Ciencia en México y la reducción de becas CONACYT

La disminución de becas incentiva a una disminución de alumnos de posgrado, menor generación de recursos humanos y menor generación de productos científicos como publicaciones y patentes.

Por: Sergio Andrade Ochoa (@rat_inside)

No hay excepción; todos los países que han logrado alcanzar altos niveles de vida para sus ciudadanos generan un fuerte proceso de innovación, sostenido por un vigoroso desarrollo tecnológico y una sólida base científica.

La ciencia es el conocimiento obtenido mediante rigorosa experimentación y observación. Actualmente las grandes potencias se definen como aquellas que logran innovar y generar nuevo conocimiento. En este rubro, México ha tenido una menor celeridad que otras naciones: en el 2014 invirtió cerca del 0.43 % del Producto Interno Bruto (PIB), en el 2015 la inversión en Gasto en Investigación y Desarrollo Experimental (GIDE) pasó a 0.57, del 2012 al 2016 ha habido un aumento del 28 % de recursos federales para este rubro (Figura 1), un incremento importante aunque aún por debajo del promedio invertido por los países de América Latina y lejos de la media invertida que hacen los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) (2.39% del PIB) (Figura 2). De hecho, de los países que forman la OCDE, México es quien menos invierte en Ciencia, Tecnología e Innovación.

En México, el impulso de la ciencia y la tecnología está sostenido por la formación de recursos humanos; son los estudiantes de posgrado quienes, en mayor medida, efectúan el trabajo y quehacer científico bajo la dirección de un Doctor en Ciencias, generalmente adscrito a alguna institución educativa o de investigación. El apoyo a la formación académica en México esta sostenido por las becas del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), las cuales se otorgan a alumnos que ingresan a posgrados dentro del Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC). Uno de los requisitos para la inscripción a estas maestrías y doctorados es una carta compromiso de dedicación de tiempo completo. Es decir, para estudiar un posgrado con apoyo del CONACYT tienes prohibido trabajar, lo que impide a los estudiantes la posibilidad de obtener derechos laborales como sistemas de ahorro para el retiro o créditos para vivienda. O sea, la ciencia y tecnología en México se mantiene gracias al recurso humano que representan los estudiantes de posgrado, quienes además no obtendrán, durante los años que dediquen a ello, ningún derecho laboral.

A finales de año pasado la Cámara de Diputados decretó un recorte presupuestal en materia de Ciencia y Tecnología, por lo que para este año el CONACYT ejercerá 23.3 % menos de su presupuesto, un retroceso considerable y que va en contra de la promesa de campaña del presidente Peña Nieto, quien aseguraba que para final de su sexenio el presupuesto asignado en la materia sería del 1 % del PIB, la cantidad mínima de inversión establecida por la ley (Articulo 9BIS de la Ley de Ciencia y Tecnología). Aunado a esto se concedió un cambio de medida para calcular las becas de la unidad de salario mínimo a la Unidad de Medida y Actualización (UMA), lo que generó polémica y descontento entre los estudiantes.

El pasado 7 de Marzo, el director general del CONACYT, Enrique Cabrero Mendoza, resaltó el hecho de que las becas no disminuirían y que de hecho habían aumentado en un 4 %. Sin embargo, desde hace semanas varias instituciones han anunciado el recorte en el número de becas que eran otorgadas anualmente para estudiantes de posgrados de excelencia.

En la UAM Xochimilco, por ejemplo, siete de cada diez alumnos que ingresaron al posgrado no obtendrán apoyo, además de que CONACYT no cubrirá las cuotas de inscripción. La Universidad de Guadalajara también ha denunciado que para este año el Consejo no otorgará nuevas becas, lo que deja en incertidumbre a 150 estudiantes que esperaban recibir el apoyo económico. En el Posgrado de Inmunología del Instituto Politécnico Nacional se otorgaron cinco becas, las cuales se entregarán, como en los Juegos del Hambre, a cinco de los veinticinco estudiantes de posgrado que acaban de ingresar. Esta situación mantiene a los directivos en constante comunicación con CONACYT para la búsqueda total de apoyos. En la Maestría en Investigación Educativa de la Universidad Veracruzana fueron aceptados 21 alumnos y ninguna beca fue asignada; en el Posgrado de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de la Universidad Autónoma de Chihuahua se otorgaron tres becas para los siete alumnos que ingresaron,

En 13 de Marzo una decena de estudiantes de la Universidad Autónoma de Nayarit protestaron en contra de los recortes presupuestales para maestrías y doctorados. Además, alumnos del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) lanzaron una campaña en Change.org en contra de los recortes (En esta institución ingresaron 28 alumnos y sólo se otorgaron 8 becas). También vía Change.org algunos movimientos estudiantiles solicitan a CONACYT que tras el recorte se retire la beca a extranjeros para priorizar a mexicanos. Por su parte, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo mandó un oficio dirigido al director del CONACYT solicitando apoyo y pidiendo una aclaración (en la maestría en Derechos de esta institución 23 alumnos ingresaron y solo dos becas fueron asignadas). Tenemos también el caso de la Universidad Autónoma de Querétaro, en donde la directora de la Facultad de Ciencias Naturales externo su preocupación ante la disminución de becas. Alumnos y maestros de la Universidad Autónoma de Sinaloa han publicado un video externando su indignación ante el recorte; en Baja California Sur el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste ha desplegado un comunicado en donde se especifica que en caso de ser aceptados la postulación de beca estará sujeta a los criterios de priorización que determine el Consejo Interno del Posgrado.

El director general del CONACYT agregó que el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) no se vería afectado, pues los ajustes debido al recorte se estaban realizando en inversiones en equipamiento e infraestructura científica y tecnológica. Esta aclaración no calma a nadie; con la reducción de becas otorgadas y la disminución en equipo e infraestructura es claro que los investigadores de centros educativos (los cuales en la mayoría de los casos tienen que dividir su tiempo entre la docencia, la búsqueda de recursos, vida privada y la investigación) se toparán con pared para mantenerse o acceder al SNI.

La comunidad científica se encuentra en incertidumbre, pues parece que las nuevas medidas de austeridad afectarán al corto y largo plazo. La disminución de becas incentiva a una disminución de alumnos de posgrado, menor generación de recursos humanos y menor generación de productos científicos como publicaciones, patentes, etc. En México se gradúan 2,939 Doctores en Ciencias al año, la cifra puede parecer alta, pero en realidad el número se vuelve deficiente cuando lo comparamos con los 51,273 doctores graduados en Estados Unidos o los 13,083 de Brasil. Es evidente la necesidad de un esfuerzo sostenido del Gobierno Federal, así como del sector privado, para destinar mayores recursos a la educación en todos los niveles, en especial al posgrado, con el claro objetivo de generar jóvenes investigadores. Esta iniciativa permitiría aumentar los recursos humanos para el manejo del conocimiento científico y dominio del quehacer tecnológico que el país requiere.

Vale la aclaración; aumentar el número de doctores graduados tampoco es la solución. Para generar innovación es necesaria la creación de centros de investigación con vocación científica dedicados al quehacer tecnológico. Con ello se proporcionaría valor agregado intelectual a los bienes y servicios producidos, con lo que se haría palpable el grado de innovación ofrecido a la sociedad. Pensar en una estrategia para el desarrollo de la ciencia y la tecnología en México supone abordar también la cuestión del papel de la universidad; potenciar las capacidades de los centros universitarios de excelencia con los que cuenta una región y pensar estrategias para ampliar las oportunidades educativas de calidad para todos los sectores de la población.

México debe reconocer que no dispone de la ciencia y la tecnología como he­rramienta para el desarrollo inmediato. Para contar con ellas urge adoptar políticas ade­cuadas a corto, mediano y largo plazo, que consideren a la ciencia como una prioridad nacional, donde el acceso al conocimiento generado sea un derecho humano y el Estado sea el principal gerente y promotor.

Para finalizar cito a Juventino Montelongo: “El apoyo económico de los estudiantes que generan conocimiento en ciencia y tecnología es de poco más de 10 mil pesos al mes y contrasta con los sueldos de un diputado, que por lo mínimo, gana 10 veces más que un alumno y a comparación de los resultados que da, queda muy por debajo de una persona becada”.

 

* Sergio Andrade Ochoa es estudiante doctoral del Instituto Politécnico Nacional. Entusiasta de los derechos humanos, la protección del medio ambiente, la ciencia y la tecnología. Miembro activo de Chihuahua en Bici y la Liga Peatonal.

 

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