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El Maizo, una mitología muy propia de México
Por Redacción Animal Político
17 de diciembre, 2010
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Dicen que en las montañas de Guerrero cayó una maldición de los cielos. Los habitantes de la tierra del Tlacolol sobreviven a una sequía que parece infinita impuesta por la Reina de las Nubes y sus Lloronas. La sequía azota el poblado. El sol arrasa todo el sembradío de maíz y frijol. El hambre entierra a niños, mujeres y hombres del hacendado. Los animales son esqueletos al aire libre.

Un día, El Maizo, líder de los Tlacololeros, no soportó ver morir a su gente y en una batalla sangrienta mató al hijo de las Lloronas, que fue un regalo del diablo para que dejaran de lagrimear. En su lógica terrenal, El Maizo sabía que la muerte del chamaco generaría tristeza entre las Lloronas y regresaría el agua de las nubes al pueblo marchito.

Las Lloronas que, con su llanto alimentaban a los nubarrones, se olvidaron de sollozar al tener por fin a su vástago, estaban felices. Cuentan los viejos que las Lloronas eran mujeres que murieron en parto y por eso todas las noches se lamentan gritando “Aayyyyy mis hijooooos”.

El Maizo intervino en el ciclo de la vida y alteró el mundo de los vivos y los muertos. Su decisión de eliminar al vástago repercutirá en la vida de los Tlacololeros, palabra mexica “tlacolol”, que alude a las milpas inclinadas en los montes, donde el campesino debe enfrentar también a animales y fieras dañinos para los sembradíos.

Esta es la trama de El Maizo. La maldición del vástago, de Augusto Mora, ganador del 1er. Premio Nacional de Novela Gráfica, que otorgó en noviembre pasado Editorial Jus, y que compartió el galardón con Patricio Betteo y su obra Mundo invisible.

En las calles de Chichihualco, un pueblo que se ubica a 40 kilómetros al noroeste de Chilpancingo, Guerrero, se inspiró Augusto Mora para crear y recrear el mundo de los Tlacololeros, su danza y sus cantos: “Éste es el Tigre, afamado Maizo/ que bajó por aquel cerrito/ gran susto le fue a pegar/ al señor del tamborcito/ Este señor asustado, Maizo/ me ha venido a suplicar/ que cuando el Tigre lo agarre/ un son le ha de tocar”. Se escucha del más antiguo baile popular de Guerrero, que fusiona elementos prehispánicos dentro de su génesis mestiza.

¿Cómo surgió el proyecto de El Maizo?

El Maizo lo empecé a trabajar desde hace tres años. Lo primero fue comenzar a escribir un guion de unos personajes fantásticos que tenían que ver con las nubes, eran como guerreros que cazaban nubes. En el proceso de estar documentando y leyendo, me encontré con una danza tradicional mexicana en el estado de Guerrero, en la zona centro lo que es Chichihualco, Zumpango, Chilpancingo. Esta danza como que tenía mucho que ver con la historia que venía haciendo. Tomé algunos elementos para empezar a definir a los personajes, muchos están basados en tradiciones mexicanas y mitología prehispánica. Fue una mezcla de conceptos de religión indígena y mestiza.


¿Cómo definirías a la novela gráfica El Maizo?

Es una novela de fantasía épica. El Maizo es un personaje que se tiene que enfrentar a sus deidades, en una especie de rebeldía, porque le parece que es muy injusto el trato que le dan los dioses a los mortales. Es un relato fantástico, no es fantasía como la conocemos en El señor de los anillos o fantasía que tiene que ver con mitología nórdica o celta. Es una mitología muy propia de México.

¿Qué nos puedes decir de El Maizo?

Es el personaje principal. El nombre lo tomé de la danza de los Tlacololeros, es el líder del grupo. Esta danza representa un acto petitorio de lluvias a los dioses. Los Tlacololeros son campesinos que tienen que ir a cazar a un tigre que está mermando el ganado y los cultivos.

A parte de los Tlacololeros, ¿existen personajes en El Maizo de la vida real?

Todavía no. Lo que pasa es que esta historia de El Maizo es una primera parte, que la empecé a escribir antes de conocer a  los poblados de Guerrero. La segunda parte ya incluye un poco más de estas comunidades. Por ejemplo, hubo una familia en el municipio de Zumpango que me abrió las puertas de su casa y pude conocer más a fondo sus raíces, conocí a muchos amigos que practicaban la danza de los Tlacololeros, me enseñaron sus trajes y máscaras, están muy orgullosos de lo que son.

El Maizo. La maldición del vástago, es una historia que rescata las tradiciones del sureste mexicano, ¿por qué abordar estos temas?

Me apasiona nuestra cultura. Comencé a ver este tipo de danzas y definí a muchos personajes para realizar una historieta fantástica. En México existen personajes que no conocemos, muchas veces como turistas vamos a lugares, observamos a la gente, le sacamos fotos y no sabemos qué significa. Releer nuestra cultura tiene muchos caminos y me pareció muy rica la cultura prehispánica para hacer una historia fantástica.

Este gusto por lo mexicano, ¿de dónde surgió?, ¿de tus padres, abuelos?

La verdad no sé, me ha gustado desde siempre. Mi abuelo era dulcero, hacía dulce tradicional y también hacia Judas de cartonería, esos que se queman en Semana Santa y los vendía en La Merced. De niño escuchaba historias de mi abuelo artesano, igual por ahí viene un poco de gusto por las tradiciones mexicanas. Además, mi madre es historiadora y siempre nos enseñó arte mexicano y cosas de ese tipo, igual de ahí viene esa influencia.

En el proceso creativo de El Maizo, ¿ocurrió algo fantástico en su elaboración?

Cuando vi esta danza por Internet dije ‘Tiene mucho que ver con mi historia y la puedo retomar’. Buscando documentos chequé más a fondo la danza de Los Tlacololeors y ese amigo de la familia de Zumpango era un lector asiduo de mi trabajo que publicaba en la revista Mad, el chavo era superfan. Me contactó por correo electrónico y entonces salió la coincidencia de que él vivía en Zumpango y allí se realizaba la danza. Él conocía a la gente que la practicaba y fue una coincidencia rara, fueron señales divinas que no me atreví a desecharlas.

Escribir dibujando

El cómic pudo ser considerado para analfabetas, pero en estos tiempos de la inmediatez es un bastión alfabetizador. La evolución del cómic es sorprendente, ahora pasa a las librerías como novela y a los museos como arte. Es la forma precisa para entender nuestra realidad-ficción. Y es el lenguaje que Augusto Mora, autor de El Maizo. La maldición del vástago, usa para expresar sus sueños y contar sus historias.

Desde chico le gustó dibujar. Desparramaba sus lápices de colores y sus cuadernos y creaba naves espaciales, nubes con formas humanas, criaturas cósmicas y de ultramar. En la primaria y en su casa todos admiraban su facilidad para dibujar cosas irreales. “Se necesita tener un don trabajado, es decir, debes practicar y ser disciplinado. Si me hubiera quedado con los comentarios de mi niñez no hubiera logrado nada. Es tener ese deseo de dibujar mínimo 10 horas diarias. Juntarse mucho con gente del medio para recibir consejos y críticas”.

¿De dónde viene esta tradición del dibujo? ¿Había cómics en tu casa?

No sé quién más haya dibujado en mi familia. A mí hermano le gustaban mucho los cómics. Me acuerdo que mi mamá leía mucho a Rius y teníamos todos sus libros, creo que siempre he sido muy lector de Rius. Mi hermano compraba la Mad, nos gustaba ponernos a dibujar cómics y hacíamos parodias tipo Mad, historias propias. Luego empecé a comprar mis cómics de superhéroes, los Hombres X, Batman, Spiderman, que eran los que consumía en la primaria.

En cierto modo, el dibujo sacó a Augusto Mora para siempre de las aulas escolares. Quiso estudiar una carrera universitaria pero no le convenció ninguna. Se sintió más cómodo trabajando como freelance los miércoles en el Ángel exterminador de Milenio diario por el año 2001. “La experiencia de publicar y entrar a escuelas sin sentirme a gusto, me permitió decidirme por una formación autodidacta. Estaba en las revistas Día Siete, La Mosca, publique para editorial Premier y realicé ilustraciones en libros de texto para Santillana. Entonces prácticamente era escoger entre el trabajo y hacer la tarea”.

¿Cuál es la diferencia entre el cómic y la novela gráfica?

Prácticamente el lenguaje es el mismo. Los tipos de formato son distintos, uno es el formato cómic book, que nació en Estados Unidos, que es una recopilación de las tiras que hacían en los periódicos. El cómic es una entrega, una serie de varios números. Hay serie que pueden durar cinco números o que son infinitas como Superman, el Hombre Araña. La novela gráfica es mas bien una historia completa en formato libro, puede tener secuelas pero por si sola es una historia completa. La novela gráfica aborda temas más serios, son un poco dirigidos a un lector adulto. La novela gráfica está a la misma altura que una novela literaria.

¿Cómo definirías tu estilo visual?

Cada dibujante tiene un estilo propio, cada quien tiene su personalidad. Puedes tener influencias, inspirarte en algunos autores pero tu personalidad es única. Existen tantos estilos como dibujantes. Obviamente sí hay géneros, puede haber historieta más cómica, obscura, de terror, pero al fin de cuentas creo que el estilo hace al autor, al dibujante. Mi estilo tiene  muchas influencias del Taller de Gráfica Popular, gente como Leopoldo Méndez, Posada, del muralismo mexicano. Sobre todo mi estilo es muy colorido.

¿Quién es el mejor en el mundo de la historieta? ¿Quién  puso las bases de la novela gráfica?

Hay muchos ídolos como Edgar Clement, que es uno de los historietistas que se aventaron a hacer novela gráfica en los noventas, su novela Operación Bolívar se puede considerar como la primera novela mexicana publicada por una editorial. Admiro el trabajo de Bachan, me gusta Tony Sandoval, que él ha trascendido fronteras, él está viviendo en Europa y sus novelas se están publicando allá. Es lo que aspiro como dibujante, publicar aquí y allá. A nivel internacional me encanta Mike Mignola, creador de Hellboy, y Paco Roca, un dibujante español muy agridulce.

¿Te sorprendió ganar el 1er. Premio Nacional de Novela Gráfica?

Cuando entré al concurso lo hice con la intención de ganarlo, ‘quiero ganar y tengo el deseo de ganar y voy a poner todo de mi parte para lograrlo’. Muchas veces uno entra a concursos y por casualidad se gana. En este concurso de Editorial Jus sí tenía la intención de llevarme el premio, quería publicar la historia de El Maizo en algún lado. Cuando recibí la noticia me emocioné mucho. Cuando me enteré que compartía el premio con Patricio Betteo me dio gusto porque siempre admiré su trabajo y además es una excelente persona.

¿En qué novela trabajas ahora?

Ahorita ando con la segunda parte de El Maizo, en su segundo episodio. Estoy publicando en la web cómic que se llama Muerte querida, son personajes que publicaba en Mad y que aparecían en El Chamuco.

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