de cómo se legisla en nuestro país, imponiéndose por la vía legislativa, una visión del mundo que además de ser parcializada, es moralizante y por lo mismo resulta ser antidemocrática.

Cabe aclarar que de admitir tales hipótesis se caería en un sin fin de absurdos más, pues si aceptamos que esos embriones son niños “congelados”, podríamos pensar que son niños privados de su libertad, lo que implicaría que deberíamos procesar penalmente por secuestro, no solo al personal médico, sino también a todos aquellos que participaron en tales hechos. Tema éste, que abordaremos en otro momento.

 

* Héctor A. Mendoza C. es Profesor Investigador de la Universidad Autónoma de Nuevo León y miembro del Colegio de Bioética, A.C.

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