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    mayo 25, 2015 - 9:02 AM

    Si alguien dijera que un día el equipo de Futbol del Barcelona jugara contra el club deportivo del América en el Estadio Azteca, y que el resultado fuera de 42 a 1, no lo creeríamos. El resultado más contundente en una copa mundial de futbol fue un partido del mundial de España en 1982, donde el marcador quedó 10 a 1. El ganador fue Hungría, y el perdedor El Salvador. El Salvador vivía una cruenta guerra civil ese año y se puede pensar que sus jugadores no estaban precisamente bien entrenados y motivados. Otros pueden pensar que ese no fue partido, sino un entrenamiento del equipo de Hungría, pues combate en realidad no hubo.

    Los acontecimientos donde se dice que el saldo de caídos “en combate” en favor de la Policía Federal el pasado 22 de mayo en Tanhuato, Michoacán, 42 contra 1, es difícil, muy difícil creer que hubo combate. Necesitamos información completa para analizar el suceso.

    Clausewitz dice que la diferencia entre “la guerra” y “el arte de la guerra”, es que la primera tiene como fin borrar del mapa al adversario, aniquilarlo; en cambio, el “arte de la guerra” es algo mucho más elaborado, necesita pensadores estratégicos, “inteligencia”, de los dos tipos, la mental –serenidad, decisiones tomadas fuera del ámbito de lo emocional, como pudiera ser la venganza–, e “inteligencia”, como el arte de conocer al enemigo en sus entrañas con información. El arte de la guerra implica “sometimiento” del adversario, no su aniquilamiento. Vencer al adversario, capturarlo con la mayor parte de sus insumos vivos, para que proporcionen información, para que se transforme en inteligencia, y así poder vencerlo en su integridad.

    Si a los 42 criminales, –que lo son sin duda, pero eso lo debe determinar una autoridad judicial– se les hubiera capturado vivos, ahora los organismos de inteligencia tendrían información mucho más valiosa sobre la composición del Cartel del Jalisco, sobre todo para ir por sus superiores, conocer sus planes de ataque al gobierno y la sociedad, y planear estratégicamente la ofensiva contra ellos como un asunto integral.

    Sabemos del enojo, indignación y sed de venganza de los miembros de los cuerpos de seguridad del Estado contra los criminales del CJNG, el ataque al helicóptero militar fue doloroso y ojalá que nunca se repita-, pero eso no debe obnubilar una verdadera “estrategia de Estado”. Es decir, se debe hacer el “Arte de la Guerra”. Lo peor sería, como dice Clausewitz, que se entrara a una dinámica de acción-reacción;o sea, yo te pego, tu me respondes con una ofensiva superior y así se provoca una dinámica de escalada militar contra el CJNG. ¿Dónde está la inteligencia de los mandos? y ¿dónde está la inteligencia estratégica del Estado mexicano?. No a la venganza, sí a acciones policíacas y militares conforme a derecho.

    Si medimos este enfrentamiento contra el Cartel de Jalisco, ellos van ganando: En abril ellos se aventajaron en la ofensiva simultánea y bien sincronizada: saldo a su favor; el 1 de mayo, el ataque al helicóptero: saldo a su favor; ahora 42 a 1, en su contra. ¿Qué sigue?

    Derechos humanos e inteligencia es lo que se necesita para vencer al adversario. El Estado, teóricamente, es un ente superior, opera con criterios legales y principios éticos. Para todos los mexicanos el CJNG es una gran amenaza, pero sólo se le va a poder someter con inteligencia y Estado de derecho. De lo contrario, tenemos un guerra en puertas con lo que se dice es la organización criminal mejor equipada que opera en México.

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    mayo 25, 2015 - 7:54 AM

    La acción del Estado sólo puede ser pública y apegada a derecho, de otra forma sus acciones serán justamente cuestionadas aun por infractores de la ley. Más de una vez en años recientes las circunstancias y el nivel de violencia y poder de fuego involucrado a ocasionado la reflexión sobre la desaparición de poderes, lo que da paso a la temporalidad extraordinaria de otro marco legal. Este dilema de suma cero preocupa naturalmente a todos pero la no solución al mismo deja a las autoridades y a sus fuerzas policiacas y militares a vivir en el extremo del espacio legal y rebasándolo más de una vez.

    Más en este caso se refiere a la actuación de la policía, la que estaría preparada y con procedimientos de actuación y respeto a los derechos humanos; no es esta ocasión de una fuerza militar obligada por las circunstancias y por las instancias civiles a actuar como policía en asuntos ajenos a su naturaleza. Se trata de policías, por tanto la obligación de apegarse al derecho civil debe de estar en su ADN.

    De nueva cuenta, transparencia y acceso a la información serán fundamentales para entender de que se trató, de otra forma entre reporteros y televidentes de programas forenses las conclusiones y los juicios se establecerán antes que la versión oficial y legal del asunto; lo que no es conveniente ni al Estado ni a la sociedad.

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    mayo 25, 2015 - 7:50 AM

    El viernes pasado la policía federal mantuvo un enfrentamiento con supuestos delincuentes que podrían ser del Cártel Jalisco Generación Nuevo Jalisco (CJNG).Monte Alejandro Rubido, comisionado nacional de seguridad, dijo que la policía batalló con supuestos delincuentes por tres horas. El saldo después del enfrentamiento: 42 supuestos delincuentes y solo un policía federal fallecido.

    Es el último y más violento enfrentamiento en lo que parece ser una guerra declarada entre el CJNG y las fuerzas de seguridad mexicanas. El 1ero de mayo, sicarios del cártel usando un RPG lanzagranadas propulsadas por cohetes tumbaron un helicóptero del Ejército, matando ocho soldados de las fuerzas especiales y un policía federal.

    En abril, el CJNG mató a 15 policías estatales de Jalisco en una emboscada cerca de Puerto Vallarta.

    El gran número de presuntos delincuentes muertos este pasado viernes en Michoacán comparado con solo una baja de la policía ha hecho que muchos analistas y políticos duden de la historia oficial del enfrentamiento.

    Estos analistas apuntan al incidente de Tlatlaya, en el Estado de México, hace un año, cuando el Ejército dijo haber dado de baja a 22 delincuentes en un enfrentamiento, sin la pérdida de un solo soldado. Más tarde, una investigación de Associated Press reveló que muchos de los delincuentes habían sido ejecutados después de rendirse.

    “Que esto se aclare,” pidió el senador Alejandro Encinas del PRD.

    ¿Estamos frente a otro caso Tlatlaya? ¿Se pondrá de nuevo en tela de juicio abusos de derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad de México? ¿Veremos una abierta guerra sin cuartel entre el CJNG y las fuerzas de seguridad del Estado?

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