La (carente) infraestructura peatonal en Chihuahua

Según datos del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP), Chihuahua ha destinado más del 80% de su presupuesto en movilidad en infraestructura vehicular. Esta desigualdad en inversiones ha generado que las personas perciban el caminar como una posición desprivilegiada, un tema, sin duda, de psicología ambiental.

Por: Isis Estrada Rascón (@nonflere) y Sergio Andrade Ochoa (@rat_inside)

Personas caminando por la calle, señalamientos y postes a media banqueta, espacios peatonales que parecieran un parque extremo o un concurso de obstáculos, rampas bloqueadas, paradas de autobús en los lugares menos adecuados y sin sombra o protección alguna, estacionamientos improvisados, etc.

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Estas son solamente algunas de las cosas que nos topamos cuando por suerte encontramos un espacio ‘peatonal’, pero, ¿en realidad nos damos cuenta de esto? O ¿estamos tan acostumbrados a la mala planeación de la ciudad y a que al peatón se le vea en último lugar que ya ni siquiera se le puede llamar apatía?

Mientras que por un lado el Centro Histórico ha tenido algunos avances en el tema de peatonalizar calles e invitar a la convivencia y disminución del vehículo motorizado, por otro lado la diseminación de la mancha urbana en la ciudad de Chihuahua ha provocado un incremento de distancias. Esta expansión urbana ha convertido al automóvil como un instrumento “indispensable” para desplazarse y acceder a la ciudad (Dupuy, 2006).

Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en el año 2000 en Chihuahua circulaban 469,932 vehículos privados, quince años después se registran 983,916 circulando. El aumento de las cifras no es de sorprender, pues en los últimos años las inversiones en movilidad se ha enfocado en infraestructura vehicular, lo que incentiva su uso (una situación ya discutida ampliamente), lo que genera externalidades negativas con efectos directos en la salud, economía y medio ambiente.

En la actualidad Chihuahua vive un problema serio en cuestiones de infraestructura y movilidad universal. Según datos del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP), Chihuahua ha destinado más del 80% de su presupuesto en movilidad en infraestructura vehicular. En el 2014, por ejemplo, de $226,330,393.00 el 85% se destinó a infraestructura vehicular, 9% en infraestructura para la recuperación del espacio público y 4% en infraestructura peatonal. Esta desigualdad en inversiones ha generado que en Chihuahua las personas perciban el caminar como una posición desprivilegiada, un tema, sin duda, de psicología ambiental.

Los lugares poco amigables para los peatones tienden a percibirse como zonas peligrosas o indeseables. Quienes los recorren más que sentir que pueden llegar apaciblemente se sienten vulnerables, expuestos y sí, segregados de aquellos que tienen el privilegio de ir a una velocidad más alta, con sombra y aire acondicionado. Todo esto genera estrés y falta de interés por un espacio que les pertenece, simplemente porque no se siente como suyo.

Un censo en el 2008 del INEGI capturó la información sobre las banquetas disponibles por entidades a nivel nacional, reportando que en Chihuahua solo se contaba con el 33% de cobertura total de banquetas. Siete años después el Inventario Nacional de Vivienda del 2015 sigue reportando estos datos desalentadores; en las imágenes 1, 2 y 3 se ilustran el mapa de la ciudad de Chihuahua capital, el primero de ellos representa la cobertura en infraestructura vehicular (Fig. 1), la segunda la cobertura de banqueta (Fig. 2) y la tercera la cobertura de infraestructura peatonal universal (Fig. 3), es decir aquella para individuos que padecen de alguna discapacidad.

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En estas imágenes el color verde significa cobertura total, el amarillo cobertura parcial y en rojo la ausencia total en cobertura. Estas imágenes ejemplifican de manera clara la amplia cobertura en infraestructura vehicular, mientras que la infraestructura peatonal se encuentra en rezago. Así mismo es claro que Chihuahua carece de infraestructura peatonal universal, digna e incluyente para todos los ciudadanos con discapacidades.

Los datos que ofrece el INEGI son de gran importancia. Sin embargo, en términos estrictos es importante mencionar que el grado de caminabilidad en una urbe no es posible medirse a partir de la presencia-ausencia de banqueta, pues en la actualidad los peatones sufrimos de obstáculos al caminar. En Chihuahua seguimos viendo camellones con árboles que están destinados a generar sombra a los automóviles, lo cual no tiene lógica alguna. Vemos paradas de autobuses en la intemperie, periféricos de alta velocidad al lado de las universidad, personas en sillas de ruedas subiendo puentes vehiculares de alta velocidad vehicular, vías rápidas sin altos frente hospitales con banquetas de menos de 80 centímetros y puentes (anti)peatonales en zonas escolares en donde por ley el automóvil debería ir a 20 km/hr.

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Sí, tenemos en algunas zonas (en el centro principalmente) con decoraciones agradables, letreros gigantes con el nombre de nuestra ciudad e incluso una que otra sombra accidental causada por los árboles que no se han podado de manera adecuada. ¿Pero el resto de la ciudad? ¿Por dónde caminan las personas?

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Es importante recordar que el tema de infraestructura peatonal también es un tema de seguridad vial, sin inversión adecuada en infraestructura segura e incluyente la convivencia de los transeúntes y la seguridad vial se ven en deterioro. En el 2015 Chihuahua reportó 2’088 peatones accidentados por algún vehículos de automotor, según cifras del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiologica (SINAVE), en dónde los medios y autoridades generalmente han culpado al peatón de sus imprudentes acciones (caso conocido como el “mito del peatón salvaje”, llamado así por el activista y periodista venezolano Cheo Carvajal), sin percatarse que durante décadas el presupuesto en cuestiones de movilidad ignora a peatones, ciclistas y seguridad vial, mientras que dedica a comprar, mantener y construir obras para automóviles.

No es tan difícil de entender y es un discurso que se ha venido repitiendo pero solamente en los labios de quienes lo han vivido y lo han tratado de trasmitir, porque al igual que la bicicleta como medio de transporte, conocer el tema peatonal se convierte también en un tema vivencial, aunque lo deseable sería que todos tuviéramos la consciencia suficiente del espacio.

Al final esta situación termina donde empezamos, el crecimiento desmedido de la ciudad, la necesidad de un vehículo motorizado por las distancias y el mal transporte público, pero sobre todo, la falta de voluntad política.

 

* Isis Estrada Rascón es licenciada en Psicología y activista de los derechos humanos en Chihuahua. Miembro fundador de Chihuahua en Bicicleta y Directora de Desarrollo y Movilidad Alternativa A.C. Sergio Andrade Ochoa es estudiante doctoral del Instituto Politécnico Nacional. Entusiasta de los derechos humanos, la protección del medio ambiente, la ciencia y la tecnología. Embajador de La Hora del Planeta en México, miembro activo de la Liga Peatonal.

 

 

Referencias y ligas de interés:

Dupuy, G. (2006). La dépendance à l’égard de l’automobile. Transports, recherche, innovation le point sur.

Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP) (2014) Invertir Para Movernos.

Inventario Nacional de Vivienda 2015.

Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica.

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