El voto onírico por la izquierda

Compran votos porque existe una oferta. Lucran con programas sociales porque hay una necesidad social real. La diferencia radica en el partido que compra y el elector que vende. En el DF una de las bases de votantes de izquierda es la población que requiere vivienda. Pasan de cinco a diez años de asistencia prácticamente semanal a marchas, mítines, plantones y manifestaciones, para que se “ganen” su departamento o terreno.

El Distrito Federal es la entidad federativa del país con mayor conectividad, con más grado educativo, más informada, pero también es la que menos exige a su gobierno local, delegacional y representantes legislativos. Curiosamente medios, ciudadanos, think tanks piden cuentas a nivel federal, pero pocos se involucran en la problemática inmediata local, en su esfera más próxima. ¿Qué es lo que a los ciudadanos del centro del país les puede mover para exigir una mejor calidad de representación política y desempeño de gobierno?

Cuestión de enfoques

El contacto social en un país como México es indispensable. Se requiere creatividad gubernamental, profesionalismo y crecimiento económico; el bienestar social no se eleva con reparto de dinero público mediante programas sociales, sin generar una economía real y crecimiento potencial.

La lectura del funcionamiento político desde una óptica ciudadana, social, con herramientas de investigación y análisis sólidas, es esencial. Más de la mitad de los trabajadores en todo el país gana menos de 4 mil pesos al mes de acuerdo a cifras del INEGI; 11.7 millones de personas no cuentan con el ingreso indispensable para satisfacer sus necesidades alimentarias según CONEVAL.

El reto es mayúsculo no sólo para los gobiernos o legisladores sino para las organizaciones que evalúan los avances sociales. ¿Cómo estructurar leyes, regulación, normas de aplicación de programas sociales y uso de recursos que impulsen transparencia y rendición de cuentas de partidos, legisladores y gobierno, si la pobreza regula las decisiones y conductas de ciudadanos y votantes?

Un ejemplo que rebasa la realidad es el absurdo adendum del Pacto por México que establece el compromiso de partidos y gobierno para respetar la ley. Este país pasó de la ciencia ficción a lo bizarro en un santiamén.

Compra de votos y bases

Compran votos porque existe una oferta. Lucran con programas sociales porque hay una necesidad social real. La diferencia radica en el partido que compra y el elector que vende. En el Distrito Federal una de las bases de votantes de izquierda es la población que requiere vivienda. Pasan de cinco a diez años de asistencia prácticamente semanal a marchas, mítines, plantones y manifestaciones, para que se “ganen” su departamento o terreno.

La forma de pagar la vivienda en la capital del país para la población más vulnerable es asignar su tiempo a las actividades  que les ordenen sus líderes. En caso de no asistir, las personas tienen que pagar $200; si encuentran a quien vaya en su representación, el costo es “sólo” de $100 que le tienen que pagar al sustituto. Estas son cifras que no surgen de estudios académicos o especializados, se recaban de las conversaciones con las personas que llevan años dentro de la maquinaria perredista en el D.F.

En el gobierno de Marcelo Ebrard se construyeron más de 33 mil viviendas con un presupuesto total de 7 mil 229 millones de pesos. Si extendemos el argumento y suponemos que la construcción de vivienda contribuye con una proporción de las bases de militancia perredista, estaríamos en la condición de haber financiado por seis años lo equivalente a la mitad del presupuesto de 2013 asignado a la Estrategia Nacional para la Transición Energética y el Aprovechamiento Sustentable de la Energía de la dependencia afín.

Romanticismo ciudadano

Hay una distancia enorme entre realpolitik y romanticismo ciudadano. Hay que elegir entre el mal menor, existen externalidades –costos- que deben absorberse. La pregunta es: ¿queremos impulsar una izquierda seria que sea una opción de gobierno responsable con banderas sociales, planeación de políticas públicas y lineamientos de corto y mediano plazo? ¿O se compra un discurso social que contrasta con los resultados de gobierno?

La caridad –léase gasto público- representada en programas sociales que mantienen electorados, no se convierte en mayor capacidad laboral, mejores ingresos, equidad, acceso a la educación, con protección de derechos humanos en sus tres generaciones. ¿En el Distrito Federal se vota por un anhelo de izquierda o por una experiencia real de mejor calidad de vida y beneficio social?

¿A quién exigir?

El 75 por ciento de los mexicanos considera que el Congreso de la Unión no informa sobre el uso del dinero público, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción levantada por la Auditoría Superior de Fiscalización y la UNAM. Aún más: siete de cada diez encuestados desconocen las instituciones que vigilan el gasto del dinero público. ¿Qué hacer para involucrar a los ciudadanos?

El autoreconocimiento ciudadano es desolador: entre el 59 y 66 por ciento consideran que es poco y nada posible combatir la corrupción a nivel local y nacional, respectivamente. Hay un profundo trecho que recorrer en empoderamiento ciudadano. ¿Cómo fortalecernos? El uso de redes sociales ha sido una insistencia constante de Visión Legislativa.

¿Para cuánto alcanza?

En ocasiones se pierde la perspectiva cuando se concentra el debate público en el centro del país. Se adquiere la ceguera de taller que impide percatarse que la realidad que se percibe en lo inmediato, no es la misma para todos. Esto ocurre con el peso del PRD en los congresos locales. Sólo tienen la representación del 14 por ciento de los diputados locales del país, mientras que el PRI tiene el 42 por ciento y el PAN el 24.

Con el tercer lugar a cuestas como partido con fuerza legislativa, el PRD tiene retos enormes para que a nivel nacional sea una opción de gobierno para 2018. Como partido político deberá transparentar sus procesos internos de candidaturas, dar a conocer su padrón de militancia, democratizar los mecanismos de elección de dirigencias, institucionalizar su vida interna, especializarse en la calidad de sus propuestas legislativas.

Los gobernadores perredistas deberán demostrar que no basta tener una base partidista y electoral cautiva, o votantes que anhelan un gobierno social que ayude a reducir la pobreza. La democracia exige resultados inmediatos de los problemas del país. Partidos políticos transparentes, representantes populares que rindan cuentas, gobiernos más eficaces. ¿Estarán a la altura?

Blog VL Diputados locales

Close
Comentarios