¿Cuántos tienen acceso a la salud mental en México?

México destina sólo el 2% del gasto en salud a atender la salud mental. Además, las causas de fondo no se atienden. Es un problema serio que sigue creciendo.

Por: Ricardo Páez Moreno

El 10 de octubre fue el Día Mundial de la Salud Mental y esa coyuntura es un buen motivo para hacer una reflexión sobre las posibilidades de acceso a la atención de la salud mental en la población mexicana.

La salud mental ha sido descuidada en el discurso sobre equidad en salud. Por ejemplo, ha estado ausente en las Metas de Desarrollo del Milenio y ha sido siempre un asunto colateral en el debate público y académico sobre salud. Aún en los países de alto ingreso, la atención de la salud tiene una baja prioridad, recibe bajo presupuesto y poca atención de parte de los gobiernos.[1]

Una excepción significativa fue la adopción por parte de México de la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidades, de diciembre de 2006 , cuya importancia no puede ser desestimada. Considera las discapacidades mentales como omnipresentes, comunes y responsables de una proporción significativa de la discapacidad, sufrimiento, mortalidad y pérdida de productividad en la sociedad. Constata que la carga social y económica llevada por los sujetos, sus familias, sus comunidades o sus naciones es enrome.

La relación entre discapacidad mental y pobreza, inequidad en el salario, la marginación y alienación social, así como la falta de hogar, está bien fundamentada por una evidencia creciente.[2] [3] La prevalencia en el número de discapacidades mentales depende de las disparidades sociales y económicas dentro de las sociedades. Factores como la clase social, el vivir en un ámbito rural, la migración, el desempleo, la falta de hogar y la inequidad en el sueldo influyen negativamente en un aumento de la prevalencia e incidencia de la esquizofrenia.[4] [5] Sin embargo, dado el predominio del modelo biomédico, en la práctica clínica no se asocia la salud mental con factores sociales, económicos, culturales y políticos -que interactúan como factores de vulnerabilidad- con los procesos biológicos innatos o adquiridos, los cuales propician la génesis, desarrollo y resultados de las discapacidades mentales. Se atiende desde el modelo médico rehabilitador y no desde el modelo social de la discapacidad.[6]

La discapacidad mental impacta en la educación, la conducta social, la productividad económica y en las normas culturales.[7] Es un fenómeno cambiante que a menudo esconde sus tentáculos extendidos en múltiples áreas de la vida y funcionamiento humanos.

En un reporte de la OMS realizado en 14 países, entre los que se incluyó a México, se señala que del 76 al 85% de los individuos con discapacidades mentales severas en los países de bajo ingreso no recibieron tratamiento, mientras que del 35 al 50% de los enfermos en países de alto ingreso sí lo tuvieron.[8] Aunque no es la única causa, la pobreza, el desempoderamiento y la inadecuada educación en salud impide el acceso a la atención de la salud. La población necesitada no puede afrontar las cuotas médicas, las medicinas prescritas o el transporte a la clínica u hospital, en un país en que la medicina se mercantiliza progresivamente y los tratamientos de última generación son impagables para la gran mayoría.

México destina sólo el 2% del gasto en salud a la salud mental, del cual se dedica el 80% para la operación de los hospitales psiquiátricos. El eje de atención es el tercer nivel, lo cual aumenta los costos del tratamiento, aleja las posibilidades de acceso a la mayoría de la población, y evita fortalecer los establecimientos de salud ambulatorios.

Existen 46 hospitales psiquiátricos que atienden a 47 usuarios por cada 100 mil habitantes, frente a 544 establecimientos de salud mental ambulatorios que ofrecen atención a 310 usuarios por cada 100 mil habitantes. La mayoría de los pacientes son adultos, siendo que 50% de los trastornos mentales inicia antes de los 21 a 24 años de edad. Y el número de psiquiatras es de 1.5 por 100 mil habitantes, comparado con la cifra de 10 por 100 mil habitantes de los países de alto ingreso. [9]

Podría abundarse en datos de realidad, pero conviene mejor detenerse a pensar si es correcto el modo en que se están administrando los escasos recursos para la atención de la salud mental en un país que está urgido de atención a este nivel, dada la cantidad de determinantes sociales de la salud que son proclives a enfermar de la mente a su población: pobreza, inequidad, inseguridad, estado débil, desempleo, mala educación, escasez de cobertura en salud, más un largo etcétera…

Un factor que habría que analizar con más detenimiento es la violencia que ha crecido de manera singular, particularmente en cuanto a sus causas sociales y estructurales que la precipitan. Ante tanta carencia social, son cada vez más escasos los elementos culturales de tolerancia, sana represión y canalización de impulsos. Thomas Hobbes, Sigmund Freud y el premio Nobel de Medicina Konrad Lorenz han sostenido que el humano es naturalmente agresivo y egoísta, y esto sólo se contiene con la cultura. México es un país enfermo, bajo un caos social progresivo, cuya población abandonada a su suerte padece la indolencia de sus autoridades y el abuso de quien toma el poder por su cuenta.  Este panorama pide acciones estratégicas que eviten más deterioro de la salud mental de la población y ayuden a canalizar los sentimientos de rabia, impotencia y frustración que predominan.

Un análisis bioético del fenómeno descrito pediría un espacio más amplio para ser abordado desde un enfoque de justicia, sobre todo de justicia social. Sin duda los factores macro piden ser cambiados, pero rebasan a la mayoría de los ciudadanos e incluso autoridades en salud. Sin embargo, desde cualquier abordaje de mínima justicia, se pediría redistribuir las políticas en salud mental para la población.

 Algunas pistas se presentan a continuación:

  1. Transitar un camino común entre justicia y salud que permita dar visibilidad a las injusticias con el fin de incorporar la salud mental como política de estado y mejorar el nivel de acceso a la salud.
  1. Las acciones deben orientarse al campo de la salud considerada en su acepción más amplia, incluyendo medidas a favor de la vivienda, la educación y el empleo.
  1. El aumento del número de unidades de atención ambulatoria de salud mental a nivel de psicoterapia clínica.
  2. Fomentar en los profesionales, el conocimiento de las conexiones causales, como las existentes entre la enfermedad y los factores ambientales y de comportamiento.
  3. La discapacidad es un problema de derechos humanos y que como tal debe incluirse como prioridad en la agenda de las instituciones.
  4. Privilegiar la atención de la niñez y adolescencia como edad en que aún puede hacerse mucho por el enfermo.
  5. Fomentar la participación de la familia y la sociedad civil en los planes y programas de salud mental.
  6. Propiciar la cultura de medicamentos genéricos probados por estudios de bioequivalencia.

Todo esto pide estrategia y voluntad política, destino de recursos apropiado y capacitación profesional y ética para ello. Tomar distancia para imaginar e implementar soluciones es tarea de cada uno y de todos.

 

@bioeticaunam

 

* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

[1] World Health Organization, World health report 2001. Mental health: New understanding, new hope (Geneva: WHO, 2001).

[2] V. Patel and A. Kleinman, “Poverty and common mental disorders in developing countries,” Bulletin of the World Health Organization 81/8 (2003), pp. 609–615.

[3] I. Kawachi, S. V. Subramanian, and N. Almeida-Filho, “A glossary for health inequalities,” Journal of Epidemiology and Community Health 56 (2002), pp. 647–652.

[4] E. M. Goldner, L. Hsu, P. Waraich, et al., “Prevalence and incidence studies of schizophrenic disorders: A systematic review of the literature,” Canadian Journal of Psychiatry 47 (2002), pp. 833–843.

[5] S. Saha, D. Chant, J. Welham, et al., “A systematic review of the prevalence of schizophrenia,” PLoS Medicine 2 (2005), p. e141.

[6] C. Muntaner. Teaching social inequalities in health: barriers and opportunities,” Scan J Public Health 27 (1999;), pp.161-165.

[7] R. Srinivasa Murthy, “Psychiatric comorbidity presents special challenges in developing countries,” World Psychiatry 3/1 (2004), pp. 28–30.

[8] WHO World Mental Health Survey Consortium, “Prevalence, severity, and unmet need for treatment of mental disorders in World Health Organization World Mental Health Surveys,” Journal of the American Medical Association 291/21 (2004), pp. 2581–2590.

[9] OMS. Instrumento de Evaluación para Sistemas de Salud Mental (IESM-OMS), México 2014.

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Comentarios
  • Andrea Lizeth

    Me pareció muy importante las posibles soluciones a la problematica que aparecen al final del articulo. Muchos de los artículos que leemos en la actualidad simplemente presentan quejas pero no plantean soluciones. Es por eso que me gustaría felicitarlo por su aportación a posibles soluciones que pueden ayudar a nuestro país.
    Soy estudiante de la carrera Ingeniería en servicios en el ITESO, como tarea se me encargo indagar sobre este tema y escoger algún articulo con el cual pudiera tener comunicación con el autor, como mencione en un principio me gusto mucho su aportación a la problematica, es por eso que seleccione este articulo.
    Como aportación quisiera agregar que otra posible solución seria re definir y restablecer los procesos de la Secretaría de Salud, ya que muchas de las veces la mala organización y mala administración de las secretarías se deben a que no existen procesos, provocando mala ejecución en sus servicios. Una vez re haciendo los procesos se sugeriría establecer la salud mental como un macro procesos muy importante dentro de la secretaría, y así asignar un mayor porcentaje tanto de dinero como atención a este sector.
    Me gustaría ver su respuesta sobre mi propuesta.
    De ante mano Gracias!