Eutanasia y muerte digna

Preguntarse en qué momento es necesario morir se ha vuelto crucial para quienes creemos que, en ocasiones, más que extender la vida de una persona, es el sufrimiento lo que se prolonga.

Por: Tania Hernández

Actualmente la muerte, más que un hecho natural, se ha vuelto uno de los dilemas éticos más grandes del siglo XXI. La tecnología nos ha rebasado; ahora tenemos la posibilidad de prolongar indefinida –y algunas veces innecesariamente- la vida, esto gracias al avance médico-tecnológico que se ha venido desarrollando imparablemente desde el siglo XX. Morir es ahora un hecho que pareciera ser ajeno al ciclo natural de la vida. Postergar la muerte casi siempre es posible, tenemos los medios para hacerlo, sin embargo, que se pueda hacer no siempre implica que de hecho deba hacerse.

Preguntarse en qué momento es necesario morir se ha vuelto crucial para quienes creemos que, en ocasiones, más que extender la vida de una persona, es el sufrimiento lo que se prolonga. Quienes basamos nuestra vida en la libertad y la autonomía seguramente responderíamos que se vuelve necesario morir cuando nuestra dignidad comienza a coartarse; morir dignamente para algunos resulta tan importante como vivir de igual manera.

México dio un gran paso en este tema cuando se aprobó en el artículo 11 de la constitución de la CDMX el derecho a una muerte digna. Muchos medios de comunicación divulgaron erróneamente que lo que se había aprobado era la eutanasia, sin embargo eutanasia y muerte digna no son sinónimos en lo absoluto. Si bien muerte digna y eutanasia no significan lo mismo, éstos conceptos van de la mano, pues con la eutanasia lo que se busca es tener una muerte digna. Cabe aclarar que el hecho de que la eutanasia posibilite dicha muerte, no implica que ésta sea el único medio para poder morir dignamente, ésta es sólo una opción -que a muchos nos gustaría tener garantizada en caso de requerirla- entre muchas otras.

Para establecer la relación eutanasia – muerte digna es menester tener claro qué significa cada uno de estos conceptos. Así pues, por una parte, la muerte digna es aquella que deja paso a la autodeterminación de cada individuo para abandonar esta vida de la forma que considere mejor para sí mismo. La dignidad en la muerte es algo plenamente subjetivo; dependiendo de nuestra educación, valores, cultura y sociedad en la que nos desarrollemos, diremos que la dignidad en la muerte debería tener tal o cual característica.

Podría objetarse frente al hecho de pensar la dignidad como un concepto subjetivo. ¿Por qué tendría que respetar lo que otro considera digno si no es igual, o al menos parecido, a lo que yo considero como tal? Sencillamente porque vivimos en una sociedad plural; las diferencias tienen cabida en tanto que no afecten a otros. Tenemos derecho a diferir de lo que otros piensan, incluso a no estar de acuerdo en lo absoluto, pero ello no otorga el derecho de imponer lo que uno considera “lo correcto”. A fin de evitar imposiciones, más valdría exigir respeto en la medida en que uno ofrece lo mismo, pues de no hacerlo, el verdadero problema no sería la subjetividad sino la incapacidad de respetar y/o tolerar las diferencias de otro.

Ahora bien, por otro lado, la eutanasia es «el acto o procedimiento, por parte de un médico, para producir la muerte de un paciente, sin dolor, y a petición [voluntaria] de éste[1]». En este sentido, la eutanasia sería una opción que nos garantizaría la muerte digna a quienes, en caso de terminar nuestra vida al margen de la relación médico-paciente, consideramos indigno tener que morir en condiciones deplorables, agonizando, sabiendo que las opciones para aliviar el sufrimiento físico y emocional se han escapado, resultándonos así nuestra existencia indigna e intolerable. La eutanasia sería opción para quienes asumiéndonos seres libres y autónomos «amanecer cada día no [fuera] algo que [se] agradece sino que [se] padece». La eutanasia es, en este sentido, una salida de emergencia para quien considera mejor y más digno morir viviendo que vivir muriendo; nadie estaría obligado a tomarla; saldrá por ahí quien quiera salir, quien no, tendrá siempre las puertas de salida abiertas en otro lado.

Finalizo esta columna dejando la siguiente pregunta sobre la mesa: imaginemos que se formula una ley en la cual la eutanasia se impone a todos, sin importar que ésta vaya en contra de sus valores. A quienes consideran que la eutanasia atenta contra sus creencias les parecería absolutamente injusta dicha ley ¿cierto?

Entonces ¿por qué dicha imposición resulta injusta y aberrante para quienes están contra la eutanasia, pero no les resulta igual de injusto que quienes sí queremos tener garantizada esa salida de emergencia tengamos que aguantar la imposición de la vida aun cuando en algún punto ya no la queramos?

 

@bioeticaunam

 

 

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[1] Álvarez Del Río, A. (2005). Práctica y ética de la eutanasia. México: FCE. P.32.

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