Los nueve reyes del narco
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Los nueve reyes del narco

Por Redacción Animal Político
26 de noviembre, 2010
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El mapa del narcotráfico se mueve sin parar. Nueve cárteles de las drogas se han fortalecido gracias a sus alianzas con grupos más grandes, en medio de una guerra contra ellos desatada por el gobierno del Presidente Felipe Calderón.

Capos caen pero la violencia continúa. Las escisiones, las venganzas,  la violencia y los ataques contra policías y civiles que se atraviesan en su camino, son las características de su nueva estructura.

En la fisonomía actual del narcotráfico en México, de acuerdo con datos de la Procuraduría General de la República (PGR) y la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), destacan el violento Cártel del Golfo, el de los hermanos Beltrán Leyva, el de Juárez, el de Tijuana, el del Pacífico o de Sinaloa –encabezado por Joaquín “El Chapo” Guzmán-, el de los Amezcua, así como los hasta hace poco pequeños grupos pero que gracias a que se asociaron con los fuertes, han tomado nuevos bríos: Los Zetas, La Familia Michoacana y el Cártel de los Valencia.

Para dar paso a estas alianzas han tenido que registrarse violentas escisiones que obedecen a traiciones, tomas de decisiones contrarias a las del grupo o  a cambios de rutas de la droga que son más convenientes para algunos integrantes de los cárteles.

Una de las separaciones más importantes es la del Cártel del Golfo y parte de su brazo armado, Los Zetas (con formación militar), quienes son pistoleros surgidos del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (Gafe) del Ejército Mexicano.

Estos tomaron tres caminos: algunos siguieron con el Cártel del Golfo -a cargo hasta hace poco de Antonio Ezequiel Cárdenas Guillén, el abatido “Tony Tormenta”-, con operaciones en prácticamente todo Tamaulipas, Veracruz y Tabasco.

Otros más se asociaron con el golpeado –pero por supuesto, no desaparecido- grupo de los Beltrán Leyva, que tiene operaciones en el norte –Sonora, Durango y Nuevo León-, y en el sur y sureste –Guerrero y Quintana Roo-.

El resto entabló una alianza con el Cártel de Juárez, en Chihuahua, y de los Arellano Félix, en Baja California.

El Cártel del Pacífico o de Sinaloa sigue operando con otra serie de asociaciones y fortalecido, entre otras causas, por la gran habilidad como líder del escurridizo –y para algunos protegido por autoridades de muy alto nivel- Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Las autoridades federales reconocen que las alianzas de este cártel operado también por Ismael “El Mayo” Zambada, son con la naciente Familia Michoacana, que tiene dominado al estado de Michoacán junto con otras entidades del centro del país, como el Estado de México y Morelos, y con el grupo de los hermanos Valencia, también asentado en tierra michoacana.

La Federación, que antes se le conocía a la unión entre los cárteles de Juárez –de los Carrillo Fuentes-, del Pacífico –con “El Chapo” a la cabeza- y de los Beltrán Leyva, quedó seriamente dañada con el asesinato, hace seis años, de Rodolfo Carrillo Fuentes y su esposa Geovanna Quevedo Gastélum. De ahí las nuevas asociaciones y parte del recrudecimiento de la violencia.

Los operadores y sus sedes

El Cártel del Pacífico, independientemente de que Guzmán Loera siga operando desde donde se encuentre, es formalmente manejado por Ismael “El Mayo” Zambada desde Culiacán.

Se cree que Guzmán Loera, quien huyó de la cárcel de máxima seguridad de Puente Grande en 2001, tiene dos centros de operaciones en los que no se requiere que se encuentre físicamente: uno en el Distrito Federal y el valle de Toluca, y el otro en Tepic, Nayarit.

Los Beltrán Leyva, en tanto, son dirigidos con sus alianzas con Los Zetas, desde Monterrey.

El Cártel de Juárez tiene varios operadores. Vicente Carrillo Fuentes, hermano del desaparecido “Señor de los Cielos”, tiene su centro de operaciones en la violenta Ciudad Juárez. Desde el Distrito Federal y Cuernavaca despachan Juan José Esparragoza Moreno y Vicente Carrillo Leyva; desde Guadalajara, Eduardo González Quitarte, y desde Cancún, Clemente Soto Peña.

La organización de la familia Arellano Félix planea sus operaciones desde Tijuana, Mexicali, Tecate, Ensenada, El Valle, Mazatlán y Culiacán.

El Cártel del Golfo tiene como centros de operaciones Nuevo Laredo, con Efraín Teodoro Torres, El Efra (apoyado por Jesús Enrique Rejón Aguilar, El Mamito); Miguel Alemán, con Gregorio Sauceda Gamboa, El Caramuela; Reynosa, con Héctor Manuel Sauceda Gamboa, El Karis, y Sergio Castillo Ortiz, El Checo.

En Matamoros estaba a la cabeza Jorge Eduardo Costilla Sánchez, El Coss, pero se cree que hoy el también ex líder zeta será el jefe del Cártel del Golfo tras la muerte de Tony Tormenta.

Sin embargo, en Matamoros son piezas importantes Rogelio González Pizaña, El Kelín, y en Morelia, Carlos Rosales Mendoza, El Carlitos.

La PGR ubica como jefes de operaciones de la organización de los Amezcua Contreras o “Los Reyes de las Metanfetaminas” a Jaime Arturo Ladino Ávila, desde Colima; en Tijuana con José Guadalupe Calderas Gutiérrez, Víctor Manuel Martínez Vizcaíno y Marco Antonio Arcaraz García; Guadalajara, con Telésforo Baltasar Tirado Escamilla y Constantino Tirado Martínez, y Apatzingán con Gerardo Álvarez Vázquez, Alfredo Rodríguez Martínez, Jorge Apolinar Serrano Urías y Humberto Valdez Ramos.

Las traiciones generan violencia

De acuerdo con funcionarios de la PGR, las acciones violentas que vive nuestro país obedecen en gran parte a las traiciones entre los grupos delictivos y no tanto al combate emprendido por el gobierno federal.

Esta situación es el reflejo de las balaceras y ejecuciones en Chihuahua, Tamaulipas, Sinaloa, Guerrero, Nayarit, el Estado de México y Durango.

Hoy, la pelea entre los nuevos grupos y asociaciones van no sólo contra sus propios integrantes sino contra corporaciones policiacas, militares, civiles que transitan en lugares públicos y periodistas o empresas periodísticas.

Los cárteles y sus alianzas:

 Del Pacífico o de Sinaloa 

–         Sinaloa

–         Jalisco

–         Nayarit

–         Chihuahua

–         Quintana Roo

–         Coahuila

–         Estado de México

–         Distrito Federal

–         Michoacán

–         Durango

–         Baja California

–         Chiapas

–         Colima

–         Guanajuato

–         Guerrero

–         Morelos

–         Nuevo León

–         Quintana Roo

–         Sonora

–         Tamaulipas

–         Zacatecas

 De Juárez

 –         Campeche

–         Chiapas

–         Chihuahua

–         Coahuila

–         Distrito Federal

–         Durango

–         Jalisco

–         Michoacán

–         Morelos

–         Nuevo León

–         Oaxaca

–         Puebla

–         Querétaro

–         Quintana Roo

–         Sinaloa

–         Sonora

–         Tabasco

–         Tamaulipas

–         Veracruz

–         Yucatán

–         Zacatecas

 Del Golfo

 –         Tamaulipas

–         Veracruz

–         Tabasco

–         Aguascalientes

–         Querétaro

–         Guanajuato

–         Zacatecas

–         Chiapas

–         Distrito Federal

–         Campeche

–         Jalisco

–         Michoacán

–         Nuevo León

–         Oaxaca

–         Quintana Roo

–         Sinaloa

–         Yucatán

 Beltrán Leyva y Los Zetas

 –         Chihuahua

–         Coahuila

–         Tamaulipas

–         Distrito Federal

–         Durango

–         Morelos

–         Sinaloa

 De Tijuana (Arellano Félix)

 –         Baja California

–         Baja California Sur

–         Chiapas

–         Chihuahua

–         Distrito Federal

–         Estado de México

–         Jalisco

–         Michoacán

–         Nayarit

–         Oaxaca

–         Puebla

–         Quintana Roo

–         Sinaloa

–         Sonora

–         Zacatecas

 La Familia Michoacana

 –         Michoacán

–         Estado de México

 De Armando Valencia

 –         Nuevo León

–         Tamaulipas

–         Jalisco

–         Colima

–         Michoacán

–         Distrito Federal

 Hermanos Amezcua Contreras

 –         Michoacán

–         Jalisco

–         Aguascalientes

–         Nuevo León

–         Baja California

–         Baja California Sur

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Día de Muertos: de dónde viene la relación especial de México con la muerte

Mientras en muchos lugares el Día de Muertos está marcado por lágrimas y tristeza, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos.
1 de noviembre, 2020
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“El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida”.

Pocas frases como esta de Octavio Paz definen mejor la postura que los mexicanos mantienen ante la muerte y de la que presumen con tremendo orgullo cada año en el Día de Muertos.

Mientras en buena parte del planeta esta fecha está marcada por la tristeza y las lágrimas, en México se rodea de un halo de fiesta y color, de celebración a la vida y de reencuentro con los difuntos que se cree que regresan a nuestro mundo por un día.

Y lejos de perder fuerza con el paso de los años, esta particular manera de celebrar el Día de Muertos va pasando de generación en generación. Como en el caso de Gabriela Luna, una joven de Ciudad de México que asumió esta tradición tras la pérdida de su abuela materna.

“Ella ponía un altar gigante, así que cuando se va, yo asumo la tradición que ella me enseñó y le dedico la ofrenda cada año. Para mí es una forma de no perder una costumbre en la que siento que los que no están, me acompañan”, le dice a BBC Mundo.

Gabriela Luna

GABRIELA LUNA
Gabriela comenzó a colocar cada año su altar de muertos tras el fallecimiento de su abuela materna.

“Sin duda genera una identidad para nosotros los mexicanos, porque muy en el núcleo de esta práctica se encuentra nuestro código principal: la familia”, asegura esta artista del modelado de lana.

La pandemia de covid-19 limita esta vez las tradicionales visitas a cementerios y panteones de México por parte de familiares que, cada año, comparten con quienes ya no están su comida y música favoritas.

También impedirá los clásicos desfiles donde la catrina, la icónica calavera sonriente popularizada por Diego Rivera, era su mayor símbolo.

Se trata de un Día de Muertos lleno de misticismo que provoca curiosidad y fascinación a partes iguales en el resto del mundo… aunque también confunde a quienes les cuesta comprender esta posición de los mexicanos ante la muerte.

Día de celebración, no de tristeza

Para entender el origen de esta relación hay que retroceder hasta la Mesoamérica de hace miles de años. Algunos de los pueblos originarios organizaban fiestas para guiar a los muertos en su recorrido al Mictlán, el inframundo de la mitología mexica.

Cementerio en Mexico

Getty Images
Las luces, colores, música y comida favorita de los fallecidos inundan cada año los cementerios de México.

Otros disponían altares con ofrendas para recordar a los muertos y se colocaban cráneos como símbolos de la muerte y el renacimiento.

Según una antigua leyenda, Quetzalcóatl -el dios en forma de serpiente emplumada- bajó al inframundo y depositó su semen sobre unos huesos molidos para dar vida al ser humano, por lo que para aquellos pueblos los restos de huesos simbolizaban de cierto modo la semilla de la vida.

Porque, sin lugar a dudas, si había un mensaje central en estas celebraciones del culto a los muertos era la creencia de que sus almas acaban por regresar al mundo de los vivos.

Así que, ¿por qué asociar el Día de Muertos con la tristeza si, según la cosmovisión indígena, es precisamente el día en que quienes se fueron de nuestro lado nos vienen a visitar?

Pan de muerto

Getty Images
Los mexicanos esperan ansiosos seta época del año par disfrutar del tradicional pan de muerto, que simula tener unos huesos en la parte superior.

Para ellos, la muerte no era otra cosa que un símbolo de la vida que se representa en el altar ofrecido a los difuntos.

Miles de años después, millones de hogares mexicanos siguen colocando con sumo cariño y detalle sus altares en los que se combinan multitud de símbolos, comida, papel picado y fotos de personas fallecidas.

Es precisamente este recuerdo de quienes ya no están lo que permite -junto a la ayuda de las velas y de la olorosa flor de cempasúchil- que las almas de los difuntos encuentren el camino de regreso a casa para convivir con la familia y disfrutar de los alimentos dispuestos en los altares en su honor.

“Es una gran fiesta quizá equiparable a la Navidad de Europa. Es fiesta porque está ese recuerdo de los muertos que regresan. Incluso hay leyendas sobre familias que no ponen ofrenda, y los muertos vienen a recordarles que lo hagan”, dice Andrés Medina, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

La influencia española

Pero la llegada de los españoles a México influyó radicalmente en la celebración de su Día de Muertos.

Por ejemplo, fueron ellos los que hicieron coincidir la fiesta de los muertos de los indígenas -que duraban dos meses- con las celebraciones católicas del Día de Todos los Santos y los Fieles Difuntos (1 y 2 de noviembre).

Desfile por el Día de Muertos en Ciudad de México.

AFP
Aunque el Día de Muertos en México se concentra actualmente en el 1 y 2 de noviembre, las celebraciones tradicionales se prolongaban por dos meses.

En la actualidad, el Día de Muertos mexicano es el resultado de una mezcla de estas dos culturas, de tradiciones precolombinas y católicas.

Aunque a juzgar por lo diferente que son hoy en día las celebraciones en México y España, pareciera que la primera cultura pesó mucho más que la segunda.

Para el escritor y antropólogo Claudio Lomnitz, una de las razones es que el “proceso de modernización” de los rituales sobre la muerte que sucede en Europa y parte de América desde el siglo XVIII no tuvo el mismo efecto en México, que ya se acercaba al final de su etapa colonial.

“España ya entraba en guerra en Europa y la Corona tenía problemas financieros como para preocuparse de esto”, le dice a BBC Mundo el autor de “Ideas de la muerte en México”.

“Además, en México la presencia de la Iglesia -sobre todo en el siglo XIX, pero también antes- era menos fuerte que en España, por lo que el culto popular pudo florecer mucho más al estar menos dominado por el clero”, agrega.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil no puede faltar en los altares de muertos en México.

Esta postura ante la celebración continuó aún después de la independencia de México.

“Incluso los liberales como Benito Juárez, que eran muy anticlericales y contrarios a estos rituales que consideraban supersticiosos, acabaron por aceptar esta celebración diciendo que era una fiesta popular nacional y evitando su asociación tan cercana con la Iglesia”, dice el experto.

Lo inédito de la celebración mexicana

Algunas de estas tradiciones del culto a los muertos no son, sin embargo, exclusivos de México: algunas también se pueden encontrar cada Día de Muertos en lugares de Bolivia, Perú, Colombia o parte de Centroamérica, entre otros.

Lo que sí hace único el caso de México es cómo “nacionalizó” con orgullo estas costumbres como símbolo del país.

Mural de Diego Rivera

Getty Images
Aunque la Catrina fue mundialmente popularizada por Diego Rivera, el origen de este personaje es la Calavera Garbancera, una figura creada por el caricaturista José Guadalupe Posada.

“En otros países son costumbres folclóricas o pueden verse como algo pasado de moda. Durante años, se inhibió la celebración de muertos por considerarla no moderna o contraria a los valores liberales”, dice Lomnitz.

“En cambio, en México la fiesta creció enormemente. Solo aquí hubo una elaboración cultural de esto como algo que reflejara el espíritu colectivo nacional, es único en esto”.

Y ese nacionalismo fue más exaltado a partir de un episodio clave en la historia del país: la Revolución Mexicana.

“Aparte de la tradición de los pueblos, llegó la promoción de un gobierno con afán de reproducir un discurso nacionalista muy fuerte”, opina Medina, quien celebra que se siga conmemorando este día aunque lamenta que parte de la población no conozca realmente su significado.

“En el Día de los Niños Muertos (1 de noviembre) hay lugares donde grupos de niños van de casa en casa pidiendo su calaverita como ofrenda, un dulce. Ellos representan a esos niños muertos que regresan para esos días, aunque quizá ni lo sepan y para la gente haya perdido esa idea”, le dice a BBC Mundo.

¿Qué refleja esto de los mexicanos?

Para Lomnitz, esta visión ante la muerte refleja la estrecha relación de los mexicanos con sus difuntos. “No con la muerte en general, sino con sus fallecidos”, subraya.

Y por otro lado, cree que pone de manifiesto una sensibilidad y sentido del humor macabro muy especial que el país muestra, por ejemplo, a la hora de utilizar la muerte para hacer críticas político sociales a través de los textos conocidos como “calaveritas literarias”.

El propio André Bretón, el teórico francés considerado padre del surrealismo, calificaba a México como la patria del humor negro por sus numerosas costumbres que concilian la vida y la muerte.

Sin embargo, los expertos niegan que esta celebración suponga que México se burla de la muerte o que no recibe con pena y dolor cuando llega este momento de la vida.

“La celebración de muertos no significa que los mexicanos no tengan miedo a la muerte. Más bien es la alegría porque los muertos regresan. Pero creo que ha habido una malinterpretación, una lectura superficial de nuestra fiesta”, explica Medina.

Imagen de la película "Coco" de Disney Pixar (Foto: Disney Pixar)

BBC
La película “Coco”, de Disney Pixar, popularizó la tradición mexicana del Día de Muertos en medio mundo. (Foto: Disney Pixar)

Esa idea en parte se tiene también en los muchos países en los que el Día de Muertos mexicano se ha hecho muy popular en los últimos años.

Georgina Larruz, mexicana de 30 años que estudia en Rusia , le tuvo que explicar a sus alumnas de español que esa celebración que conocieron en buena parte (como millones de personas en el mundo) gracias a la película animada “Coco” es mucho más que diversión, canciones y alcohol.

“Es una fiesta que nos une como comunidad, y. el hecho de yo poner aquí mi ofrenda, a miles de kilómetros de casa, te hace sentir esa conexión con tu familia, con tus muertos y, en definitiva, con lo que eres”, le dice a BBC Mundo desde Moscú.

Atar de Georgina Larruz

GEORGINA LARRUZ
A Georgina le tocó recurrir a productos rusos para elaborar su pequeño altar de muertos en su residencia estudiantil en Moscú.

Desde Ciudad de México, Gabriela Luna coincide en lo satisfactorio que es pensar que hay un puente gracias al cual, los familiares fallecidos regresan este día “honrándonos y acompañándonos”.

“Ya solo en virtud de eso, me parece que nosotros deberíamos seguir preservando esos colores, que además nos hacen a los mexicanos tan característicos y tan únicos en el mundo”, afirma orgullosa.

Tras la celebración de este atípico Día de Muertos, tendrá que pasar otro año hasta que los recuerdos en la memoria de los vivos en México vuelvan a lograr el regreso, al menos por unas horas, de las almas de sus difuntos.


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