Haré retumbar tu nombre, Luis Ángel León Rodríguez

El 3 de febrero de 2010, el entonces investigador del departamento de inteligencia de la Policía Federal, Sergio Licona, me dijo: “¡Araceli! ¿Querías la verdad sin maquillajes? Pues aquí está tu verdad. Tu hijo Luis está muerto, lo mataron y lo desaparecieron, se lo llevó el agua”.

Por: Araceli Rodríguez

Luis Ángel, empezaré a correr la tinta en esta hojita en blanco donde tú y yo somos los protagonistas en este doloroso proceso. Al empezar a charlar contigo se irá llenando con líneas que, desde mi corazón y con mucho amor, te escribo. Mis días sin ti me duelen mucho.

He aprendido a direccionar los negativos en positivos, a ser peleadora y no peleonera, a dialogar sin confrontar. Aprendí para enseñar, a dar sentido a mis días fortaleciendo mis conocimientos con argumentos y motivos fundamentados para exigir tu búsqueda, aunque yo te encuentro en cada momento en mi corazón y en mis pensamientos siempre estás. Tu ausencia me debilita, pero buscar tu presencia me fortalece.

Convertiste a tu mamá en una mujer de cambio y derecho, me has enseñado mil cosas, entre ellas que para tener perdón hay que reconciliarse con uno mismo y perdonar a quienes nos dañaron, porque para avanzar positivamente tengo que saber que quiero y para qué.

Entonces en este camino de tu búsqueda me he encontrado con el abrazo solidario de muchas personas que me han compartido y me han mostrado caminos de claridad asistiendo a conversatorios, diplomados, escuelas de paz, talleres, caravanas nacionales e internacionales, incidiendo en leyes por el bien de miles de víctimas que este Estado fallido ha dejado en nuestro país.

Así, me convertiste en lo que ahora soy: defensora de derechos humanos y consejera honorífica del Mecanismo de Protección a Periodistas y Defensores de Derechos Humanos de SEGOB; estudié la secundaria y estoy por terminar la preparatoria. Usted, ni niño, mi maestro, eres mi energía.

Naciste en mis entrañas el 9 de agosto de 1986, y renací a través tuyo el 16 de noviembre de 2009. Los días sin ti ya suman ocho años. El camino no ha sido fácil, hay mucha penumbra en tu ausencia. Es un laberinto sin salida, como un rompecabezas donde las piezas no encajan, donde la impunidad y la corrupción rebasan la verdad. Los principios de realidad hablan por sí solos, no hay investigación, no existe una línea de tiempo, modo, lugar de cómo, cuándo, dónde y por qué de tu desaparición forzada.

Viví tres meses en la Policía Federal de Contel, en Iztapalapa, exigiendo noticias de tu paradero. Haciendo cuanto acto de resistencia fuera posible. Fue entonces que el 3 de febrero de 2010, el entonces investigador del departamento de inteligencia de la Policía Federal, Sergio Licona, me dijo: “¡Araceli! ¿Querías la verdad sin maquillajes? Pues aquí está tu verdad. Tu hijo Luis está muerto, lo mataron y lo desaparecieron, se lo llevó el agua”. Esas son las peores palabras que mis oídos han escuchado, un dolor impresionante destrozó mis tímpanos. Las lágrimas inundaron mi cara, salí de ese salón y me dejé caer al piso porque mis piernas se quedaron sin fuerza. Respiré profundo para calmar mi llanto y elevé mis ojos al cielo y le grité a Dios que, si existía, por qué se vendó los ojos para no ver lo que te hacían. Me limpié las lágrimas, me levanté del piso y regresé al salón donde era la reunión y les dije: “Qué creen señores, si pensaron que esto me había debilitado, se equivocaron. Pues me han dado las herramientas para seguir buscando esa verdad oculta. Y aquí no termina, hoy empieza, tendrán Araceli para rato. Patearon la caja de Pandora y despertaron a la leona, al haberle arrebatado a su hijo amado. Seré su sombra, no los dejaré en paz”.

No puedo terminar la historia, no tiene final sin verdad. Hay muchos episodios donde las mentiras, inconsistencias, omisiones y dilación, imperan, gordito mío. Es luchar con un monstruo de dos cabezas: la delincuencia autorizada y la delincuencia organizada. Así que hijo, no quiero abrumarte, tu historia es un libro que jamás cerrará.

Hoy a, 8 años de tu desaparición, elevaré mis ojos al cielo y le pediré a Dios perdón por haberlo ofendido y le diré que abra las puertas para que te permita entrar al reino de lo eterno, donde mereces ser feliz y descansar en paz. Yo seguiré aquí en la tierra, te prometo ya no llorarte, ya no pedirte irme contigo que sé que los tiempos de Dios son justos y todo llega a su debido tiempo, mi niño. Abre tus alas y alza el vuelo hasta el cielo azul, donde sólo los ángeles como tú están a la diestra del Padre Eterno. Te prometo que haré retumbar tu nombre en todo el mundo, hasta el último segundo de mi vida.

Te amaré por siempre, mi Policía Federal sargento Primero Luis Ángel León Rodríguez, presente por siempre en mi corazón.

 

* Araceli Rodríguez Nava es defensora de los derechos humanos de las personas víctimas de desaparición y madre de Luis Ángel León Rodríguez, Policía Federal que desapareció el 16 de noviembre de 2009 en Michoacán.

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