El discurso de odio que quiere callar a las mujeres

El discurso de odio de Trump no va dirigido solo a las (os) habitantes del país vecino, es un discurso que escuchamos en todos los espacios, que en México tiene eco cuando a las mujeres se les niega su derecho a interrumpir un embarazo, incluso cuando la ley lo permite, como sucede en el embarazo producto de una violación.

Por: María del Pilar González Barreda 

El que Donald Trump fuera electo como presidente de los Estados Unidos, después de un discurso claramente misógino, racista y xenófobo, parecía una mala jugada en noviembre del año 2016. En medios de comunicación y principalmente en redes sociales, percibimos que sus declaraciones tenían como factor común un mensaje de rechazo, odio y exclusión alrededor de la consigna “Make America Great Again”, proclama que no sólo es defendida por él, sino que es avalada por un amplio sector de la población estadounidense.

Las alusiones respecto a las mujeres durante su trayectoria política no son desconocidas, sus palabras hacen gala de la misoginia que desde hace siglos ellas han combatido en diversas latitudes. Tampoco tuvieron peso en el proceso electoral las acusaciones de violencia sexual en su contra. Trump representa a la figura masculina que subyuga a las mujeres, reduciéndolas a objetos carentes de voz, accesorios para satisfacción y el deleite masculino; se trata del hombre más poderoso del mundo, reproduciendo el discurso misógino universal cuya tendencia parece ir en aumento.

La vida y cuerpos de las mujeres sujetas a la voluntad, deseos y normas de aquellos que detentan el poder, una constante en la sociedad que no sólo está presente en el discurso de Trump, sino que se vive en lo cotidiano. Las mujeres a disposición de los designios de terceros; en los casos ‘menos graves’, estas intromisiones se reflejan en las expresiones acostumbradas relativas a la apariencia de las mujeres. En otros casos se encuentra la violencia visible, ese maltrato que se traduce en violencia física, violencia sexual o violencia feminicida.

El discurso de odio de Trump no va dirigido solo a las (os) habitantes del país vecino, es un discurso que escuchamos en todos los espacios, que en México tiene eco cuando a las mujeres se les niega su derecho a interrumpir un embarazo, incluso cuando la ley lo permite, como sucede en el embarazo producto de una violación. Es el mismo discurso que se encuentra en el Frente Nacional por la Familia cuando privilegia el matrimonio heterosexual y rechaza enérgicamente cualquier otro tipo de familia. Es el discurso que impone dogmas, que favorece los privilegios de clase, raza, edad, sexo-género.

A pocos días de su llegada a la presidencia del país del norte, Trump arremetió en contra de disposiciones legales que tendrán repercusiones directas sobre las mujeres menos privilegiadas del mundo. El 23 de enero, al reactivar la Mexico City Policy, se prohíbe que organizaciones no gubernamentales reciban y utilicen fondos federales para agendas relacionadas con la salud reproductiva. Esta decisión, una de las primeras como presidente de los Estados Unidos, tenía que estar relacionada con el tema del aborto. Esa bandera que se ha utilizado como trampolín político, trátese de liberales o conservadores, que no es otra cosa más que el uso de un situación con diversas aristas, reducida al más simple binarismo: bueno o malo. Es a partir de ahí que la polémica histórica del aborto se enfrasca (como siempre ha sucedido) en dogmas exacerbados que anulan el reconocimiento de la mujer como sujeto de derechos, capaz de tomar decisiones libres y autónomas.

La fotografía que invadió los medios de comunicación es el reflejo preciso de la manera en que el destino de las mujeres sigue supeditado al deseo de los varones. En una sala repleta de funcionarios, figura Trump aprobando la disposición que controla la sexualidad y la reproducción de las mujeres del mundo y que pone en riesgo su salud y vida.

 

 

El 21 de enero de 2017, un día después de la toma de posesión de la presidencia, la ciudad de Washington fue testigo de la resistencia de las mujeres frente al discurso de Trump. Mujeres de diversos espacios confluyeron y tomaron la palabra para que el mundo viera que no se iban a quedar calladas, para recordarnos que los derechos humanos nunca se pueden entender como batallas ganadas, pues siempre están en riesgo, y que ante el discurso patriarcal de Trump, se encuentra la unión de las mujeres que resisten como históricamente lo han hecho siempre. En palabras de Ana María Martínez de la Escalera (2013:14) “la solidaridad se manifiesta mediante experiencias de resistencia que muestran que hay otras maneras de ejercitar la relación entre las fuerzas del cuerpo y las relaciones entre los cuerpos que inventan, sobre la marcha, otras maneras de ser humanidad… estar-juntas empieza donde acaba el seguir-soportando la dominación donde ésta se manifieste”.

Marcha de mujeres en Washington el 21 de enero de 2017. Foto: The Globe and Mail.

Ya en el mes de octubre del año 2016, en Argentina las mujeres salieron a las calles denunciando el hartazgo en contra de la violencia sexual y feminicida, mientras que en Polonia las mujeres se manifestaron por la iniciativa de reforma de ley que pretendía prohibir el aborto.

En varias regiones de los Estados Unidos se incrementan los rumores sobre las nuevas restricciones en el campo de la salud sexual y reproductiva: obstáculos legales para acceder a la píldora del día siguiente, medidas para impedir el aborto a través de la objeción de conciencia relacionado con la libertad religiosa o bien la exigencia de la autorización de la pareja para interrumpir su embarazo. Por otra parte, en países como Holanda se comienza a planear el lanzamiento de un fondo internacional para acceder a métodos anticonceptivos y aborto para países en desarrollo, y de esta manera reducir los efectos de las políticas del gobierno estadounidense.

El 8 de marzo pasado, aproximadamente 50 países se unieron al PARO INTERNACIONAL de MUJERES. Con proclamas como Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, se buscó que el mensaje transcendiera para todas y todos aquellas (os) que estén hartas (os) de la normalización de la violencia en contra de las mujeres. El 8 de marzo, día importante en la lucha por los derechos humanos, las mujeres demostraron una vez más que se encuentran en resistencia en todo el mundo frente a los discursos y prácticas que, en la misma línea de Trump, representen la violencia y la exclusión.

En diferentes espacios geográficos se escucharon las demandas que hace décadas exigían el reconocimiento de los derechos laborales, pero también hubo pronunciamientos sobre la violencia cotidiana, la violencia que se vive en las calles, el acoso sexual, el control que ejercen los Estados sobre los cuerpos de las mujeres y la violencia extrema que arrebata su vida frente a la complicidad y silencio de las autoridades.

Agencia Cimac, 8 de Marzo: el Paro de Mujeres recorre el país, 9 de Marzo de 2017.

Las mujeres paramos es una frase con la fuerza necesaria para expresar que éste no es el momento histórico para quedarnos calladas. Como recordó Angela Davis en Washington, haciendo uso de las palabras de Ella Barker: “Nosotras que creemos en la libertad, no podemos descansar hasta que llegue”.

 

@bioeticaunam

 

Referencias:

Martínez de la Escalera, Ana María (2013), “Consideraciones sobre Justicia, Violencia de Género y Política Feminista”, en Raphael, Lucía y Priego, María Teresa (coordinadoras), Arte, Justicia y Género, SCJN-Fontamara, México.

 

 

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