Vladimir Chorny

Voces Disidentes

Perfil Licenciado en derecho y docente (UNAM). Ha sido asistente de investigador y activista por los derechos humanos y la democratización del sistema de medios de comunicación. Amante de la filosofía, inconforme del mundo actual, disidente de paradigmas y miembro #YoSoy132.

Ver Más

Lo peor que pudo pasar

“Preferimos tener la razón a unirnos para ganar una lucha que era de todos y eso, en nuestra determinación, fue lo peor que pudo pasar… al final, les hicimos la chamba…

Rechazamos los avances de la reforma y dejamos que los intereses, convertidos en cabilderos y opinólogos de las televisoras y de Slim, usarán nuestras diferencias contra nosotros para salir ganando. Dejamos pasar la oportunidad que nosotros mismos construimos”

 

La reforma en telecomunicaciones es de nosotros. Se ha construido por más de 20 años y en esa lucha hemos participado muchos. Hoy, personas que han invertido parte importante de su vida luchando por la democratización del sistema de medios y jóvenes que nos sumamos, revivimos y fortalecimos esta demanda desde el año pasado, vemos llegar el inicio de la batalla final.

Yo quiero reconocer dos cosas. Primero, que la reforma ha sido, en mi opinión, criticada justificadamente por su proceso de creación cupular y cerrado. Segundo, que en su contenido se ha incluido un número importante de las demandas y puntos mínimos que exigimos quienes no fuimos incluidos en ese proceso resultado del Pacto Por México. Para muestra, dos botones.

El movimiento #YoSoy132 construyó, tras meses de preparación y estudio, un Documento de Exigencias Mínimas (DEM), consistente en 14 puntos considerados indispensables para lograr la democratización del sistema de medios de comunicación. Creo que la reforma constitucional contempla al menos siete puntos (ni iguales ni completamente; muchos cercanamente): la radiodifusión como un servicio público (pto. 1);  las obligaciones del salto digital y el debate del uso del espectro radioeléctrico – poco claro en la reforma – (pto. 2); la existencia de concesiones privadas, públicas y sociales – dejando fuera las comunitarias y la reserva de espectro radioeléctrico – (pto. 3); el organismo regulador autónomo, con diferencias casi irreconciliables (pto. 4); el acceso a banda ancha (pto. 9); el reconocimiento de la convergencia y las reglas de propiedad cruzada (pto. 12); y las reglas de must carry-must offer (pto. 13).

Cierto es que algunos puntos del DEM son tratados con mayor o menor profundidad en la reforma; a veces se contempla el punto con mucho menor alcance del que exige el documento del movimiento. Las críticas desde este sector me parecen completamente válidas. Al final, el diablo está en los detalles.

Por otro lado, la Coalición Ciudadana Democracia y Medios, integrada por la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI) y otras más de 200 organizaciones y numerosos académicos, especialistas y ciudadanos, difundió e impulsó 21 principios mínimos a través de la campaña Más Para Ver. La reforma también contempla muchos de ellos: garantiza la libertad de expresión y el derecho a la información de acuerdo a estándares internacionales de derechos humanos (pto. 1); la convergencia (pto. 2); el Instituto Federal de Telecomunicaciones (pto. 3); la radiodifusión y telecomunicaciones como servicio público (pto. 4); sanciones contra prácticas monopólicas (pto. 5); la homologación de concesiones (pto. 8); la transición digital (pto. 9); el reconocimiento a medios públicos y comunitarios – aquí también de manera precaria y sin la reserva de espectro radioeléctrico – (pto. 10); reglas de dominancia y de propiedad cruzada (pto. 13); la publicidad engañosa (pto. 14); la salvaguarda del derecho de réplica (pto. 18); el must carry-must offer (pto. 19); y la inversión extranjera (pto. 20).

¿Por qué señalar esto? Porque aunque sé que la reforma no satisfizo por completo las exigencias de ambos colectivos y que tendrán objeciones válidas sobre ella, es innegable que su contenido representa un avance, independientemente del reprobable proceso de exclusión por el que se llevó a cabo.

Por ello quienes han luchado durante décadas contra estos poderes fácticos, han salido a reconocer las virtudes que tiene y a abrazarla por completo o a aceptarla con reservas. Yo disiento de la primera porque celebrar así un proyecto incompleto es casi dar el visto bueno para que no cambie. Tanto aceptar sin criticar como rechazar a priori cerrando la posibilidad de cambiar la iniciativa, me parecen dos formas de abrir la puerta a hacerle la chamba a las televisoras o a Slim.

Al final se le quitaron temas muy importantes, por interés de las televisoras principalmente. Por mencionar tres, está la reivindicación de los medios comunitarios (impulsada tanto por la Asociación Mundial de Radios Comunitarias, como por el #YoSoy132 y la AMEDI), fuertemente relegados por la lógica comercial de la reforma (aunque esta batalla podría darse en la ley secundaria); también están los parámetros para declarar a un actor “dominante” y tomar acciones para impedirle constituir un monopolio, ya que se olvidaron dos criterios que afectan profundamente los intereses de las televisoras: la concentración de publicidad y la audiencia potencial; por último, el tema fundamental de la multiprogramación, donde no es claro qué pasará cuando se dé el salto a la televisión digital y se libere el espectro radioeléctrico que ahora concentra mayoritariamente Televisa y TvAzteca, quedando la posibilidad de que no regresen el nuevo espacio liberado y devuelvan solamente los canales espejo, lesionando por completo la pluralidad del sistema.

Ciertas sus limitaciones como sus virtudes, y éstas, son fruto guste o no, de las demandas de muchos, incluidas las del #YoSoy132. No se las robaron, fueron aciertos inevitables para una propuesta que intenta cambiar el sistema de medios y esa es una victoria que no podrán borrar. La propuesta debe fortalecerse con las otras exigencias.

Para algunos de nosotros, cuando marchábamos frente a Televisa y pasábamos días especializándonos en el tema, la posibilidad de democratizar el sistema de medios de comunicación parecía un sueño. Todavía hoy lo parece, pero la realidad nos alcanzó y no queda más que enfrentarla, y la única manera que se me ocurre de hacerlo es sumando todo para que las cosas que se quedaron fuera se incorporen y que el poder televisivo que rechazamos todo este tiempo se altere de manera profunda. Pero para lograrlo, creo que se necesitan al menos tres cosas.

Primero, dejar claro que no podemos retroceder; que aquello que está hoy en la reforma no debe acotarse o echarse abajo, ni un solo tema. Aquí, “lo dado no se quita”. Con ese piso inamovible, lo siguiente es ser claros en qué pedimos agregar para fortalecer la reforma, de aquí que muchos suscribamos la campaña Más Para Ver con sus “10 puntos para fortalecer la reforma”, para lo que se impulsó la campaña para su firma. Finalmente, debemos unirnos, como una vez lo hicimos poniendo de lado diferencias que, aunque sean plenamente legítimas, hoy juegan a favor de Televisa, TvAzteca y Slim, que harán todo lo que puedan para salir lo mejor librados.

Hay tiempos que no se escogen… hoy es tiempo de democratizar el sistema de medios. Los poderes de las televisoras y Slim siguen siendo dos mounstros poderosísimos. ¿Nos unimos o vamos solos contra ellos?

Ya tendremos años venideros para echar abajo a los otros… En esta lucha, el futuro es hoy y, lo peor que puede pasar, es que las primeras líneas se vuelvan realidad.

Deja un comentario